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Despacho político



ARMANDO MARTÍNEZ DE LA ROSA

Viajero interrogado


Martes 10 de Julio de 2018 8:51 am


ESTUDIABA en el Distrito Federal y un día que me largó el autobús (mal de familia, Armando), compré un boleto a Guadalajara para, en llegando, abordar un camión a Colima. Comenzaban las vacaciones y me urgía llegar a mi ciudad.

Al lado, viajaba una joven platicadora (soy mal conversador) que me interrogó apenas el autobús se puso en marcha.

Ya alguna vez la policía de la capital del país me había detenido para interrogarme por unos volantes de propaganda política que repartía un domingo. Ni los gendarmes, que pronto me dejaron ir, me preguntaron tanto como la fugaz compañera de viaje, que probablemente sea hoy reportera, agente de la CIA o telefonista en un call center.

¿A dónde viajas? (El autobús decía claramente, al frente, Guadalajara, y ella era pasajera también.) ¿Cómo te llamas? ¿Estudias o trabajas? ¿Cuántos años tienes? ¿Qué deportes practicas? Y así, en esa tesitura se sostuvo la cantaleta. Por educación y un esfuerzo de paciencia, contesté cordialmente a cada interrogación, con la esperanza de satisfacer su curiosidad y me permitiera dormir en el trayecto a la capital tapatía. Uno de los últimos cuestionamientos me dejó perplejo. -¿De dónde eres?- -De Colima- -Ah, Colima. ¿Colima queda a un lado de Coahuila?-.

Un ciclón de ideas, imágenes, palabras dio vueltas en mi cabeza sin que pudiera asir alguna a modo de respuesta. Me impactó tanto su pregunta que no atinaba a responderle. -¿Pensará esta muchacha que el mapa de la división política del país se elaboró por orden alfabético? ¿Creerá que Zacatecas hace frontera con Guatemala o que Aguascalientes tiene garita para pasar a San Diego?

Opté por lo más cordial y caballeroso. Y le conté: Colima está en el occidente, a 250 kilómetros al sur de Guadalajara, tiene una costa de más de 110 kilómetros, dos volcanes, aunque uno está –prestado– en Jalisco. Es uno de los estados más pequeños del país. Por contraparte, es el primer productor mundial de limón y mineral de hierro. Está entre los primeros cinco lugares nacionales en producción de copra, plátano, arroz y azúcar de caña.

Si esa joven me hubiese preguntado hoy sobre Colima, le habría dicho que más allá de las cifras criminales, nuestro pequeño estado es además uno de los principales exportadores de atún enlatado, de berries (pequeñas bayas como zarzamora, frambuesa y arándano). Es el más importante generador de energía eléctrica del occidente, de modo que abastece de electricidad a estados como Jalisco, Nayarit, Sinaloa y Sonora desde la planta termoeléctrica de Manzanillo.

Más de 2 millones de contenedores –y en poco tiempo serán 4 millones– se manejan cada año para exportaciones e importaciones por el puerto de Manzanillo, el más importante del país y el quinto en Latinoamérica.

En la porción que a Colima corresponde de la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán, la conservación permite la recuperación de muchas especies de flora y fauna silvestre, entre las que destacan el puma y el jaguar. Ahí también, el trabajo de científicos permitió el descubrimiento de una especie endémica de ajolote, que ya ha sido catalogada en los registros de biodiversidad.

Otra gran Reserva de la Biosfera se ha decretado en el archipiélago de Revillagigedo, el territorio nacional más alejado del continente, que es tierra colimense resguardada por una base de la Secretaría de Marina. Ahí también hay un volcán activo nuestro, el Everman.

En la ciudad de Colima, tenemos, recién restaurado, uno de los teatros más hermosos del país, el Hidalgo, edificio histórico que cuidamos con justificado celo. Se destacan por su obra plástica artistas como Alfonso Michel, Mercedes Zenorina Zamora, Alejandro Rangel Hidalgo; así como los contemporáneos, Gabriel de la Mora, Javier Fernández, y los colimenses por adopción Gil Garea y Sara Vincent, y muchos jóvenes que comienzan a destacar, como Reina Michel y Heliodoro Santos, entre otros.

Le habría contestado a la joven: Tú aprendiste a leer gracias al método onomatopéyico creado por un colimense, Gregorio Torres Quintero, con el cual han aprendido la lectoescritura millones y millones de mexicanos.

Nuestros escritores viejos son: Balbino Dávalos, Agustín Santacruz, Manuel Sánchez Silva, Rafael Macedo y Gregorio Torres Quintero; más recientes, Víctor Manuel Cárdenas, Guille Cuevas, Verónica Zamora, Sergio Briceño, Melquíades Durán, Jorge Vega y Ada Aurora Sánchez, y en seguida un montón de muchachos que vienen abriéndose paso en las letras como Jesús Adín Valencia, Krishna Naranjo, Miguel León Govea y Armando Martínez Orozco, entre otros.

También hay excelentes músicos jóvenes: el compositor Virgilio Mendoza, quien aportó la banda sonora del cortometraje El ocaso de Juan, del cineasta colimense Omar Deneb Juárez. Ganó un Ariel, fue seleccionado en el festival de Cine de Morelia y designado el mejor cortometraje iberoamericano en el festival de Cine de Guadalajara. Actores de renombre nacional como Jorge Levy, Silverio Palacios y Ferdinando Valencia.

Los tenores Enrique Mejía, Felipe Castellanos y David Emanuel. Músicos colimenses están ganando concursos nacionales e internacionales; una pequeña pianista prodigio jalisciense Daniela Liberman ha venido a mejorar su formación a la Universidad de Colima, para luego dar conciertos en el Carnegie Hall y en Bellas Artes.

Carolina Morán fue Miss Mundo en 2007 y Andrea Toscano ha ganado Miss México hace unas semanas.

Un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, José Ramón Cossío, se formó universitariamente en Colima, donde fue maestro.

Todo eso y más es Colima. Y todo eso le habría dicho, pero me interrogó hace varias décadas, cuando apenas comenzaba nuestra tierra a ser lo que hoy es: uno de los estados –de los más pequeños del país– que aporta a la Nación mucho más de lo que recibe.