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Innovemos algo ¡ya!



MARÍA EUGENIA GONZÁLEZ PEREYRA

La piedra


Domingo 07 de Octubre de 2018 8:36 am


EN días pasados, llegó a mis ojos un breve relato en el que encontré motivo de reflexión, y aunque no sé quién es el autor, de igual manera te invito a darle vueltas en tu mente y corazón, descubre lo que en ti despierta y provoca, como lo hice yo; anda, que será divertido.

“Alumno: ¿Maestro, existe la gente que en esencia es mala? Maestro: Creo que existe gente confundida que hace mucho daño a los demás. Alumno: ¿Por qué se confunden? Maestro: Por miedo. Alumno: ¿Merecen castigo?, ¿debemos señalarlos y castigarlos? Maestro: ¿Qué mayor castigo quieres que tengan, que el alma rota, que el corazón hecho cenizas, que el sabor a hiel en sus bocas, que la razón secuestrada, y la conciencia abatida? La ley universal del cosmos no sabe de bondad ni de maldad, en su justicia natural equilibra el devenir de cada alma, Nuestra responsabilidad es ocuparnos de enfrentar nuestros miedos y alejar la confusión…”.

El miedo es un instinto, una emoción básica que idealmente habría de ser nuestro amigo, pero al no conocerlo, al no entender siquiera cómo funciona o por qué lo llegamos a sentir, caemos en una serie de desventuras que nos lastiman y hieren nuestro entorno, y créeme que si nos es natural, entonces es incuestionable que debe de servir para algún bien; la maestría está en descubrir cuándo y cómo hacerle para que el miedo sea mi amigo y no un enemigo silencioso que transporta nuestra vida irremediablemente a catástrofes y llantos.

Temer es un aviso, ¡sí, sólo es una alerta!, no es nuestro enemigo ni la etiqueta de cobardía que se piensa, simplemente va con nosotros a todos lados y nos ayuda a mirar con detenimiento; si lo hacemos nuestro amigo, deja de ser invasivo, mantiene el orden, nos permite pensar y hacer. ¡Ah!, pero si no hacemos por saber desde dónde se han creado y activado sus sensores de alerta, entonces sí, tomará el mando y guiará nuestras reacciones a lugares no predecibles, se va a hacer de mil camuflajes, de tal suerte que creamos que lo que ocurre es ofensa, odio, dolor, ira, malestar y otras chuladas del sentir torcido que tanto nos aqueja. El miedo, sin nuestra serenidad se aloca, más si lo asumimos como algo natural, como la advertencia de un ¡cuidado, porque ahí viene el lobo malo!, podremos crear una acción que prevé un posible daño a nuestra integridad y crear una acción de salvaguarda inmediata. Si lo analizamos despacio, el miedo es quien nos detiene justo a la orilla de la cornisa para no caer al vacío, es cuando podemos frenar a tiempo antes de estrellarnos en el coche; sin el miedo, simplemente daríamos ese paso hacia el despeñadero; confiados, continuaríamos sin darle vuelta al volante cuando un camión viniera sin frenos hacia nosotros…

Incluso, sin el miedo es imposible que seamos precavidos y previsores, entonces, ¿por qué tememos sentir miedo?, ¿dónde está la línea entre lo sano y lo que no lo es tanto? Pues en los resultados, en hasta dónde el miedo a sufrir, a ser heridos, a no ser suficientes, a ser amados, a ser dejados y a ser criticados nos afecta, nos mueve y nos quita de la zona de felicidad, y creemos que nos aleja de la promesa de serena estabilidad.

Revisar a fondo a qué y el por qué tememos es sumamente importante, y en nada nos exhibe como frágiles o vulnerables; poder confiar para expresar nuestros más profundos huecos e inseguridades, nos permite tomar las riendas de la vida, darle como alimento amor al alma y colocar la dicha en la mirada.

Paradójicamente, un miedo muy común es el de amar a dos; descubrirnos ante la oportunidad de amar nos expone ante el posible rechazo, a ser dejados, lastimados o timados, y respiramos por la herida del pasado. Tristemente evitamos ser amados, y plantamos la piedra que desbarata la sonrisa. Piénsalo, si nos acercamos y anhelamos el amor, ¿por qué cuando llega respondemos con desprecio, pretextos y olvido?, la respuesta es sencilla: por un miedo mal entendido que sólo justifica un solitario existir. ¡Por favor!, innovemos algo ¡ya!, atrévete, ama y sana.