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Con metas reales, se cumplen propósitos de Año Nuevo



Domingo 30 de Diciembre de 2018 8:26 am

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La motivación y la circunstancia personal definen los planes exitosos, dice el psicólogo Gerardo Ocón


BAJAR de peso, hacer dieta y/o ejercicio, ahorrar, viajar, dejar malos hábitos, son algunos de los tantos propósitos que la gente suele hacer a finales de diciembre, para ponerlos en práctica a partir de la llegada del Año Nuevo.

Pero también hay quienes, durante la medianoche del 31 de diciembre y los primeros minutos del 1 de enero, llevan a cabo rituales para atraer la buena suerte, el amor, el dinero y la salud. En tales casos está, por ejemplo, usar ropa interior de color rojo si se desea encontrar el amor; o amarillo, si lo que se quiere es dinero. O comerse las 12 uvas, en punto de las 12 de la noche, para que cada mes del año esté lleno de parabienes. 

Como sea, la velada con motivo de la llegada de un Nuevo Año no sólo es de convivencia entre familiares y amigos, es también el momento que mucha gente considera propicio para mejorar sus hábitos o cambiar, para bien, su estilo de vida. El problema es cuando tales propósitos no se logran cumplir porque, por alguna razón o bajo cualquier pretexto, se abandona el plan a medio camino.  

CICLOS DEL TIEMPO

El psicólogo Gerardo Ocón Domínguez explica que las sociedades estamos regidas por ciclos, los cuales nos ayudan a entender el tiempo y su avance, que a su vez se define como la sucesión de eventos en los que, de una u otra forma, los seres humanos estamos inmersos.

Por ese proceso de ciclos existen, por ejemplo, las cuatro estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno. En esta última es cuando ocurren dos acontecimientos importantes para la sociedad creyente: el nacimiento de Jesús y el Año Nuevo, enmarcado éste dentro de las celebraciones de la Nochebuena.

Para determinar los estilos de vida de acuerdo a la época del año, nuestros antepasados observaban la naturaleza, el cielo, los astros; los reconocían y comprobaban sus movimientos y efectos. Todo ello sirvió para definir inicios y términos de periodos, que después se fueron puliendo, hasta llegar a las estaciones, pero también al establecimiento de fechas y celebraciones.

De tal forma que, dice el psicólogo, las sociedades han adoptado determinados periodos para cosas especiales. Por ejemplo, el Año Nuevo se considera el inicio de algo o para algo, cuando en realidad bien puede haber comienzos en cualquier época del año.

“En Año Nuevo se hacen planes para bajar de peso, para hacer ejercicio, para ahorrar, para tener disciplina, para cambiar hábitos como dejar de fumar, etcétera, pero, lamentablemente, muchas veces se hace esto sin un plan, sin método o sin apoyo profesional”, comenta Ocón Domínguez, para luego referir que es ahí donde muchas personas dejan sus propósitos a medias.

LAS MOTIVACIONES

Las personas suelen hacerse propósitos de Año Nuevo por motivaciones internas, que son cuando lo que se persigue realmente se desea; o externas, que tienen que ver con la presión social. Pero también se entra en este proceso de modificar la conducta o cambiar algo que no le gusta a la persona porque, simplemente, así lo establece la tradición.

“Cuando hablamos de tradiciones o de hacerlo porque sí, estamos hablando de rituales dogmáticos donde no importan razones, motivos ni circunstancias”, explica Gerardo Ocón, y agrega que en cierta forma se han perdido los motivos o razones principales de por qué se quiere hacer aquello que se maneja como un propósito del año que empieza.

Lo mejor que le puede pasar a cualquier persona que se haga un propósito este Año Nuevo es que tenga motivaciones intrínsecas, esto es, que decidan por sí mismas llevar a cabo aquello porque les interesa, porque va a mejorar su salud, porque quieren más dinero, porque lo que van a modificar es para mejorar. “Hay que razonar, porque una razón tiene un fundamento de tipo mental”, sostiene el psicólogo.

Lo anterior significa que “si voy a bajar de peso, es porque es bueno para mi salud, y la razón tiene que ver con mis emociones y conmigo. Es decir, voy bajar de peso porque me voy a ver mejor y me sentiré mejor”. Cuando el propósito tiene ese fundamento, hay que sostenerlo y defenderlo de “saboteadores internos y externos”.

Al respecto, explica que los saboteadores internos provienen de la misma persona, que si decidió someterse a una dieta, la rompe porque “la comida está rica”, “nada más por hoy”, “cómo la voy a desperdiciar”, etcétera; mientras que los saboteadores externos están integrados por miembros de la familia, amigos o compañeros de trabajo, que en vez de ayudar, echan abajo la intención con frases como: “¿qué tanto es tantito?”, “¿para qué te pones a dieta en esta temporada?”.

El psicólogo recomienda a quienes tengan un propósito para el próximo año, que apliquen la máxima de la comunidad de Alcohólicos Anónimos: “Sólo por hoy”. Y así, cada día, no cejen en su empeño de avanzar en su intención de lograr lo que desean.

AÑO NUEVO, UNA OPORTUNIDAD

El inicio de cada año es un parteaguas de mucho peso para la sociedad porque brinda la sensación de una nueva oportunidad. Y aunque cualquier día es bueno para comenzar la dieta y hacer ejercicio, lo cierto es que muchas personas prefieren empezar en Año Nuevo.

Sin embargo, ¿qué pasa en la mente cuando ese propósito se deja de lado y no se cumple? Ocón Domínguez refiere que entonces, “hay remordimiento, frustración, sentimientos negativos, de desamparo e impotencia. La persona siente que la dieta no funciona, cuando es sabido que una dieta efectiva se lleva de la mano con un profesional”. Y resalta que la mayoría de mexicanos requerimos apoyos psicológicos para combatir objeciones individuales y de la sociedad.

En términos generales, la recomendación del especialista en psicología es que si la persona desea cumplir sus propósitos en 2019, ya sea que se los impongan a principios o en cualquier otro mes del año, “debe establecer metas reales, tangibles, de acuerdo a las condiciones y circunstancias de cada quien”.

Además, hay que ser constante y establecer sistemas de recompensa que ayuden a cumplir el plan, no a eliminarlo. Por ejemplo, dijo finalmente Ocón Domíngez, “si bajé 2 kilos, puedo ir al cine, no darme un atascón. Lo importante es que las recompensas no estén relacionadas con un sabotaje personal ni social”, pues eso entorpecería, o de plano cancelaría, la buena marcha del propósito anhelado.


GLENDA LIBIER MADRIGAL TRUJILLO



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