Lo vi a lo lejos, sentado en una
de las mesas del lugar, uno en el que jamás hubiese pensado hallarlo, sus
sitios habituales eran otros. Pero eso pasó a segundo término cuando recordé
que Pedro había muerto hace poco. Me tranquilicé pensando que seguro era
alguien parecido. Eso me hizo voltear al resto de las mesas. Uno a uno fui
reconociendo a los comensales. Un impulso me hizo regresar a donde inició mi
reconocimiento de personas. Pedro, ahora no quedaba duda, me miró sonriendo. Me
quedé estupefacto. De pronto, como si se hubiesen puesto de acuerdo, todos
voltearon hacia mí, sonrientes. Supe de inmediato que la acción además de
concertada traía consigo una intencionalidad muy clara. Algo así como un
genuino gesto de bienvenida. Me quedé mirándolos, intentando recordar cómo y cuándo
habían muerto todos ellos.