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El sombrero de Cuatro Pedradas



Domingo 16 de Junio de 2019 12:00 am

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EL sombrero de Cuatro Pedradas es un símbolo de Colima. Lo elabora Juan José Aguilar Ramírez, quien representa la tercera generación familiar de sombrereros, pues lleva el oficio en la sangre y en el corazón.


EL sombrero de Cuatro Pedradas es un símbolo de Colima. Lo elabora Juan José Aguilar Ramírez, quien representa la tercera generación familiar de sombrereros, pues lleva el oficio en la sangre y en el corazón.
En nombre de este sombrero obedece a que tiene cuatro hendiduras, que antes se las hacían a pedradas. Esto es, les daban golpes para quitarles lo áspero y al mismo tiempo les hacían las hendiduras; luego les daban puntadas para marcarlas.
Está hecho con fina palma real de la comunidad de Agua Dulce, en Villa de Álvarez. Es tan característico de la entidad, que cuando Juan José pide el cuero de León, Guanajuato, les dice: “del color de Colima”. Y tiene tanta demanda, que igual lo piden del estado de Jalisco que de cualquier lugar de la Unión Americana.
HERENCIA FAMILIAR 
Juan José Aguilar abrió a Diario de Colima las puertas de su taller ubicado en la colonia Jardines del Centenario, en Villa de Álvarez, en donde entre hilos, cueros, sombreros, palmillas y la plancha de aluminio, platicó de su oficio.
Indica que ser sombrerero le viene de familia. Su abuelo, Maximiliano Aguilar Cortés, y su papá, Cresenciano Aguilar Aceves, se dedicaban a esta actividad. Pero, advierte, su bisabuelo Cresenciano Aguilar, también hacía sombreros, él vivía en Ciudad Guzmán, y venía a venderlos a Colima; eran de un estilo diferente, “una copa más alta, tipo caporal de Jalisco, y cuando viene aquí empieza a modificarlo, la horma la hace más chica”.
Juan José tiene 58 años de edad, y desde pequeño aprendió el oficio, ya que se crió en el taller de la familia. “Antes uno hacía lo que sus papás, si no, no comías, así que teníamos que aprender y hacer el trabajo”, dice, y recuerda que esa labor era dura, pues comenzaba a las 5 de la mañana.
A su padre le agradece que lo haya enseñado a trabajar, “aunque fue duro”, pero, sostiene, “traté de hacer algo mejor, y ahora yo presumo mi trabajo porque le meto los kilos, entonces me veo medio estricto, pero me da la satisfacción de que no me dé vergüenza mi oficio”.
PROCESO ARTESANAL
Antes, el sombrero de Cuatro Pedradas se hacía totalmente a mano y se utilizaban hormas de madera para darle forma a las cuatro hendiduras, les daban golpes con piedras para quitarle lo áspero y luego les daban puntadas para marcar las hendiduras. “Se hacían a mano, era puntada a mano, con hilo de pita”, explica Juan José.
Ahora se hace con máquinas, pero sigue siendo artesanal, y aunque puede realizar un sombrero en unas horas, para agilizar la labor trabajan por “partidas”, es decir, por 50 sombreros de una medida.
Explica que el proceso inicia con un sombrero de palmilla finamente tejida, pasa a la plancha para su marcado, después se ribetea el ala del sombrero según el largo que se quiera.
Luego, vuelve a la plancha u horno para seguir marcando la horma, después pasa al sol, enseguida se le da color con un barniz y pintura para darle el acabado, y se deja secar. Posteriormente se coloca la máscara de gamuza, las cintas y el barbiquejo. Y cuando le ponen el adorno, ¡ya está terminado!
Precisa que todo el proceso está en los dedos, “para irle dando la forma al sombrero”. Así aprendió el oficio, y ahora transmite su experiencia y conocimiento a su familia. En el taller trabaja su hijo Juan Farid Aguilar Jiménez, su yerno Salvador Rangel Montejano, y su amigo Jonathan Ceniceros.
“Quizás suena egoísta, pero no quiero que la tradición se salga de la familia, y quiero que aprendan a hacer el sombrero para que no se pierda la tradición”, puntualiza.
UN MISMO ESTILO
Juan José y su familia también elaboran otro tipo de sombreros, con el mismo estilo colimote pero con diferentes tipos de palmas. Y a cada uno le han puesto un nombre, como El Fino, El Burdo, El Campechano e Imitación a Mano.
El Fino tiene su origen en el tipo de material y acabado. Está elaborado con una trenza de palmilla muy fina, se utiliza para el domingo, pero también para el trabajo. “La gente sabe que es muy macizo, lo defiende de la breña en el trabajo de campo, a caballo de una caída, un golpe, por eso la gente lo frecuenta, para Estados Unidos lo piden mucho”, precisa.
El Burdo es muy resistente, y el nombre le fue impuesto por su papá, “por la textura del material, muy bueno, es el de combate, el más económico, lo usan mucho para el trabajo de campo”. De este tipo de sombrero hay dos medidas: falda de 8 y de 10 centímetros.
El Campechano está hecho de una tela tejida de palma muy fina, y como adorno tiene un cuero en color blanco, como se lo piden en unas partes de Jalisco. “Se llama así por el material. En donde nos juntamos decimos: ‘la tela campechanita’, y sabemos que es esta tela de palma, es finita, y se le quedó el sombrero colimote campechano”, cuenta.
El Imitación a Mano también es macizo, lo utilizan mucho para los eventos de charrería, incluso está reglamentado como el sombrero de charrería. Debe ser una medida de 12 centímetros.
Aunque no le piden tanto, también elabora el sombrero llamado De Hilo, porque está hecho con cantón con manta, que se hacía cuando empezaron las máquinas. “Es muy duro, para la gente de antes era su escudo, su protector en el campo, todavía hay gente que extraña esos sombreros, la gente cuando los ve, dice: ‘el que usaba mi tío, porque trae una historia desde 1840. Lo hacemos para que gente sepa que sabemos hacerlo, pero los materiales ya casi no se ven y es difícil encontrarlos. Es un clásico”.
SOMBREROS A LA MEDIDA
Juan José Aguilar considera que el sombrero está retomando su auge, pues “las personas que se lo ponen quieren traer algo que les da gusto, es un orgullo para la gente y para mí, el que lo distingan como el sombrero de Colima”.
Antes no había mucha demanda porque solo había una medida, la 56, y decían que no “había para los de cabeza grande, entonces les quedaba muy chico, y ahora que hacemos el 58 ha habido más demanda”.
En el taller de la familia Aguilar se producen 500 sombreros al mes, con lo que tratan de cubrir el mercado, el cual antes era principalmente Jalisco, pero luego de que en enero pasado falleció el sombrerero Pablo Jiménez, sus clientes empezaron a buscar a Juan José.
También complace los gustos de sus clientes, pues ahora le están pidiendo un sombrero con falda corta, de 6 centímetros, que lo utilizan en lugar de cachucha.
Juan José Aguilar es el único en Colima que elabora el artesanal sombrero colimote. “Estoy tratando de rescatar la tradición en Colima, que sigo haciendo algo que distinga a Colima, en cualquier parte”, pues le da gusto que sus clientes defiendan y se sientan orgullosos de su sombrero.
El sombrerero tiene experiencia en el trabajo a mano y máquina, y para él no es difícil su labor porque, asegura, “cuando a uno le gusta lo que hace, no es difícil hacerlo”.
Sin embargo, considera que falta apoyo del gobierno para este tipo de artesanos. Desde hace tiempo, Juan José ha tocado puertas para que se le ayude a mejorar su taller y no ha encontrado ninguna abierta.


Elena DEL TORO



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