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Alfredo Anaya Gudiño



ARNOLDO VIZCAÍNO


Martes 11 de Septiembre de 2018 9:12 am


CONOCÍ a tan distinguido personaje hace menos de 3 años; fui invitado a una reunión en Guadalajara, donde se hablaría de fertilizantes y me interesaba saber si habría manera de acceder a ellos a mejor precio. Alfredo es de origen michoacano, de Sahuayo, ampliamente conocido entre muchos colimenses, particularmente entre los políticos priistas, pues él milita o militaba en ese partido y fue destacado que el año 2000 fuera candidato a Gobernador de Michoacán, contienda que, por cierto, perdió frente a Lázaro Cárdenas Batel, hecho que él comenta con desenfado, reconociendo que aún es imposible en esa entidad ganarle al general Cárdenas encarnado en su nieto, con quien, comenta, mantiene una buena relación, incluso con toda la familia Cárdenas.

Alfredo es un exitosísimo empresario no sólo en el ramo de fertilizantes, sino en muchos otros renglones de la industria, y de manera también destacada en el desarrollo inmobiliario y la hotelería. Dicen que es rico, yo no lo sé, y la verdad poco me interesa saberlo, lo que sí sé es que es un empresario singular, que lo destaca fundamentalmente su sencillez y su filosofía de vida. Nos comenta que en sus empresas tiene más de 3 mil trabajadores y que durante más de 30 años, a ninguno le ha faltado el pago puntual de su sueldo, a costa a veces de endeudarse; con ello me recuerda a mi padre, quien decía que “la raya (el pago) del jornalero siempre debe estar listo el sábado, porque éste regularmente trabaja para tragar, no para ahorrar”.

La sencillez de Alfredo, hasta en su forma de vestir, le hace a cualquiera sentir confianza; es la antítesis de los que son o se dicen adinerados, y que con infinita soberbia buscan aparecer como que no pisan el suelo, siendo tanta su pedantería, que hasta piensan que son pavos reales.

La semana pasada, fui uno de sus cinco invitados de Colima, para acudir a Coatzacoalcos a la trigésima convención nacional e internacional de clientes, proveedores y competidores de las empresas Alfa & Omega, cuyo presidente del consejo es Alfredo, y entre las que destaca Fetiquim, una de las más importantes de su propiedad. Los otros paisanos y amigos invitados fueron Ramón Ruiz Magaña, Ricardo Vargas, Javier Denis y Óscar Ávalos Verdugo. Aprendimos muchísimo de los recorridos por las plantas de agroquímicos y otras empresas, así como la generalidad de los conferencistas, pero sobre todo, en mi caso, aprendí a raudales del sencillo y al mismo tiempo extraordinario desempeño de Alfredo como anfitrión, quien con idéntica sencillez trataba y atendía al Obispo de Morelia, diputados, presidentes municipales y al total de los más de 300 asistentes.

Además, nos dio la oportunidad de conocer a grandes personalidades, como ese alto prelado de la iglesia, quien manifestó su gran compromiso con la paz, compartiéndonos que es el comisionado del clero ante el nuevo gobierno para el caso; al ingenioso músico Pepe Romero, que amenizó las cenas de bienvenida y despedida, tocando magistralmente lo mismo un instrumento de tiempos de la colonia que un saxofón o un acordeón; al extraordinario psicoterapeuta Rafafá, quien nos regaló la mejor conferencia, y a un pintoresco y generoso personaje de Coatzacoalcos, con quien compartimos la mesa, Marco Antonio Olguín, quien resulta ser un gran fiscalista con reconocimiento nacional, a quien hicimos amigo de los cinco y visitará próximamente Colima.

A mí me dejó boquiabierto, nunca había conocido a un individuo que fuera capaz de ingerir hoy, en el lapso de 3 horas, casi 3 litros de tequila y más de 2 litros al día siguiente en igual tiempo; nuestro nuevo amigo, Marco Olguín, lo hizo y sobrevivió. Cuando venga a Colima, se comprometió a tomar leche caliente con alcohol de 96° de mi vaca La gacha, que fue la que me descontó.

En fin, me honra saberme amigo de este mexicano de excepción, Alfredo Anaya Gudiño, él sabe que también cuenta con mi amistad.


*Presidente de Productores Unidos Por Colima