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Letras y Números



JOSÉ ÁNGEL BRAMBILA LEAL

Tragos amargos


Lunes 09 de Julio de 2018 8:13 am


AUNQUE desde semanas antes de la elección ya se vislumbraba que el triunfo de “ya sabes quién” traía trazas de tsunami, los que a partir del domingo somos “los otros”, no nos queríamos tragar esa realidad, y buscábamos el escape en que si las encuestas ya no eran confiables, que los indecisos no votarían por Andrés Manuel, que el PRI debía traer un plan secreto, que si encontraban o no a la mamá de Luis Miguel, y hasta que los muchachos de la Selección influirían en el ánimo nacional.

Ahora, debemos reconocer que todo eso eran necedades, patrañas, puras paparruchadas. Fake news, dirían los muy modernos. La verdad es que no hay más ciego que el que no quiera ver, y hoy, millones de mexicanos que pensábamos en otra opción, estamos como alelados, todos turulatos ante esta humillación histórica que ni en los tiempos priistas del carro completo nos habían enjaretado.

Y aquí estamos, “dizque los analistas políticos”, tratando de explicar lo inexplicable; como si esa explosión política tuviese algún razonamiento, justo cuando vemos a muchísimos políticos tradicionales caminando como autómatas y probando en cada saludo su triste realidad, sin que ellos mismos puedan desenmarañar el misterio de quién fue el culpable de la derrota del 1 de julio.

¿Quiénes fueron los derrotados? La respuesta es contundente: ¡Todos los partidos políticos! La gente demostró su hartazgo hacia las instituciones políticas del país y votó, no por Morena, partido con quien no las ata ninguna identificación, sino por un personaje simbólico que los fue llevando paso a paso a la fascinación, a la certidumbre de que él es la única verdad, el único ser humano capaz de liberarlos de un sistema político decadente, decrépito, corrompido, que debe desaparecer.

Hace tan sólo 6 años que el candidato Enrique Peña Nieto recorría el país, generando olas de entusiasmo en cada plaza, donde miles de ciudadanos se arremolinaban a su alrededor queriendo tocarlo, y las mujeres eran seducidas por la cara bonita del frívolo aspirante, provocando los gritos de “papacito” y las frases chuscas, ridículas, escudadas en el anonimato.

Bastó un sexenio para que ese hombre salga de Los Pinos como el ex presidente más detestable de la historia, porque, a diferencia de José López Portillo, que pudo entregar el poder a otro priista, el todavía Mandatario de la Nación ha sido terriblemente reprobado en las urnas y será difícil que él y su familia puedan transitar libremente por el país sin ser insultados, aun por sus propios correligionarios.

Quedan para el análisis muchos hechos y situaciones que hoy todavía no han sido digeridos ni valorados en su justa dimensión, que trastocarán de forma trascendental todas las estructuras de gobierno. Por primera vez en la historia, el PRI perdió todos los distritos electorales y sólo tendrá dos o tres diputados plurinominales de los 25 que conforman el Congreso local.

El Gobernador se ha quedado huérfano, y eso no es una buena noticia para quienes habitamos en este querido estado. Con un Congreso totalmente adverso, lleno de políticos inexpertos que verán moros con tranchete en cada acción del Gobernador, senadores ajenos a su partido como Joel Padilla, Gris Valencia y Gaby Benavides, que carecen de la más mínima experiencia en ese ámbito y que, además, sin relación alguna con el nuevo secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, a José Ignacio Peralta Sánchez sólo le quedará la alianza con los demás gobernadores del país y la relación que establezca con el nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Lo bueno de lo malo es que José Ignacio Peralta, en eso de las relaciones, nada como pez en el agua. Por Colima, deseo que al Gobernador le vaya bien. Por México, deseo que al presidente Andrés Manuel le vaya bien. ¡Son tiempos de cambio!

PD. ¿Gusta opinar? Lo espero en Las Mentadas.

 

jbrambilaleal@yahoo.com.mx