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Las tumbas de tiro de Chamila



Lunes 27 de Mayo de 2019 2:25 pm

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A lo largo y ancho del territorio colimense, se han encontrado vestigios prehispánicos de gran valor histórico y cultural, como la veintena tumbas de tiro localizadas en la comunidad de Chamila, del municipio de Ixtlahuacán, a tan sólo 8 kilómetros de la cabecera municipal y 300 metros al oeste del poblado


IXTLAHUACÁN, Col.- A lo largo y ancho del territorio colimense, se han encontrado vestigios prehispánicos de gran valor histórico y cultural, como la veintena tumbas de tiro localizadas en la comunidad de Chamila, del municipio de Ixtlahuacán, a tan sólo 8 kilómetros de la cabecera municipal y 300 metros al oeste del poblado.
TUMBA DE TIRO
Una tumba de tiro es un pozo o “tiro vertical”, en cuya base se abre una cámara; es un lugar con techo abovedado y piso plano, en donde eran colocados los muertos junto con sus pertenencias en vida, y aunque por lo general no se cubrían de tierra o piedras, el tiro se rellenaba y la entrada a la cámara se cerraba con lajas de piedra.
Para este tipo de construcción subterránea se tenía que desbastar el tepetate (suelo endurecido característico de zonas volcánicas, si es que en el lugar existe tal material), por lo que en muchas ocasiones no se empleaban lajas o piedras para hacer las paredes o bóvedas, sino que se utilizaba el mismo subsuelo que quedaba expuesto en los interiores de la tierra.
Esta tradición de las tumbas de tiro es referida a las culturas de los estados de Jalisco, Nayarit, Colima y Michoacán, que datan de los años 300 a 200 a.C. y 400 a 600 d.C.

Algunos investigadores señalan que la tumba de tiro tiene un gran simbolismo, pues suguiere el vientre materno y la sepultura; se consideraba la terminación del ciclo de la vida, donde se inicia con el nacimiento y se concluye regresando al vientre de la tierra.
Diversos historiadores y etnólogos, afirman que antes de la llegada de los españoles, la región de Colima e Ixtlahuacán se encontraba densamente poblada por grupos aborígenes otomíes, toltecas, chichimecas, popolocas, mexicas, tecos, cocas, tecuejas, entre otros; pero el grupo más notable fue el de los Naoas, autores de las tumbas de tiro.
Fue en la década de los 70 cuando la arqueóloga Isabel Truesdell Kelly (1906–1982) comenzó con los estudios de las tumbas de tiro de esta localidad, realizando diversas investigaciones con cerámica que se extrajo de la región entre los años 1939 a 1973, donde a pesar de que pertenece a la fase Capacha (2000 a.C. a 1200 a.C.), las tumbas son de la época Ortices (300 a.C. a 300 d.C.).
Este cementerio prehispánico data de 300 años d.C., y ha sido una fuente principal del estudio arqueológico en Colima. Las escasas osamentas encontradas en el interior de las tumbas han sido fundamentales para esclarecer las características culturales de sus constructores.

SITIO OLVIDADO
Tiempo atrás existía un señalamiento de este lugar, para que quienes recorren esta carretera que va rumbo a la comunidad de las Conchas y pueblos circunvecinos, se dieran cuenta de la existencia del cementerio prehispánico. De hecho, había una pequeña brecha, libre de maleza, por la cual se accedía de forma directa a las tumbas.
Actualmente se tiene un acceso diferente. Ya muy cerca del lugar, se pueden apreciar diversas especies de árboles que brindan confortante sombra, aunque en época de lluvias y por la poca conservación en que se encuentra el sitio, se puede hallar gran cantidad de maleza alrededor de cada tumba, lo que hace que se pierda la visibilidad del sitio.
El acceso a cada sepulcro es un pozo con un diámetro de entre 80 y 120 centímetros, y una profundidad de entre 2 y 3 metros. Estas cámaras mortuorias tienen alrededor de un metro de altura por 3 metros de largo, comunicándose por pequeños agujeros entre algunas de ellas.
A pesar del descuido, todavía algunas de las tumbas conservan su estructura original. A una se puede acceder con cierta facilidad, constatando que existe comunicación con otras tumbas. Incluso, pobladores de la comunidad señalan que varias de estas fosas tenían conexión entre sí, pero, por el descuido, han sufrido derrumbes que las han tapado.
Una de las características imprescindibles de las tumbas de tiro, por obviedad, son los restos mortuorios, pero, además, pueden encontrarse todo tipo de accesorios y utensilios propios del morador de la tumba, las cuales, sin embargo, se han ido perdiendo, debido a que el sitio ha sido saqueado en numerosas ocasiones, incluso se cree que el botín aquí obtenido se encuentra, en su mayoría, en el extranjero.
Si bien existe una gran cantidad de tumbas, en el sitio se pueden apreciar fácilmente alrededor de ocho, algunas con una mayor longitud y profundidad a diferencia de otras. A un costado de donde se encuentran las tumbas se localiza un arroyo, y metros más adelante está el Río Salado, una característica típica de los asentamientos prehispánicos, siempre procurando estar cerca de donde hubiese agua.

Donde se acaba el terreno del cementerio está un petroglifo, una gran piedra que tiene grabada una inscripción. Podría interpretarse como un mapa que señala la ubicación de las tumbas en el lugar, con algunas líneas que indican la comunicación existente entre ellas. Además, en la piedra están grabadas dos huellas de pies, una que parece ser de un adulto y la otra de un pequeño.
Según algunas versiones, las tumbas de tiro se encuentran en la dirección de las Grutas de San Gabriel, situación que puede verse claramente en un mapa de la región, ambos lugares se separan a tan sólo 6.7 kilómetros en línea recta en dirección al suroeste.
A unos 30 metros hacia adentro de donde están las fosas mortuorias, se encuentra una piedra donde se marcan las tumbas de tiro y las Grutas de San Gabriel, piedra que, se dice, puede interpretarse como un mapa descriptivo de estos dos lugares prehispánicos.
PROYECTO DE RESCATE
Desde hace varios años, se busca que estas tumbas de tiro se conviertan en un museo de sitio, pero el proyecto no se ha concretado.
Según el cronista municipal, José Manuel Mariscal Olivares, este lugar tiene gran importancia como patrimonio cultural, por lo que desde hace años se hizo un pre-proyecto para reactivarlo como destino turístico.
La idea es construir 20 cabañas de zacate con horcones de madera, una tienda de artesanías y un restaurante de comidas del lugar. Pero lo cierto es que no hay un plan establecido para salvar este cementerio prehispánico y así poder darle la importancia histórica que necesita la región.

Mario Alberto CASTILLO DERBEZ



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