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La Casa del Catrín, entre la historia y los fantasmas



Domingo 07 de Junio de 2020 6:56 am

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ES una casa antigua colimota que entre sus paredes guarda la historia de una de las familias más poderosas de Colima, la del primer gobernador del Estado, Manuel Álvarez; pero también historias de fantasmas y de ahí deriva su nombre: la Casa del Catrín.
Por sus pisos y pasillos caminó la familia de Manuel Álvarez, quien el 19 de julio de 1857, fue designado gobernador provisional de Colima, bisabuelo de la gobernadora Griselda Álvarez. La casa sigue perteneciendo a la familia Álvarez, descendientes del Mandatario.
Esta casa de adobe se empezó a construir en 1810, año en que comenzó la Independencia de México, en la calle de los Almacenes, actualmente la calle Manuel Álvarez, en pleno centro de la ciudad.
Sin embargo, los primeros mapas de la ciudad ubican el edificio en las orillas de Colima. Tenía 16 habitaciones, dos patios, una capilla, arcos, una fuente central, varios pasillos y diversos árboles frutales.
Los sismos destruyeron la edificación siendo modificada en varias ocasiones. A la fecha tiene dos plantas, en la baja tiene siete cuartos, un patio y un corredor central con arcos, mientras en la alta, otro cuatro y otro patio.
Actualmente es rentada por el Ayuntamiento de Colima, y es anexo del Archivo Histórico del Municipio de Colima. Ahí se encuentran los acervos del Siglo 20. A través de un convenio con el arquitecto Víctor Ayala, está ahí la galería la Casa del Catrín.
Pero su nombre Casa del Catrín, le viene desde hace muchos años atrás, ya que por 1939 el doctor Miguel Galindo escribió el relato de un fantasma en Colima, y cuenta que en una de las remodelaciones, un albañil vio a un hombre catrín en la habitación que se encuentra a un costado de la capilla. El sujeto vestía traje negro, zapatos de charol y sombrero de copa.
HISTORIA Y CULTURA
El inmueble está marcado con el número 40, su fachada en colores café, verde y blanco, y grandes ventanas, muy al estilo de la arquitectura colimota. Está en excelentes condiciones. En la entrada se mezcla la historia con el arte, y por un pasillo se aprecia el techo de madera y al fondo un patio central resguardado con un frondoso mango.
Al caminar por el pasillo se observan los cuartos, que en ese momento estaban cerrados, al fondo está uno abierto, aunque no hay nadie, se deduce que trabajan ahí los artistas plásticos, pues hay pinturas. Atrás está otro cuarto que también es utilizado por los artistas como estudio. Al fondo, de lado derecho está un enorme arco y unas escaleras de piedras, que llevan a otro jardín, pero está cerrado con una puerta de fierro.
El patio rodeado de arcos, casi en la esquina tiene una fuente pequeña muy pelicular, con una figura de una animal en color negro, con ojos abiertos y la boca también, de esta última de ahí sale el agua. La figura llama la atención, pues es una especie de mono o perro, que se encuentra agachado con las manos en la cabeza.
El historiador y archivista, José Agustín Márquez Gileta, refiere que la Casa del Catrín es un una casa muy especial, tiene una leyenda escrita por el doctor Miguel Galindo, acerca de la aparición del catrín.
Márquez Gileta, durante un año trabajó en la restauración del inmueble, dedicándose a la madera, por lo que intervino techos, puertas y canceles, narra que le tocaron anécdotas y conoció de cerca las leyendas de la casa. Aclara que a él no se le apareció El Catrín, pero le pasaron varios misterios. En la casa hay un espacio en donde hay una percepción especial, una sotehuela que no tiene mucha explicación, pues al fondo del corredor se llega por unas escaleras de piedra y hay un patio, pero abajo no hay nada.
Cuando trabajó en la restauración de la casa, había personas que pedían entrar, “decían que tenían capacidades para percibir presencia, fueron varios”, pero había otras que le solicitan permiso para verla y no sabían que tenían esa percepción.
Recuerda que una señora le pidió permiso para verla, pues le llamó la atención la casa, así que entró y caminó, pero al pasar de regreso “me dijo ‘no sé qué pasa, no sé qué tengo, pero no sé qué siento’, y tenía la piel chinita”. También una trabajadora del Ayuntamiento de Colima que iba a llevar unos papeles al Archivo subió a las escaleras, iba con otro señor, le decía “mira es que aquí pasó algo, mira, ¿sientes?”.
En tanto, otra conocida, que acudió a la vivienda cuando él se encontraba trabajando, le comentó que cuando era pequeña era amiga de las hijas de las dueñas, por lo que ahí jugaban y se espantaban. Ese día, nuevamente entró, sintiéndose rara, le dijo. Al otro día, le comentó que toda la noche no pudo dormir por un dolor de cabeza y sentía angustia.
Además, Gileta refiere que en la casa hay una fuente “muy rara porque es como una pila empodrada en el patio, pero las fuentes tienen cisnes, angelitos, sirenas, pero ésta lo que tiene es un chango, que se supone que hecha agua por la boca, tiene las manos en la cabeza se está agarrando los oídos y tiene una expresión muy fea”. Añade que cuando terminó la restauración de la casa, regresó a trabajar al Archivo, pero su hijo Aldo se quedó encargado del mantenimiento y la vigilancia del inmueble, ya que ahí están los acervos del Siglo 20. En ese entonces la casa estaba normalmente sola, hasta que al Subdirector le dieron un proyecto para modernizar el Archivo. Aldo trabajaba con él. Generalmente estaban solos en tanto contrataban más personal, pero un día su hijo Aldo le platicó que cuando él salía a comprar su torta, el licenciado lo esperaba sentado en la puerta.
Una ocasión Aldo no pudo ir a trabajar porque tenía su hija enferma, y tampoco fue el licenciado a trabajar a la Casa del Catrín. Además, con frecuencia le preguntaba a Aldo si le hablaba, pero cuando le respondía que no, “se iba triste”.
Refiere que en una ocasión el licenciado hablaba con una persona mayor, éste le comentaba que había mucha “presencia” en la casa, que era un lugar extraordinario y que las presencias se juntaban donde había agua. Recuerda que cuando trabajó ahí taparon un baño, que tenía una pila con agua, pero nadie lo sabe, “la tapé y le puse un librero encima de la puerta, porque era un baño muy feo, tétrico, oscuro”, y cuando esta persona pasó por ahí, se detuvo y dijo, “aquí hay agua, aquí hay presencia”. Los tres rezaron y “les dijo ya váyanse, ya no asusten a la gente, son gente buena que viene trabajar”.
También les señaló que en la fuente hay presencia porque también hay agua, ahí se aparecen tres: un militar, un cura y un catrín. Luego se canceló el proyecto. Posteriormente el espacio se transformó en una galería, que da vida nuevamente a la casa.
La casa perteneciente a la arquitectura civil está abierta de lunes a sábado de 11 a 7 de la tarde, por lo que las personas pueden recorrerla y adentrarse a la historia de las familias antiguas de Colima, pero también quizás encontrarse con El Catrín.

Elena DEL TORO



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