Las 9 emergencias de 2019 para las que la ONU ruega ayuda

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Domingo 30 de Diciembre de 2018 5:15 pm
+ -Va a necesitar al menos 21 mil 900 millones de dólares para cubrir las necesidades humanitarias de 93.6 millones de personas en todo el mundo
Naciones
Unidas lanzó un llamamiento desesperado: en el año que entra, va a necesitar al
menos 21 mil 900 millones de dólares para cubrir las necesidades humanitarias
de 93.6 millones de personas en todo el mundo, la mayoría de ellas afectadas
por conflictos armados que se han enquistado, que se perpetúan año a año.
En su
Panorama Humanitario Mundial, el coordinador de ayuda de emergencia de la ONU,
Mark Lowcock, explica que en 2019 casi 132 millones de personas necesitadas de
asistencia humanitaria y protección. De ellas, deben recibir ayuda urgente 94
millones.
Estas son las
nueve emergencias para las que lanza al mundo su SOS, que no se acaban sólo con
estrenar nuevo calendario.
YEMEN
El país más
pobre de Medio Oriente, volverá a ser el país que más fondos necesitará en
2019, con 4 mil millones de dólares. Según la ONU, la situación “ha empeorado
significativamente y se ha deteriorado rápidamente” a lo largo de 2018. En este
sentido, se prevé que el próximo año unos 24 millones de personas necesitarán
ayuda humanitaria y protección, lo que convierte al país sumido en una guerra
desde marzo de 2015 en la peor crisis humanitaria actual.
Desde
entonces, han muerto al menos 6 mil 800 civiles y 10¡ mil 700 más han resultado
heridos, unos 85 mil niños menores de cinco años han muerto por malnutrición
aguda, 14 millones de yemeníes están al borde de la hambruna y 1.2 millones de
personas han sufrido un brote de cólera, de los más graves que se conocen. Unos
tres millones de personas se han visto obligadas a huir de sus casas y más de
dos millones siguen desplazadas. Son datos tanto de Naciones Unidas como de la
ONG Save the Children.
El malestar
inicial surgió en 2011 como parte de la Primavera Árabe, que arraigó en gran
parte de la región. Los levantamientos fueron principalmente en contra de la
corrupción y las condiciones económicas. El conflicto abierto data del golpe de
estado que tuvo lugar a finales de 2014. Los separatistas del sur y las fuerzas
leales al gobierno de Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, con sede en Aden, entraron en
conflicto con los hutíes y sus milicias, partidarios del expresidente Ali
Abdullah Saleh.
A la guerra
civil que vino a continuación se sumaron las acciones de islamistas como Al
Qaeda y el Estado Islámico y, más tarde, la entrada en juego de una coalición
árabe liderada por Arabia Saudí contra los hutíes, a los que, denuncia, apoya
Irán. Más de 1,500 niños han sido reclutados por alguna de las partes
enfrentadas, principalmente los rebeldes hutíes, sostiene ACNUR, la Agencia de
la ONU para los refugiados.
SIRIA
En el caso de
Siria, la petición de fondos de Naciones Unidas no se ha concretado aún, pero
se espera que ronde los 3,500 millones solicitados para 2018, porque pocas
cosas han cambiado en la zona. Según datos del Observatorio Sirio para los
Derechos Humanos en el séptimo aniversario de la contienda, son más de 511 mil
los muertos desde 2011, de los que más de 106 mil son civiles y 15 mil 500 son
niños.
De los más de
13 millones de personas que la ONU estima que necesitan ayuda humanitaria para
subsistir dentro del país, el 40% son menores de edad. Siempre los niños los
más afectados por las guerras de los mayores. Según el Fondo de la ONU para la
Infancia (UNICEF), los niños víctimas del conflicto aumentaron un 50% en el
último año, con más de dos muertos al día.
6.2 millones
de sirios se han desplazado internamente por el conflicto y otros seis se han
ido del país, sobre todo a países vecinos como Jordania, Líbano o Turquía,
donde las condiciones en los campos de refugiados son poco más que de pura
supervivencia. Los datos de pobreza extrema, dentro y fuera de Siria, superan
el 60%.
Este
conflicto data de 2011, del 6 de marzo exactamente, un grupo de adolescentes
fue arrestado en Dara, en el sur, por dibujar un graffiti contrario al régimen
en una pared. Su detención provocó manifestaciones masivas en la ciudad y
choques con fuerzas gubernamentales. Se abrió fuego contra los civiles y las
protestas subieron de tono, pidiendo la caída del presidente Bashar al Asad y
extendiéndose a Damasco, la capital, y luego por todo el país. Los
manifestantes se inspiraban también en la Primavera Árabe. Luego la oposición
comenzó a organizarse y armarse, como respuesta a la sanguinaria represión del
gobierno. Esa disidencia armada se hizo fuerte, tomó territorios con ayuda
exterior, y entraron en juego también grupos terroristas como ISIS.
REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (RDC)
La República
Democrática del Congo (RDC) arrastra una de las crisis humanitarias más largas
y complejas del planeta. Si este domingo, 30 de diciembre, se consiguen
celebrar las elecciones presidenciales y nada se tuerce luego, el país vivirá
su primera transición democrática del poder en su historia. Desde que se
independizó de Bélgica y su colonialismo salvaje en 1960, todos los cambios en
el poder se han dado por la vía violenta.
El primer
presidente, Joseph Kasa-Vubu, fue derrocado en un golpe de Estado en 1965 por
el general Mobutu Sese Seko, que gobernó hasta 1997, convirtiendo el entonces
llamado Zaire en su cortijo, expoliando sus recursos naturales (diamantes,
cobre, café, cobalto, petróleo) y hundiendo la economía patria. El genocidio de
los tutsis en el país vecino, Ruanda (1994) provocó un éxodo hutu hacia el país
que precipitó la caída del dictador con una nueva rebelión. El poder lo tomó
Laurent-Désiré Kabila, Zaire fue rebautizado como República Democrática del
Congo y la guerra civil volvió a estallar en un conflicto que causó cinco
millones de muertos e involucró, entre 1998 y 2002, a seis países de la región:
Angola, Zimbabue y Namibia -del lado gubernamental-, y Ruanda, Uganda y Burundi
-del lado rebelde-.
Tampoco Kabila
acabó bien: murió asesinado en 2001 a manos de uno de sus guardaespaldas y fue
sustituido en la presidencia por su hijo, Joseph; a él se le encomendó entregar
el poder a un nuevo mandatario que debía ser elegido en 2016, en unos comicios
que postergados hasta ahora. Según Human Rights Watch (HRW), las fuerzas de
seguridad congoleñas han asesinado a más de 300 de los manifestantes que en
estos dos años llevan reclamando en la calle unas elecciones generales.
El país
lleva, pues, 20 años de guerra abierta. Los últimos grandes picos de violencia
han tenido lugar en 2008 y ahora, en este 2018, en la zona de Kasai, donde más
de dos millones de personas han abandonado sus casas. El Congo es el país
africano que más desplazados internos tiene en todo el continente (unos 3.8
millones) que al mismo tiempo acoge a 500 mil refugiados procedentes de
Burundi, la República Centroafricana y Sudán del Sur.
A todo ello
se suma un nuevo brote de ébola que ya arrastra cuatro meses y unos 200
muertos. La inseguridad imperante en esta región, debido a la presencia de
grupos armados y cientos de miles de desplazados -que podrían haber estado en
contacto con personas infectadas- dificulta mucho la pronta erradicación de
esta epidemia.
AFGANISTÁN
La
Administración Bush planteó la invasión de Afganistán como respuesta a los
atentados del 11-S de 2001 contra las torres gemelas de Nueva York y el
Pentágono. Fue una guerra contra los talibanes que dieron cobijo a Osama Bin
Laden, que ordenó los ataques. Los radicales fueron vencidos, la guerra acabó
formalmente pero, a pesar de algunas mejoras desde la caída del régimen,
Afganistán sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. A las décadas
de conflictos se han sumado el terrorismo, los desastres naturales y una crisis
de precios de alimentos desconocida.
Los talibanes
ganaron terreno en el país tras el final de la misión militar de la OTAN, en
enero de 2015, y la retirada de efectivos. En este momento, el Estado apenas
controla un 60% del territorio nacional, según el inspector especial general
para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR) del Congreso de Estados Unidos,
mientras que aproximadamente un 11% está en manos de los insurgentes y el resto
está en disputa.
Casi medio
millón de personas, según los primeros y más optimistas cálculos, han tenido
que abandonar sus hogares en el último año. Casi el 40% de la población afgana
vive en la pobreza, según Oxfam. “Más del 80% depende de la agricultura o
actividades comerciales derivadas de ella, pero el gobierno es incapaz de hacer
frente a los problemas estructurales del país, así como a los desastres
naturales y al aumento de los precios. Como consecuencia, muchas familias viven
en una situación de pobreza crónica”, detalla la ONG.
Hay otras
cifras desoladoras: casi una de cada cuatro personas no tiene acceso a atención
médica, uno de cada cinco niños afganos no alcanza la edad de cinco años y una
de cada ocho mujeres muere durante el parto.
NIGERIA
Nigeria se
enfrenta a la amenaza continua del grupo yihadista Boko Haram, que comenzó a
ser conocido internacionalmente por el secuestro masivo de niñas en la
localidad nigeriana de Chibok y que surgió en 2002 con el objetivo de derrocar
al Gobierno e imponer una estricta interpretación de la sharia o ley islámica
en todo el país. Las invasiones de aldeas, la imposición de esa ley islámica y
la batalla de las tropas gubernamentales contra los yihadistas han convertido
la zona en un polvorín. El balance desde entonces es de 20 mil muertos y casi
tres millones de desplazados.
En el país, y
en toda la zona del lago Chad, hay 11 millones de personas que precisan de
ayuda urgente, siete millones se encuentran en peligro de hambruna y hay 450
mil menores en situación de malnutrición. El miedo a Boko Haram y al combate ha
hecho que, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos
Humanitarios, se hayan producido más de 1.7 millones de desplazamientos
internos sólo en los estados de Borno, Adamawa y Yobe en el noreste de Nigeria.
La batalla ha
acabado con infraestructuras esenciales como hospitales o escuelas, y las
largas ausencias de los refugiados han impedido que se cultivaran las tierras,
de ahí que a la violencia se sume el hambre. Su dependencia de la ayuda
internacional es total.
CAMERÚN
En similares
circunstancias a las de Nigeria se encuentra Camerún. Ciudades fronterizas como
Pulka están totalmente controladas por los militares nigerianos, en su pelea
contra Boko Haram. La presencia de uniformados, aunque busca la protección de
los civiles, dificulta notablemente el reparto de ayuda. Según los últimos
datos oficiales de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), unas
46 mil personas viven en el campo de esta ciudad. Un 88% de estos refugiados
son mujeres y niños. Uno de cada cinco es menor de cinco años.
Como informa
EFE, a ello se suma que lo que comenzó como una demanda pacífica de mayor
autonomía para las zonas anglófonas de Camerún, “se tornó este año en un
conflicto entre grupos armados secesionistas y el Ejército que ha dejado
decenas de muertos y varios secuestros”. Durante los dos últimos meses de 2017
y todo 2018, se produjo el recrudecimiento del contencioso con los ataques de
grupos armados y la represión del Ejército, que ha causado el desplazamiento de
350 mil personas, en una “crisis” que la Oficina de Coordinación de Asuntos
Humanitarios de la ONU (OCHA) califica de “sin precedentes”.
Los soldados “están
quemando aldeas, las personas viven en los bosques se arriesgan a ser
asesinadas tan solo si se acercan al borde de la carretera”, indica un
comunicado enviado a la Agencia Fides por el episcopado local.
SUDÁN DEL SUR
El conflicto
en Sudán del Sur estalló en diciembre de 2013, cuando el presidente Salva Kiir,
de la etnia dinka, denunció un intento de golpe de Estado por parte de su
vicepresidente Riek Machar, perteneciente a la tribu nuer. Un total de 131,000
sursudaneses huyeron a Sudán desde el Sur en 2016 debido a la guerra civil,
según la oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios.
Más de cuatro
millones de personas han tenido que huir de sus hogares a causa de la
violencia. De ella, casi dos millones lo han hecho al interior del país,
mientras que 2.5 millones se encuentran refugiadas en los estados vecinos. Unos
19,000 niños han sido reclutados en las filas de fuerzas y grupos armados y las
violaciones y agresiones sexuales contra menores “se multiplican por cientos”,
denuncia UNICEF.
El 60% de la
población sufre inseguridad alimentaria y la situación es especialmente grave
para 1.2 millón de menores que sufren desnutrición aguda, añade este organismo.
Casi cinco millones de personas no tienen acceso a agua potable e instalaciones
de saneamiento adecuadas, con el consiguiente aumento de enfermedades
transmisibles por el agua. El 80% de los servicios de salud funcionan gracias a
la ayuda humanitaria, por lo que el dinero que pide la ONU es aquí vital como
en pocos rincones del mundo. La amenaza de la hambruna y una guerra civil
interminable condenan así al más joven país del continente.
Aún así, en
este cierre de año llegan buenas noticias: el Gobierno y los rebeldes han
comenzado los preparativos para el despliegue de fuerzas conjuntas entre ambos
bandos. Supone aplicar al fin el acuerdo de paz firmado el pasado agosto por el
presidente Kiir y los principales grupos de la oposición armada, incluida la
facción liderada por Machar.
REPÚBLICA CENTROAFRICANA
En la
República Centroafricana (RCA) el problema se arrastra desde marzo de 2003,
cuando el general François Bozizé dio un golpe de Estado en ausencia del
presidente y se puso al mando del país, acabando con diez años de legalidad
constitucional. Era la cuarta asonada militar con éxito desde que la excolonia
francesa proclamó su independencia en 1960. El nuevo líder suspendió la
Constitución y el Parlamento e instauró un gobierno de unidad nacional, tras lo
que fue elegido en referéndum con el 64% de los votos.
En enero de
2011 Bozizé renovó su mandato entre acusaciones de fraude electoral, y en
diciembre de 2012 la coalición de rebeldes Seleka -excombatientes de la guerra
civil de 2004- tomó varios pueblos del noroeste, aduciendo que el presidente no
había respetado los acuerdos de paz firmados en 2007 que contemplaban, entre
otras cosas, la integración de combatientes rebeldes en el Ejército
centroafricano, la liberación de prisioneros políticos y el pago a los
milicianos sublevados que optaran por el desarme.
La revuelta,
que llevó a la intervención de soldados de Chad y el envío de militares
franceses y de una misión de paz de la ONU (BINUCA), culminó en marzo de 2013
con la toma de Bangui, la capital, por parte del líder de la coalición rebelde,
Michel Djotodia. En un nuevo golpe de Estado, y tras la huida de Bozizé a la
vecina República Democrática del Congo, Djotodia asumió el poder,
convirtiéndose en el primer presidente musulmán en un país donde el 50% de la
población es cristiana y solo pertenece al islam el 15%. Días más tarde se
formó un gobierno de unidad nacional con los partidos de la oposición, que
acabaron abandonando el Ejecutivo por discrepancias por la distribución de
carteras.
Se inició
entonces una crisis que provocó decenas de muertos por los enfrentamientos
entre grupos armados leales a Bozizé y los exrebeldes de Seleka, y que ha
acabado causando la huida de más de 37.000 personas a los países vecinos y
cerca de medio millón de desplazados internos.
Hoy se
calcula que uno de cada cinco centroafricanos permanece fuera de su hogar por
el conflicto, que tiene rebrotes constantes. La cifra de desplazados es de 700
mil personas, según la Secretaría General adjunta de Asuntos Humanitarios de la
ONU, una cifra que casi se ha duplicado en apenas un año. Más de la mitad de la
población pasa hambre y precisa ayuda humanitaria. Las enfermedades
relacionadas con la falta de agua potable o con los mosquitos acosan a la
población, especialmente a los niños.
Y hay un
problema más: en 2017 se recibieron el 39% de los fondos solicitados y en 2018,
la cifra se espera similar. Es un mal generalizado: pese a que los donantes han
ido aumentando sus contribuciones de fondos en los últimos años a todas las
causas señaladas por la ONU, pasando de 10,600 millones en 2014 a 13 mil 900
millones en 2017, la ONU ha advertido de que la brecha entre el dinero que se
pide y el que finalmente se recibe sigue situándose en torno al 40%. Así,
aunque 2018 se encamina a ser un año récord en cuanto a los fondos humanitarios
recabados, aún se quedará lejos de los casi 24 mil 900 millones de dólares
solicitados en esta llamada general de emergencia.
Y UN ‘BONUS TRACK’: CUIDADO CON ‘EL NIÑO’
Naciones
Unidas, en sus previsiones para 2019, ha alertado también de que existe un 80%
de probabilidades de que se produzca el fenómeno de El Niño de forma inmediata,
a inicios del nuevo año, lo que pondría en peligro de sequía, ciclones e
inundaciones a un total de 25 países en todo el mundo, creando nuevas crisis
humanitarias o agravando las que ya existen.
La Organización
Meteorológica Mundial (OMM) ha actualizado sus previsiones y estima que existe
entre un 75% y un 80% de posibilidades de su formación en breve, frente al 70%
que reflejaba en su anterior informe. El último gran episodio de inundaciones
en América del Sur y sequías en África y Asia se registró en 2015-2016 y afectó
los patrones climáticos en todo el planeta, causando sequías, inundaciones y
pérdida de arrecifes de coral. No obstante, informa la BBC, esta vez se augura
un fenómeno “menos intenso”.