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Las ruinas de templo de los Mercedarios



Domingo 19 de Julio de 2020 6:48 am

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EN la azotea de las viviendas marcadas con los números 27 y 33 de la calle Gildardo Gómez, en pleno centro de la ciudad, se observan unas ruinas que llaman la atención de transeúntes y automovilistas: es lo que queda del templo del convento de los Mercedarios.
El color naranja de la casa del número 33, con ventanas y puertas blancas, contrasta con las ruinas de piedra y tabique, que según referencias bibliográficas su construcción empezó a planearse desde 1606.
Aunque a la vista pareciera que las ruinas están sobre las viviendas, no es así, se encuentran en la parte de atrás, pero se observan por la calle Gildardo Gómez. Las ruinas corresponden al primer templo en honor a la Virgen de la Merced, que contaba con su torre y campanario, edificación que según los registros tenía singular belleza.
La ficha de las ruinas que se encuentra en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) refiere que su construcción fue en el Siglo 18, con intervenciones en el 19.
En la descripción señala que en el interior del inmueble de la calle Gildardo Gómez, por la parte superior de la fachada, se observan unas ruinas de lo que fue el Convento Mercedario, conservando sólo parte de los muros en los que se aprecian dos ventanas circulares pequeñas.
“El derrame de un vano que se encuentra tapiado y los arcos de descarga forjados con tabique de barro recocido que forman parte de su sistema constructivo. Los muros de piedra corresponden a la capilla, ya que se observan vestigios del arranque testero de la bóveda”, precisa el documento.
De la historia, señala, a mediados de 1607 llegó el mercedario Fray Antonio González para fundar el convento de su orden. Durante los dos siglos siguientes, poco se menciona en los documentos la existencia de este convento en el que algunos ricos colimenses pidieron ser enterrados.
Por el estacionamiento de la Presidencia Municipal de Colima, se observa la parte posterior de las ruinas del Convento, y su estructura de tabique y piedra continúa hasta el inmueble del Ayuntamiento, y es que este edificio tuvo su origen en el antiguo convento de La Merced, que existió ahí durante más de 200 años.
En su libro La ciudad de las palmas, Ricardo Guzmán Nava refiere que en 1606 llegó a Colima la orden de los Mercedarios, estableciéndose aquí sin la autorización del cura párroco de la villa, por lo que existieron originalmente ciertos problemas con la autoridad.
Los Mercedarios ocuparon a través del tiempo toda la parte norte y poniente de la manzana en que actualmente se encuentra la Presidencia Municipal, edificando un templo con su torre y campanario, celdas para los religiosos, patio con corredores cubiertos y demás espacios del convento.
En 1650, el Obispo de Guadalajara prohíbe a los Mercedarios la administración de “Tierras y Haciendas”, nombrando administrador en 1664 a Don Luis de Villegas. Años después, como consecuencia de la expedición de las Leyes de Reforma en 1855, fue expropiado el convento de La Merced, permaneciendo cerrado y bajo control del gobierno. De acuerdo al libro Los Mercedarios en Colima. Haciendas y trapiches, de Magdalena Escobosa Hass, el antiguo templo y convento fueron adjudicados en la irrisoria cantidad de 5 mil pesos al francés Juan María Latapie, quien había planeado radicar en Colima y edificar, en ese lugar, un hotel que sería uno de los primeros en establecerse en la ciudad.
Sin embargo, no se sabe qué pasó con Lapatie, pues sólo dejó a su famoso albacea y heredero de todos sus bienes, el entonces diputado de origen italiano radicado en Villa de Álvarez, Agustín Alvarelli.
En 1864, Alvarelli levantó la nueva y gran casa que convirtió en Hotel Sociedad de Colima, pero luego de unas transacciones, pasó a propiedad del entonces gobernador Gildardo Gómez.
En su libro, Ricardo Guzmán Nava refiere que, siendo gobernador del estado Enrique O. de la Madrid, mandó construir, utilizando los fuertes muros del exconvento, la “Escuela Superior Porfirio Díaz”.
Al triunfo de la Revolución, se le cambió el nombre en 1914, por el de “Ramón R. de la Vega”. En 1916, durante la administración del general Juan José Ríos, en el mismo edificio se fundó la Escuela Normal Mixta del Estado.
Desde 1941 se aloja la Presidencia Municipal, en una parte de este edificio, que se supone fue construido y adaptado por el alarife Miguel Contreras Guzmán, originario de Autlán de la Grana, mismo que construyó en 1914 el Palacio Municipal de Comala.
EL TESORO DEL ÁNIMA
El inmueble también tiene una leyenda conocida como El tesoro del ánima guzga, en referencia a un señor que le decían El ánima guzga, quien vivía en la casa donde anteriormente era el convento.
Se dice que una noche, el hombre vio la figura de un monje caminando hacia el túnel de un lado donde antiguamente fue la sacristía del convento de los Mercedarios, por 1716 la historia se repitió durante varias noches, el monje desaparecía a la entrada del túnel. Pensando en que quería decirle algo, el hombre fue hacia el túnel y golpeó donde se desapareció el monje, ahí encontró un cántaro con monedas de plata y oro, las cuales vendió y con ese dinero compró ranchos y ganado.
Al dar en vida la herencia a sus hijos, el señor se quedó solo, y aunque parecía no tener dinero, se quedó con más monedas, pero ya no se quería dar a sus hijos. Cuando murió quedó la sospecha de que el dinero quedó sepultado en alguna pared del túnel.
Los vecinos decían que El ánima guzga se aparece por las noches en esa casona al frente del zaguán, probablemente cuidándola para que nadie saque el tesoro que quedó o tal vez le quiera decir a alguien dónde está el resto del tesoro para que su alma pueda descansar.
SIENTEN PRESENCIA
Actualmente, en la casa marcada con el número 33 de la calle Gildardo Gómez, que tiene en su azotea una parte de las ruinas del convento, vive el señor Luis García. Tiene 9 meses rentando la vivienda, ahí vive con su esposa y su hija.
Menciona que en el tiempo que tiene ahí, han acudido personas a instalarle servicios. En una ocasión uno le preguntó: Oye, ¿no has sentido una vibra?; “Yo les digo que no soy seguidor de eso, y me dijo: ‘desde que me metí siento como una vibra, es que a mí me persiguen’”. Siguió trabajando, pero al poco rato le dijo que se sentía mal porque alguien lo seguía.
Esta situación ha sido repetitiva cuando una persona acude a realizar algún servicio a la vivienda. “Me dicen: ‘cuando te levantas en la noche, ¿no sientes algo raro?, ¿no has oído o no has visto nada?’, les digo que yo no, ni mi hija ni mi esposa; me dicen: ‘siento que si traes a alguien que te van a decir que sí existe algo, porque se siente una presencia de alguien’”. Añade que él se levanta en la madrugada, pero nunca ha sentido ni ha visto nada. 
Menciona que su vivienda está reconstruida, y no es apta como una casa, porque todo está muy pequeño, como los cuartos, la cocina y la sala. Además tiene cosas sin sentido como un cubículo, que es como una pared tapada, y entre esta vivienda y la de a lado hay un hueco muy grande.
Luis García menciona que parece que todo está enlazado hasta con el Ayuntamiento de Colima, que fue en su tiempo parte de la misma propiedad.
En la parte baja de la vivienda está un bazar y un espacio para comercio con una cortina, en medio está la entrada a la casa que renta el señor Luis García. Toda la cuadra de Gildardo Gómez hay viviendas en lo que fue el templo, y seguramente hay muchas historias que contar.

Elena DEL TORO



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