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Un siglo de aspiraciones frustradas



Domingo 21 de Noviembre de 2021 7:44 am

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LA política es de constancia, decisión y circunstancia. La historia ilustra y nos afirma que, para muchos, para la mayoría, el camino de la política ineludiblemente siempre estará lleno de obstáculos, desfiladeros, pantanos, laberintos y cruces que les impedirán llegar, obra y gracia la circunstancia; mientras que, para otros, el mismo se abre llano, como al alcance de la mano.
La historia política de Colima es un buen ejemplo, he aquí los últimos 100 años de aspiraciones frustradas de algunos que, con todo a favor, inexplicablemente quedaron en el intento, algunos, habiéndose acostado a dormir siéndolo, para despertar frente a la noticia de que siempre no.
Este recuento lo inicio y termino con los gobiernos estatales emanados de la llamada Revolución Mexicana, omitiendo algunos eventos dignos de más amplios estudios, puesto que involucran actores nacionales que, con el poder en la mano y con sus intereses por delante, no resistieron la tentación de meterse en la política colimota, como el “jefe máximo”, Plutarco E. Calles, cuando hizo desconocer, “por sus creencias”, mediante “desaparición de poderes”, al decente médico Gerardo Hurtado Suárez, para hacer gobernador al entonces desconocido joven abogado y diputado federal Francisco Solórzano Béjar, en 1924, con apenas 25 años de edad y quien a la postre, como interino, cubrió el mandato para el que nunca fue electo.
Salvador Saucedo fue quien cavó las aspiraciones del otrora cercano a Obregón, Higinio Álvarez García, quien, habiendo ganado la elección y declarado gobernador, víctima de otra vendetta callista no tomó posesión, se la anuló por “desaparición de poderes” en 1931. Otro caso fue el del acreditado J. Reyes Pimentel Sánchez, quien con el abierto respaldo de la mayoría cayó (por mal cálculo político de su benefactor, S. Saucedo, quien en mala hora se declaró callista), ante Miguel G. Santana, en 1935, que, favorecido por el agravio contra Lázaro Cárdenas, con la “desaparición de poderes”, de espaldas al pueblo lo ayudó a entrar al palacio.
En 1939, Jorge Huarte Osorio, se descarriló frente al villalvarense, Pedro Torres Ortiz. Pasados los años, fue en 1949 cuando J. Jesús Robles Martínez se le antojó gobernar esta tierra declarándose nativo, sin contar con que a esta ciudad le nacería otro “hijo” de nombre Jesús, el militar que se le interpuso, González Lugo (quien, dicho por R. Guzmán Nava, nació en Colima por accidente), en su interés político. Robles Martínez, no obstante, su boyante carrera política (líder nacional del SNTE y de la FSTSE, legislador federal –diputado y senador–, director de Banobras, etcétera), tuvo que abrirse frente Rodolfo Chávez Carrillo, en 1954 y con Francisco Velasco Curiel en 1961.
La tarde del 18 de septiembre de 1973, una noticia oscureció a Colima entero: “¡Mataron al gobernador!”, fue lo primero que como eco retumbó por todos los rincones del estado, horas después la versión oficial declaraba que el gobernador electo, Antonio Barbosa Heldt, se había suicidado. Diez días después, el médico Leonel Ramírez García fue nombrado gobernador interino para convocar a elecciones de las que resultó Arturo Noriega Pizano.
Griselda Álvarez, quien volvió a Colima bajo la sombra de la inconstitucionalidad por su lugar de nacimiento, puesto que había nacido en Guadalajara, Jalisco, el 5 de abril de 1913, entidad por la que fue senadora de 1977 a 1979, pero con el apoyo presidencial, de último momento se le atravesó al también senador Antonio Salazar Salazar, quien según, ya tenía “luz verde” de Los Pinos y hasta la propaganda de la campaña en una bodega.
Vino del centro como delegado, hizo escala en la alcaldía de Manzanillo y en 1985 también sacó del camino a otros colimenses arraigados, como el senador Javier Ahumada Padilla y el popular alcalde capitalino Carlos Vázquez Oldenbourg, el que llegó fue Elías Zamora Verduzco; caso contrario fue con Carlos de la Madrid Virgen, en 1991, quien luego de una contienda interna en la que los priistas se hicieron pedazos, el candidato local hizo valer su condición y echó por tierra las pretensiones de la encumbrada Socorro Díaz Palacios, quien, según, venía con el apoyo de Salinas. Seis años después, la misma, ya con el PRD, repitió suerte frente al rector de la UdeC, Fernando Moreno Peña.
Al paso, en esta historia que aún se escribe, hemos visto ser desplazados a personajes con credenciales para orientar, ya no sabremos si bien o mal, los destinos de Colima, como H. Arturo Velasco Villa y Jesús Orozco Alfaro, quienes por encuestas se la dejaron a Gustavo Vázquez Montes; y más tarde a Carlos Cruz Mendoza y Luis Gaytán Cabrera, los que bajo símil procedimiento cedieron a Mario Anguiano Moreno; no así Federico Rangel Lozano, quien retiró su aspiración frente a J. Ignacio Peralta Sánchez. Los resultados de cada uno, como la mayoría de ellos, ya son historia.

NOÉ GUERRA PIMENTEL



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