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El Chanal, una joya prehispánica



Domingo 24 de Febrero de 2019 11:59 am

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Esta antigua ciudad data de la época Postclásica Temprana mesoamericana, aproximadamente de los años 1200 al 1480 d.C.


La zona arqueológica de El Chanal es una joya prehispánica que circunda la capital colimense. Considerado por especialistas como el asentamiento prehispánico más grande de nuestro estado, El Chanal, es un tesoro nacional que tenemos el privilegio y la fortuna de tener en tierras colimenses.

Esta antigua ciudad data de la época Postclásica Temprana mesoamericana, aproximadamente de los años 1200 al 1480 d.C. Esta cultura se ubicó en una zona muy favorable para la existencia de grupos humanos del valle, ya que a sus alrededores se encuentran una serie de diversos ríos, como el Colima.

Se cree que este sitio recibió el nombre de El Chanal, por la presencia en la actualidad de mitos que hablan sobre seres que habitan en las cercanías de los arroyos y que reciben el nombre de chanos, una especie de evocación de los arcaicos cultos a Tláloc, deidad que está profundamente representad en la zona, pero la procedencia étnica de los pobladores de este sitio no ha sido determinada. La producción de cerámica encontrada no se relaciona fácilmente con la tradicional de Colima, por lo que es un misterio el origen de estos pobladores.

Toda la arquitectura de este sitio está construida de cantos rodados procedentes de los lechos de ríos aledaños, dando forma a basamentos ceremoniales y monumentales, plazas, altares, un tradicional juego de pelota y plataformas habitacionales, algunas de las piedras muestran imágenes labradas con figuras de animales, plantas y posibles deidades.


En el sitio se encuentran muchas representaciones de Tlaloc, Dios de la lluvia; y Ehécatl, Dios del viento, ambos relacionados con las cuestiones alimentarias; también se han encontrado vestigios de Huehuetéotl, del Dios del fuego; son representaciones bien definidas que se encuentran en todo Mesoamérica, evidencia de una globalización en la creencia de estas deidades.

En pasadas excavaciones se encontraron diversos artilugios de metal, cerámica plumbate, obsidiana y esculturas de Xipe Totec elaboradas en barro; y aunque solamente hay cuatro hectáreas de construcciones prehispánicas abiertas al público, la extensión original de este asentamiento humano es de aproximadamente 188 hectáreas, por lo que el potencial de descubrimientos y espacios por recuperar es enorme.

El actual poblado de El Chanal se encuentra sobre la zona arqueológica, por lo que se puede discernir que casi todas las viviendas tienen su propia estructura prehispánica en sus patios o cimientos. El asentamiento moderno se postró sobre el antiguo, la razón es simple: no se tenía el conocimiento de la magnitud, la envergadura de esta ciudad ancestral.

Fue hasta la década de los años 80 cuando se registró de manera formal la extensión territorial de este asentamiento milenario. Incluso, la actual zona arqueológica abierta al público, estuvo a punto de desaparecer, ya que la invasión de la mancha urbana era inminente, pero gracias los trabajos realizados por la doctora en antropología por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), María de los Ángeles Olay Barrientos, este sitio fue rescatado.

En nuestra ciudad, La Campana es la zona arqueológica en el valle de Colima con los vestigios más antiguos de la época prehispánica, pero El Chanal, marca una línea de tiempo completamente diferente, ya que mucho tiempo después surge este asentamiento con marcadas diferencias arquitectónicas; ambas ciudades fueron completamente disímiles culturalmente.

El las épocas en que la gente que fundó El Chanal llega a estas tierras, La Campana ya estaba en ruinas.


En este sitio se han encontrado vestigios del intercambio cultural que tuvieron los antiguos colimenses con otras regiones de Mesoamérica; incluso hay evidencia de permuta comercial con culturas del Golfo de México, pero especialmente se ha documentado la estrecha relación que tuvieron con los pueblos de Michoacán; por lo que esta ciudad tenía redes comerciales bien estipuladas.

LA CAÍDA, UN MISTERIO

La caída de esta gran urbe sigue siendo un misterio. Al igual que Teotihuacán, en El Chanal no se han encontrado vestigios que apunten certeramente a las causas de su desaparición, solo hay especulaciones que se basan en ligeras evidencias que han sido encontradas al respecto.

El arqueólogo Andrés Saúl Alcántara Salinas, actual responsable y director del proyecto arqueológico El Chanal comenta a Diario de Colima que una de estas hipótesis dice que se cree que hubo un cambio climático donde hubo una clara y marcada escases de lluvias en la región.

“En todo el Valle de Colima se han encontrado un sinnúmero de ofrendas de niños; en la época Postclásica los infantes estaban muy relacionados con el culto al agua, y esto se daba cuando había escases del vital líquido y es cuando más niños se sacrificaban para asegurar su abundancia.

“Por lo que se sugiere, que a la perspectiva de nuestros ancestros, los dioses estaban “fallando” con la gente; los pobladores empezaron a darse cuenta que a pesar de que se sacrificaba a una cantidad importante de niños, las aguas no llegaban, por lo que empezaron a dejar de creer en sus deidades, esto es un golpe duro a las culturas prehispánicas ya que la creencia de sus dioses era el eje principal de estas, por lo que la gente empieza a abandonar estas ciudades”, dijo Andrés Alcántara, recalcando que esto solo es una hipótesis.

EL POTENCIAL DE VESTIGIOS

En estas tres últimas temporadas de trabajo, se han encontrado información bastante novedosa ya que han podido ingresar a las plataformas habitacionales, y han encontrado varias osamentas asociadas a estas estructuras.

Una de estas, apareció dentro de una vasija, una costumbre muy rara de depositar a los muertos en esta zona. También se han hallado ofrendas muy simbólicas, una de estas, con 22 elementos, donde destacan vasijas con representaciones antropomorfas.

Tomando en cuenta que estos recientes descubrimientos se han hecho solo en estas cuatro hectáreas, el potencial de hallazgos de esta cultura ancestral es enorme, ya que como se mencionó antes, hay vestigios de esta cultura en más de 180 hectáreas.

En este lugar se encuentra un pequeño sitio denominado Plaza de los Altares, donde uno de ellos es de forma rectangular, con un deterioro muy marcado; pero el segundo tabernáculo, de forma circular, es único en todo el Valle de Colima.

En este, los arqueólogos encontraron un entierro muy singular. Prácticamente es el umbral de la zona monumental y a los pies de los visitantes depositaron a varias osamentas calcinadas y trituradas; practicante a flor de piso se pueden ver los pequeños trozos de restos humanos chamuscados, la huella humana más protagónica de nuestros antepasados.


Mientras que en la Plaza de la Fundición, se encontraron rastros de herramientas para la fundición de metales, algo que para su época, se necesitaba una gran tecnología y conocimiento para realizar el gran oficio revolucionario de la metalurgia.

SAQUEOS

Desafortunadamente, las huellas prehispánicas de Colima como la cerámica, fue objeto de saqueo y comercio ilegal; incluso algunas piezas se encuentran en museos en el extranjero.

Uno de los robos más predominantes fue el de una tumba postrada en la cima del Templo del Día y la Noche. Cuando los arqueólogos comenzaron con la investigación de este edificio, encontraron el “hueco” de lo que parecía una tumba de un personaje muy importante, pero el entierro ya estaba completamente saqueado, llevándose una de las evidencias más importantes que pudo haber discernido mucho de los misterios de esta urbe, incluso se encontró la vieja construcción de un túnel que al parecer, fue utilizado para el saqueo de esta tumba.

Como dato curioso, en la década de los 80, parte este edifico monumental y la Plaza, estaban enterrados debajo de una cancha de futbol, donde los habitantes de la región visitaban frecuentemente para apreciar los juegos, utilizando las escalinatas de este templo como gradas para los espectadores.

LAS CONSTRUCCIONES

Este sitio arqueológico tiene en su interior una serie de edificios de gran importancia, como una cancha de juego de pelota al sur de la zona, por lo que indica, al igual que casi todas la urbes mesoamericanas, un sentido muy arraigado del cosmos, ya que en los juegos que se realizaban en este sitio, contendían las deidades para permitir el reinado del día y la noche.

El dios del Juego de la Pelota era Xólotl, deidad que acompañaba al sol en su paso por el inframundo y anunciaba por medio de Venus el triunfo sobre la noche. Esta competencia, jugada por hombres, develaba un carácter fundamental para el acontecer del mundo; es muy probable que el sacrificio humano permitía apoyar la lucha de la luz contra la oscuridad.

Algunos templos tenían un carácter público y se llegaba a ellos por medio de amplios accesos, pero otros tenían entradas exclusivas a las que sólo acceso las autoridades religiosas y civiles.

Este legado arquitectónico se encuentra al norte de la ciudad, a solo 2 kilómetros del Tercer Anillo Periférico, por lo que el acceso a este sitio cultural es relativamente fácil y rápido, una oportunidad imperdible para conocer un poco más de nuestros ancestros que existieron antes de la llegada de los colonizadores españoles.

Mario Alberto CASTILLO DERBEZ



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