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Jardín Núñez, la alameda de Colima



Domingo 08 de Noviembre de 2020 7:00 am

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HACE 170 años, el lugar donde se encuentra el Jardín Núñez era un amplio solar con grandes árboles, conocido con el nombre de Plaza Nueva o Plaza de las Armas, ahí se reunía la gente del pueblo y también descansaban los arrieros del Camino Real.
Años después, el general José Silverio Núñez, segundo gobernador y comandante militar de Colima, tuvo la iniciativa de convertir este lugar en una “alameda” para el recreo de los colimenses. También fue el recinto de la Feria de Todos los Santos durante 51 años.
Actualmente, el Jardín Núñez sigue siendo un espacio de descanso y esparcimiento de los colimenses, y también de referencia para visitantes y turistas. Además es un punto de venta importante para los comerciantes en fechas representativas: en septiembre, de artículos patrios; en diciembre, de productos navideños y de antojitos tradicionales durante el Docenario a la Virgen de Guadalupe, aunque este año podría suspenderse por la pandemia.
SU HISTORIA
De acuerdo con libro La ciudad de las palmas, en su historia, cultura y progreso, de Ricardo Guzmán Nava, en 1850 había en el lugar donde se encuentra este jardín un amplio solar con grandes higueras, árboles y arbustos, conocido con el nombre de Plaza Nueva o Plaza de las Armas. Era punto de reunión de la gente del pueblo, de los arrieros que descansaban ahí con sus “recuas”, y de los vendedores de comida, antojitos y golosinas, formándose durante las noches un alegre “rastrillo”.
El general José Silverio Núñez, segundo gobernador y comandante militar de Colima, tuvo la iniciativa de convertir este lugar en una alameda, iniciándose las obras bajo la dirección del ingeniero Longinos Banda, con un trazo muy semejante al de la alameda de la Ciudad de México.
Aun cuando el general Núñez no pudo ver concluida su obra, los siguientes gobernantes continuaron su embellecimiento, levantándose en su derredor un muro protector de poca altura, con bancas interiores para descanso de los visitantes y seis elevados portones de 5.60 metros de estilo neogótico regional, construidos por el experto alarife colimense Antonio Alderete, maestro y protector del también famoso alarife Lucio Uribe. En 1863, el gobernador Ramón R. de la Vega inició la colocación de una verja de hierro sobre el muro perimetral ya existente.
La transformación de la alameda fue obra del gobierno de Gildardo Gómez, en su segundo periodo (1891-1893), convirtiéndola en un bello muestrario de la flora colimense, con árboles de cada una de las especies del estado. A la gran riqueza arbórea de la alameda, se agregó también una importante plantación de laureles de la India, traídos de Mazatlán por el profesor Blas Ruíz.
Asimismo, se ornamentó con extraordinarios macizos de rosas, flores exóticas, filigranas de plantas en los prados y decoraciones artísticas con cedros recortados que simulaban jarrones y aves, todo bajo el cuidado de una artista enamorado de la jardinería: Rosendo Rivera.
En los primeros años del siglo pasado fueron suprimidos los portones, los muros y la verja de hierro, ya deteriorados por los sismos. También se removió la Fuente de los Patos, en 1931.
Durante la administración revolucionaria del general Juan José Ríos (1914-1917), se le puso el nombre de Jardín “Gral. José Silverio Núñez”, y se erigió un monumento en homenaje a su iniciador, quien había sido también uno de los más valientes defensores de la República. Se colocaron sendos pedestales con otros adornos, como jarrones, un león y un águila en la fuente central, que juntamente con el busto del general Núñez, fueron obras del escultor colimense Leonilo Chávez.
La decadencia del Jardín Núñez se inició en 1931, refiere el documento, y añade que recientes administraciones municipales han mejorado notablemente este jardín, construyendo en el centro una fuente monumental durante la administración del licenciado Arturo Noriega.
En 1906 se trasladó al Jardín Núñez la Feria de Todos Santos, en donde tuvo su mayor esplendor hasta 1958, en que nuevamente se cambió al norte de la Calzada Galván.
FALTAN MEJORAS
Una placa un poco deteriorada por el sol que se encuentra en el jardín reza: “Jardín Núñez, llamado así en homenaje a Silverio Núñez, segundo gobernador de Colima. Hasta el inicio del Siglo 19 los arrieros del Camino Real apersonaban sus bestias en los frondosos árboles de un predio ubicado en este lugar.
“En 1802, el Ayuntamiento lo denominó Plaza Nueva y en 1857 el gobernador Silverio pretendió convertirlo en una Alameda similar a la de la Ciudad de México. En 1891 fue considerado jardín botánico colimote. En las postrimerías de la Revolución, el entonces gobernador Juan José Ríos, lo llamó con su nombre actual. Fue sede de la Feria de Todos los Santos, de 1906 a 1957”.
Junto a esta placa está la escultura El Tubero, instalada en 2009 y hecha por el artista Gil Garea. Originalmente, El Tubero tenía dos grandes balsas que representan en donde llevaba el líquido tradicional, pero ya no las tiene. Unas personas refieren que se las robaron, las autoridades dicen que están resguardadas. Así como la escultura El Tubero está “mutilada”, también hay una pequeña fuente quebrada y el piso del jardín luce sucio, principalmente a la altura de la calle Madero. 
Si bien el espacio está limpio, hace falta mejorar este espacio de recreo, como plantar más árboles, embellecerlo con flores y reparar la fuente principal que tiene varios meses descompuesta.
El espacio también es un punto en donde convergen diferentes trabajadores: estibadores y boleadores, que se colocan en las bancas esperando la llegada de clientes.
Durante 27 años, el bolero Felipe Estrada Álvarez ha estado ofreciendo su trabajo en este espacio, y comenta que le tocó conocer la remodelación hecha por el ingeniero Arturo Velasco Villa, que la recibió Carlos Vázquez Oldenbourg. Antes de las mejoras, el jardín era diferente, había unos maceteros en el área de la calle Juárez, que luego las cambiaron por jardineras. Con las jardineras quitaron los espacios para que la gente pudiera sentarse, “en las otras jardineras, las personas podían sentarse a tomar agua, el tejuino, el raspado”.
Considera que el jardín se encuentra en buenas condiciones, aunque la fuente principal tiene casi 2 meses que no funciona, otras fuentes están quebradas, “incluso están peligrosas porque me ha tocado ver que andan niños arriba de ella y una cosa de esas no está livianita, está pesada y hasta puede ocurrir una desgracia”.
Refiere que durante muchos años este espacio ha tenido mala fama por la presencia de trabajadoras sexuales, que ofrecen sus servicios casi todo el día, desde la mañana hasta aproximadamente a las 7 de la tarde, pero en la noche llegan otras personas con esta misma intención.
También, por la calle Revolución, se colocan a temprana hora los llamados cargadores, “que si una persona llega con su camioneta y ocupan una mudanza, ellos corren a ofrecerse sus servicios. Desde que yo llegué ya estaban ellos ahí”.
Para él, el jardín está cuidado, cada cierto tiempo podan los árboles, de hecho la semana pasada recortaron los árboles por la calle Juárez. “Es un espacio representativo para los colimenses, y la gente que viene de fuera lo toma como un punto de referencia”, refiere Felipe Estrada.
El también bolero Salvador Águila Déniz, quien tiene 10 años trabajando en el espacio, coincide que todo el jardín está en buen estado, pero refiere que visitantes y turistas consideran necesaria la instalación de baños públicos. Concuerda que el jardín es un punto de encuentro, pues la gente acude a resguardarse bajo los árboles, “mucha gente viene a comer, a degustar un pollo, comer bajo un árbol o una palma”.
A su vez, la señora Diana Tapia, quien estaba disfrutando la sombra de un árbol, dice que el jardín está en malas condiciones, “le falta más auge, como que todo está muy deteriorado”, pues faltan mejoras en jardinería, árboles, banquetas. “Está limpio, pero está deteriorado, es importante para los ciudadanos y para el turismo, pero todo está pésimo, en sí todo el centro histórico está muy deteriorado, está muy abandonado, olvidado”.
Finalmente, la joven Ana Cárdenas, quien estaba sentada sobre el verde jardín, refiere que el Jardín Núñez es un espacio fresco para descansar, leer un libro o simplemente ver pasar a la gente.

Elena DEL TORO



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