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Censo de cocodrilos



Lunes 11 de Marzo de 2019 11:58 am

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La labor de saber cuántos cocodrilos hay, dónde están, qué tamaño tienen, cómo se distribuyen, que edades tienen, cuántos son adultos y cuántas crías, es sumamente laboriosa, que lleva mucho tiempo realizarla, cuenta


CUYUTLÁN, Col.- Emblemático por naturaleza, el cocodrilo es un reptil que cautiva desde el simple hecho de pronunciar su nombre. Atemorizante para unos, fascinante para otros, estos supremos depredadores que encabezan la cadena alimenticia, han sido estudiados por generaciones, tarea a la cual se han sumado biólogos colimenses.

Debemos resaltar que Colima es territorio natural de cocodrilos, cuya presencia incluso ha sorprendido en zonas urbanas de la costa, de ahí que exista la idea de que tenemos sobrepoblación de saurios.


Sergio Aguilar Olguín, destacado oceanólogo colimense, se dio a la tarea de realizar un exhaustivo proyecto: censar los cocodrilos en la región; labor sumamente complicada, pero que pudo realizar con éxito y obtener resultados interesantes para el beneficio de la especie y de los habitantes de Colima. A su tarea ayudó que también es coordinador de Investigación en el Tortugario de Cuyutlán, tiene maestría en Ciencias del Mar, y doctorado en Ecología y Manejo de Recursos Naturales.

Relata que todo empezó en el año 2012, cuando se hizo la gestión del proyecto al fondo de las Unidades de Manejo Ambiental (UMA) en la Semarnat, el cual fue aceptado.

Sergio Aguilar aclara que su proyecto también fue motivado porque la idea de que hay demasiados cocodrilos en Colima, puede afectar su población real, debido a que hay gente que comienza a utilizar, para comercializar, su carne y piel, superando la barrera de los estándares permitidos.


“Si esto sucede, te puedes acabar una población entera en 10 años, sin ningún problema, algo que ya había pasado en los 70. Hace casi 50 años, ya nos los habíamos acabado casi por completo, fue cuando entró la veda y se empiezan a recuperar otra vez. Eso no quiere decir que no exista cacería, sí hay, pero en mucho menor grado”, dijo.

LABOR TITÁNICA

Con los recursos asignados al proyecto, Sergio se compró el equipo pertinente para su trabajo, que empezó formalmente en 2014, con el estudio. Se proyectó todo el monitoreo para comenzar a visitar las lagunas del estado, en busca de los cocodrilos.

Cada laguna fue visitada en seis ocasiones, dos de día y cuatro veces de noche, en dos períodos distintos, de lluvias y de secas, monitoreando un total de nueve lagunas costeras del estado.


Indica que en la entidad empezó a darse una problemática de interacción hombre-cocodrilo, “es decir, la gente que vive en la costa comienza a ver más seguido a estos animales, ya sea en el mar, cerca de una laguna o en una colonia, incluso en patios. Por ejemplo, el Valle de las Garzas, en Manzanillo, está rodeado de agua, es una laguna urbana, ahí había una población de cocodrilos, pero cuando se llena la laguna en temporada de lluvias, pues los cocodrilos salen a la vista de todos”.

La labor de saber cuántos cocodrilos hay, dónde están, qué tamaño tienen, cómo se distribuyen, que edades tienen, cuántos son adultos y cuántas crías, es sumamente laboriosa, que lleva mucho tiempo realizarla, cuenta.

Fueron tres lagunas principales en donde Sergio Aguilar se invirtió más tiempo, debido a que son consideradas las más importantes por su nivel ecológico y de conservación: el Vaso 3 de la laguna de Cuyutlán; el Vaso 4, con el Estero Palo Verde; y la laguna de Amela.


“Todo comienza midiendo la salinidad y temperatura del agua, así como la cantidad de costa navegable. Por ejemplo, la laguna de Cuyutlán tiene una circunferencia de 16 kilómetros transitables, por donde nosotros podíamos pasar en 30 centímetros de agua. Teniendo estos parámetros se inicia con la contabilización de la ecología poblacional”, explica.

El trabajo fue, en su mayoría, por la noche, utilizando la luz artificial para realizar el conteo. Y es que se va navegando por toda la costa de las lagunas y con una lámpara se comienzan a alumbrar las distintas zonas, esto es porque los ojos de los cocodrilos reflejan considerablemente la luz, de ahí que se utilizan las noches más oscuras, cuando no haya luna, ya que la luz que proviene del reflejo de nuestro satélite natural, merma la iluminación artificial.

Pero también hay que determinar su tamaño. ¿Cómo se hace eso? Pues se calcula la distancia que hay de los glóbulos oculares a la parte de la nariz que sale de la superficie del agua, y teniendo parámetros ya calibrados anteriormente, se determina la longitud del saurio, al multiplicar esta distancia por 10.

Este ejercicio se tiene que realizar en varias jornadas, en cada una de las lagunas; y también se realiza el conteo de nidos; este trabajo se efectúa con la luz del día, en los meses de junio o julio. Si juntamos ambas actividades, el trabajo se vuelve titánico, una labor que sólo los especialistas y amantes de la materia pueden realizar.


“En general, las poblaciones de cocodrilos en estado natural se encuentran estables, tendríamos que ver si se requiere hacer granjas, reproducirlos en cautiverio para comercializar la piel y la carne, ya que no es aconsejable utilizar la población en estado natural con este fin”, asegura el oceanólogo.

LA INVESTIGACIÓN

Como en todo ejercicio científico y de investigación, se requiere de un medio especializado en la materia para dar a conocer los resultados de tan arduo trabajo. Desafortunadamente, en nuestro país no siempre se abren las puertas para brindar las facilidades en publicaciones científicas.


Tal es el caso del trabajo de Sergio Aguilar, quien se encontró con barreras para la publicación de los resultados de su proyecto, motivo por el cual no puede dar a conocer de manera completa su investigación, pero adelantó que en la entidad existe una población estimada de mil 200 cocodrilos.

“Nos ha estado costando trabajo la cuestión de la publicación, pero estoy seguro que en 2 ó 3 meses ya esté listo; la cuestión es que tu artículo se somete a revisión y lo checa gente que es experta en el tema, pero si a uno de ellos dice, ‘a mí no me gusta esto’, pues va para atrás. Dependemos de muchas cosas, incluso hasta del buen humor de quien revisa tu trabajo. A veces el editor te dice, ‘no, esto no es para esta revista’, pues lo arreglas, tratas de adaptarlo al estilo, pero si te lo rechazan de una, ya no lo puedes regresar ahí mismo, entonces lo vuelves a enviar con las observaciones previas, pero a otra revista.

“Tristemente agotamos todas las opciones mexicanas, nos rechazaron de la Revista Mexicana de Biodiversidad, que es de la UNAM, el editor nos dijo: ‘no’, ni siquiera lo pasaron a revisión, pero nos dimos cuenta que un mes antes la revista publicó un trabajo igual, pero de Oaxaca, y el editor nunca nos dijo que ya no se podía publicar un estudio parecido, nunca nos dio una explicación”, precisa Sergio Aguilar.


A raíz de esto, el equipo optó por buscar la oportunidad en el extranjero, donde han tenido más suerte. En estos momentos, el artículo está en revisión en dos revistas, una es Conservación de Anfibios y Reptiles, de Estados Unidos; y una más de Colombia, que se llama Caldasia, que pertenece a la Universidad Nacional de ese país.

Solo están a la espera de que en pocos meses se publique este gran trabajo realizado por expertos colimenses en la materia, dándoles así el valor científico que se merece.

 

Mario Alberto CASTILLO DERBEZ



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