Aumento de impuestos a refrescos y considerar papitas, galletas y pastelitos; la fórmula para combatir la obesidad

Miércoles 09 de Septiembre de 2020 10:28 am
+ -La política fiscal debe incluir el universo completo de productos con excedente de nutrientes críticos.
Ganar la batalla contra la obesidad en México pasa por
diseñar una política fiscal que contemple el aumento del Impuesto Especial
sobre Productos y Servicios (IEPS) a refrescos y amplíe el debate, con base en
evidencia científica, sobre qué otros productos ultra procesados son
merecedores de dicho impuesto.
Reconocer que la obesidad es un problema multifactorial en
el país, es el primer paso para diseñar estrategias que tomen en cuenta
impuestos globales a bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, activación
física y campañas educativas.
El planteamiento del Congreso de la Unión de aumentar el
IEPS a refrescos debe ampliar el análisis sobre qué otras industrias y
productos, con base en la evidencia científica, deben tener este impuesto
especial.
La Organización Panamericana de la Salud es enfática al
respecto: las bebidas azucaradas aportan un tercio (28%) de todas las calorías
que consume la población en América Latina. Y el 72% restante proviene de los
alimentos procesados, que contienen azúcares, altas cantidades de grasa y
sodio, en un contexto en donde México mantiene un consumo alarmante, pues somos
el mercado minorista de snacks más grande en la región y el de mayor
crecimiento esperado.
La misma OPS, en información que ha sido retomada por el
Instituto Nacional de Salud Pública, advierte que en el país se consumían 214
kg de alimentos ultraprocesados por persona en 2014, en los últimos datos
disponibles. Esta circunstancia nos coloca en el primer lugar en América
Latina. En México, las industrias de las papas fritas, galletas y snacks son de
las más importantes, sobre todo entre niños de 5 a 11 años de edad, quienes las
consumen regularmente, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud
2018, la más reciente disponible.
De igual manera, a nivel nacional se ha seguido la tendencia
estadounidense donde hasta un 40% de la población ha sustituido comidas
completas por snacks, botanas y dulces, de acuerdo con información del Tetra
Pak Equity Tracking 2019, retomada por Milenio. Lo anterior serviría para
explicar los crecientes índices de obesidad y otras enfermedades con componentes
metabólicos como la hipertensión y la diabetes en el país.
Para poner lo dicho en perspectiva basta con decir que los
mexicanos registran la adquisición más alta de artículos de uso masivo en el
mundo, especialmente en snacks, botanas y dulces, conforme a lo publicado por
el estudio Brand Footprint.
En las principales ciudades mexicanas, donde el problema de
la obesidad es más grave, el mercado de “snacks” sumó un valor de más de 53 mil
millones de pesos según datos de Kantar Worldpanel. Si dividimos esta cantidad
entre la población mexicana, representa un gasto de más de 417 pesos por
persona en estos papitas, galletas o pastelillos.
En lo que refiere a cárnicos, aunque estos han sido
señalados por la Organización Mundial de la Salud como cancerígenos y aunque
contienen altas cantidades de sal y grasas dañinas, su consumo fue de 973 mil
toneladas durante 2018, de acuerdo a lo indicado por Comecarne, lo que equivale
a alrededor de 7.5 kilos por persona al año.
Los productos preferidos en esta área son los jamones y
salchichas de pavo, que han sido señalados por la Profeco por no llegar a los
grados nutricionales recomendados y, en algunas ocasiones, contener otras
fuentes de proteína no señaladas.
Tanto la Organización Mundial de la Salud como la
Organización Panamericana de la Salud han alertado en numerosas ocasiones sobre
las tendencias de consumo de estos productos, que incluyen por lo menos 21
industrias, entre ellas la refresquera y de bebidas azucaradas.
Por ello, es positivo que la política fiscal contemple, un
aumento del IEPS a refrescos y bebidas azucaradas, y que además se aplique el impuesto especial a alimentos
ultra procesados, hipercalóricos, comidas rápidas y suplementos dietarios con
bajo aporte nutricional que más inciden en el sobrepeso y la obesidad de los
mexicanos para que, con base en datos y evidencia científica, se establezcan
políticas públicas encaminadas a reducir estas tendencias.