El misterio de San Gabriel

En el municipio de Ixtlahuacán se encuentran las Grutas de San Gabriel, sitio de gran belleza natural.

Mario CASTILLO DERBEZ | Domingo 15 de Abril del 2018 7:41 am
Hace casi 60 años, un grupo de jóvenes descubrió la entrada que conduce a la bóveda subterránea, tapizada de estalactitas en sus paredes y techo. Crédito: Mario CASTILLO DERBEZ

IXTLAHUACÁN, Col.- Este municipio tiene majestuosos paisajes dignos de visitar, pero de entre todos, sobresale uno que se encuentra en sus entrañas, lleno de magia y misterio: Las Grutas de San Gabriel, sitio de gran belleza natural y un imán para exploradores.

Para llegar a estas grutas es necesario arribar a Ixtlahuacán, tomando un sendero empedrado que se encuentra junto al arco de entrada a la cabecera municipal; de ahí, se sigue el camino hacia el sur que consta de 15 kilómetros de accidentada terracería, ascendiendo poco a poco de altura y vislumbrando enormes áreas de sembradíos de papayas, tamarindos y platanares; disfrutando de paisajes espectaculares que a lo lejos dejan ver las serranías purépechas. Luego, se llega a San Gabriel, un pueblo aislado, casi en la cima del cerro Teoyostoc, y a tan sólo 800 metros más adelante está la entrada a este mágico sitio, que poco a poco se ha ido adecuando para comodidad de los visitantes.

 

LUGAR ÚNICO

 

Por obvias razones, las grutas pueden pasar inadvertidas, sólo un par de pequeños letreros y una palapa de construcción escueta, avisan que se ha llegado al lugar indicado. El sitio tiene un paisaje único. Se asoman del piso rocas filosas de todos tamaños en tonos grisáceos y algunas con fragmentos de cuarzo rosa, contrastando con el suelo rojizo y lleno de hojas secas.

La entrada a las grutas está a unos 30 metros al pie de la carretera, tomando un sendero delimitado por piedras en una parte y piso de concreto en otra. Y ahí se encuentra un enorme hoyo de más de 7 metros de metros de diámetro y más de 20 de profundidad en caída libre; en la parte más centrada, una escalera metálica de caracol, con la entrada desde la orilla.

Mientras se va descendiendo por las escaleras, una húmeda frescura que poco a poco se vuelve más intensa, arropa a los paseantes; la luz empieza a ser más escasa y una radiografía de las rocas del lugar se vislumbra alrededor. Al llegar al fondo y mirando hacia arriba, se puede ver una cúpula de luz como única entrada a las profundidades de la tierra, lo que sugiere que no es apta para claustrofóbicos. Pero el camino no termina ahí, a un costado de este gran hoyo, hay una reja de metal, delimitando la entrada de un agujero en el piso de no más de 1.5 metros de diámetro que lleva a un lugar aún más profundo.

El descenso en esto hoyo es un poco más complicado, pero más rápido, se baja a una profundidad de no más de 3 metros por una escalera metálica que está sujeta a las rocas. Finalmente, postrando los pies en el suelo firme y volteando la mirada hacia atrás se encuentra este lugar increíble. La bajada de las escalinatas conlleva a la parte alta de las Grutas de San Gabriel, y la vista desde este punto es fantástica: una gran cámara de 30 metros en su lado más ancho y más de 20 de altura, completamente tapizada en su techo y sus paredes por miles de estalactitas de todos tamaños, unas tan grandes, que prácticamente llegan al suelo.

El orificio por donde se ingresa a la cámara ya no es tan visible, y desde ahí se tiene que descender aún más para llegar hasta el fondo por un gran cúmulo de rocas y escombro a manera de escalinata, que está desde la pequeña entrada hasta el piso firme del lugar.

La poca iluminación matiza el ambiente misterioso, por lo que no se puede visualizar la parte más alta de la bóveda que, por tanto, permanece en el anonimato; sólo se ven enormes espinas de calcita emerger desde la oscuridad. Desaparece el ambiente frío de metros arriba y entonces una sensación de humedad sofocante invade el lugar. El cambio de clima es drástico.

La gruta es testigo de la transformación de la naturaleza por grandes periodos de tiempo, ya que se estima que para crecer 2.5 centímetros se precisan entre 4 mil y 5 mil años, por lo que al estar en este sitio, surge la gran incógnita de cuánto pueden llegar a conseguir los caprichosos cambios de la naturaleza conforme pasan los siglos.

 

EL DESCUBRIMIENTO

 

Casi todas las cuevas en el mundo han sido descubiertas por mera casualidad y estas grutas no son la excepción. Hace casi 60 años, un grupo de jóvenes salió de cacería y en su recorrido por esta zona se topó con la cavidad de más de 7 metros de diámetro, siendo ésta la cueva que conduce a la bóveda subterránea y haciendo posible un hallazgo que convertiría este sitio en un lugar icónico para los ixtlahuaquenses.

Gracias a ese afortunado accidente, tenemos hoy en día un lugar increíble para visitar, pero surgen las preguntas: ¿será la única?, ¿habrá más grutas, más cuevas por descubrir en la zona?

Pero las grutas son propiedad privada. Angelina Cisneros y su esposo Rogelio García, son los dueños de este patrimonio invaluable que adquirieron hace menos de 20 años, cuando compraron la parcela a bajo costo.

Debido a que el acceso era sumamente complicado, Rogelio se encargó de acondicionar la boca de la gruta con las escaleras de caracol, luz eléctrica y la puerta de entrada, para ofrecer a los turistas un lugar seguro y cómodo.

Angelina Cisneros, quien es una de las personas que acompaña a los visitantes a las profundidades de la tierra, relata que personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) visitó las grutas hace aproximadamente 2 años, para hacer una valoración. Como resultado, los expertos afirmaron que se encuentran tres cámaras más, debajo de la actual gruta, que no han sido exploradas, por lo que el potencial espeleológico es aún más grande de lo que se pensaba. Ahí hay más misterio por descubrir.


TEMAS: Reportaje Editorial

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