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El orgullo de crear figuras de barro prehispánicas



Domingo 27 de Septiembre de 2020 6:57 am

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Con pasión, habilidad y destreza, el artesano José Luis Ríos Alcalá crea figuras prehispánicas de barro, buscando sean lo más parecido posible a aquellas elaboradas por los antiguos nahuas que hace cientos de años habitaron Colima.
Tiene la satisfacción de poseer la habilidad en sus manos para crear y restaurar figuras prehispánicas en barro o arcilla. El oficio lo aprendió en el seno familiar, pues es una tradición de más de 50 años.
Observando a sus hermanos reparar y crear figuras prehispánicas aprendió el oficio, pero también ha leído libros de arqueología mexicana para tener más conocimiento y mejorar sus figuras. Aunque nunca pensó dedicarse a este oficio, lo desarrolla con alegría y orgullo, con el afán de conservar una tradición y satisfacer a quienes gustan del arte en arcilla.
Relata que cuando tenía 10 años de edad, su papá y sus hermanos cultivaban las parcelas. Al preparar las tierras metían arados y “en ocasiones surgían figuras prehispánicas y las conservaban, unas salían con un brazo roto, una pierna, a veces sin cabeza, uno de los hermanos empezó a experimentar para hacerles las partes que les faltaban y dejarlas completas”. Así aprendieron la técnica de restauración, luego crearon figuras completas que coleccionistas o personas que gustaban del arte les pedían por encargo. Se dieron cuenta que era una actividad que les permitía obtener ingresos.
Eran muy observadores, así crearon nuevas piezas con una técnica muy parecida a la náhuatl. “Con trabajo y dedicación desarrollaron la técnica, y en consecuencia los clientes crecieron”. Añade: “Todo lo he aprendido empíricamente, la técnica nosotros la desarrollamos en el núcleo familiar, casi todos mis hermanos la aprendimos y ahora mis hijos aprendieron de mí”, para ellos es una actividad alternativa, pues unos son profesionistas, pero les gusta trabajar el barro.
SURGEN DEL BARRO
El material principal para trabajar es el barro o arcilla, que trae de Nogueras, un lugar que habitaron los antiguos pobladores, “es el mismo material que utilizaban ellos, y trato que mis figuras sean del mismo material”.
El proceso inicia dándole al barro la figura que desea realizar, luego pinta la pieza con los pigmentos utilizados en la región como blanco, rojo y el color natural del barro, siendo lo más parecidos a los prehispánicos. Así le da la forma a la figura, la bruñe o pule, luego la pone a secar y la pasa al horno en donde permanece aproximadamente 2 horas a fuego continuo gradual, hasta llegar a una temperatura de 700 a 800 grados centígrados.
Una vez horneada la pieza queda con color natural de barro, continúa la técnica aprendida por ellos para hacerla ver antigua dándole un baño de tierra, que procede de las tumbas de tiro, las impregnan y simulan las manchas que adquieren las piezas al paso de los cientos de años que estuvieron bajo la tierra.
El tiempo para crear una pieza depende de su tamaño, pues en un perro tlalchichi pequeño tarda aproximadamente una hora; en otras más grandes le llevan hasta 2 días en darles forma, pero luego tiene que pintar, bruñir y hornear. El tiempo aproximado es de 3 a 4 días en cada pieza. Para él es un logro que con la habilidad obtenida con los años sus figuras se acercan más a las piezas originales.
Recuerda que en una ocasión visitó el Museo de Nogueras, y escuchó una plática entre la encargada del Museo y un administrador de la Hacienda de San Antonio, de que los artesanos de Colima no tenían la suficiente habilidad para desarrollar las piezas prehispánicas, él les comentó que esto se debe a que no tienen acceso a estos espacios y no pueden observar los detalles de las piezas.
En su caso, paga la entrada a los museos para conocer mejor las piezas, pero le gustaría tener un permiso especial para entrar y observar directamente los detalles de las figuras que están guardadas ahí.
“Me gustaría entrar a los museos para detallar las figuras como realmente son, difundir lo que realmente tenemos en Colima, que es un arte que en pocos lugares se puede ver, claro, que están las culturas maya y teotihuacana, pero en Colima el arte en barro es muy relevante”.
Refiere que falta más apoyo a los artesanos, pues en su caso pide tener acceso a los museos para “observar las piezas que sólo aquellos que pagan por ver las miran”, y él pueda exhibirlas en las tiendas de la ciudad para que gente vea otras cosas aparte del tlalchichi y el xoloitzcuintle, que son los más vistos, pues hay otras figuras importantes como aquellas que hacen referencia a la maternidad y algunas actividades que desarrollaban los antiguos náhuatl. “A veces por estar preocupado por conseguir para comer, me dejo de visitar esos lugares, pero sí me gustaría que alguien me diera ese apoyo”, añade.
LOGROS Y TROPIEZOS
Hace unos años intentó ocupar una vacante de un museo de la Universidad de Colima, con la finalidad de difundir la técnica y la habilidad a los jóvenes estudiantes, “pero me discriminaron por la edad, me dijeron que le iban dar la oportunidad a los jóvenes, pero siento que la experiencia y la habilidad que desarrollé durante tantos años puede ser mejor que la de un joven, tengo experiencia en el bruñido y desarrollo de las piezas manualmente”.
Alcalá tiene la satisfacción de que sus piezas llegan a diferentes estados y países. Unas que recientemente le compraron en Cuernavaca, Morelos, tenían como destino Venecia, Italia. Entre sus logros está haber realizados dos perros tlalchichis enormes emblema del Hotel María Isabel. También participó en un libro sobre los artesanos, editado por la Universidad de Colima y el Gobierno del Estado. Sus figuras prehispánicas las comercializa en diferentes tiendas del centro de la ciudad.
Refiere que entre quienes se dedican a esta labor conocen el trabajo de cada uno, “hay pocos los que dedican a esto, pero no tienen tanto tiempo desarrollando la técnica”, pues en su caso ha sido reconocido por escultores y especialistas que consideran su labor como intervención y modelado de elementos para restauración de la cerámica precolombina.
Sencillo como es don José Luis, para él el arte en arcilla es un pedacito de la tierra colimense. A sus 62 años de edad, vive de sus producciones en barro. Sin embargo, la pandemia por Covid-19 afectó sus ingresos, porque al no haber turismo no hay venta de sus piezas, pero también lo vio como un área de oportunidad, porque se dedicó a producir y tiene en puerta un contrato para comercializar figuras a otros estados.
Con la experiencia acumulada, Ríos Alcalá señala que puede realizar cualquier pieza que se encuentre en los museos. Crea figuras de flora, fauna y diferentes actividades que los antiguos desarrollaban y plasmaban en barro.
Invita a las personas interesadas en comprar una figura de barro que acudan a su taller ubicado en el jardín del Arte Juan Arrúa, que está en la calle Andador Leonel García 16 B en la colonia San Isidro, en Villa de Álvarez.

Elena DEL TORO



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