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Diciembre y antes de la Revolución en Colima



Domingo 19 de Diciembre de 2021 7:37 am

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HACE más de 100 años, nuestra entidad amanece al nuevo siglo con poco más de 65 mil habitantes, población que crece lenta; para 1909 había alcanzado los 76 mil 343 habitantes, distribuidos en dos ciudades, lo que era la capital Colima y Manzanillo, una sola Villa, la de Álvarez y cuatro pueblos: Comala, Coquimatlán, Ixtlahuacán y Tecomán. En aquel tiempo la capital del estado concentraba el 30 por ciento de la población y el resto se distribuía en lo que se reconocía como la zona rural.
Colima entonces era rural dedicada la mayoría de la gente a labores del campo. Los latifundistas en aquel tiempo, entre extranjeros y criollos, eran quienes ocupaban todos los espacios del poder, tanto el económico como el político y el social del estado. En ese contexto Colima, ve venir la Revolución y, con ella, a sus dos principales iniciadores.
JOSÉ DE LA CRUZ PORFIRIO DÍAZ MORI
Ya había venido antes, andaba prófugo y aquí fue protegido por Julio García y Filomeno Bravo, quienes lo ocultaron en Villa de Álvarez y lo ayudaron a escapar por El Mamey, actual Minati-tlán, era 1872 y su bandera el Plan de la Noria, cuyo lema fue “No reelección”. Ya en 1908, el gobernador de Colima era Enrique O. de la Madrid, abuelo del expresidente Miguel de la Madrid Hurtado y del exgobernador Carlos de la Madrid Virgen. Ese año, el presidente Porfirio Díaz, reelecto en el cargo más de cinco veces, oficialmente vino a inaugurar el ferrocarril que ya vinculaba a Manzanillo con la Ciudad de México, vía Guadalajara.
Deduzco, por lo hechos posteriores, que la visita no fue de cortesía, ni sólo para inaugurar la conexión del ferrocarril y las obras y servicios complementarios; el puerto, aunque la historia oficial no lo refiere, era la principal motivación de su venida y fue para tratar de anexarlo a Jalisco, siendo gobernador (1903-1911) de allá otro colimense muy cercano al presidente, Miguel Ahumada Sauceda, quien venía en la comitiva presidencial que arribó a la ciudad de Colima para inaugurar el tren de vía ancha el 12 de diciembre de 1908.
Seguramente, si me permiten la conjetura, en el banquete ofrecido en Manzanillo fue donde se le hizo la “sugerencia” al Gobernador de Colima, quien, si no dijo no, sí reservó su respuesta, lo que provocó que el general diera por terminada la celebración y de inmediato ordenara el regreso, sin detenerse para la despedida oficial en la capital, por donde el convoy pasó de largo.
FRANCISCO IGNACIO MADERO GONZÁLEZ
Previo al levantamiento armado, casi un año antes, el iniciador de la guerra civil llamada Revolución Mexicana, Francisco I. Madero, vino a Colima, llegó acá –así lo afirma Ricardo B. Núñez, en texto La Revolución en Colima– y acompañado, entre otros, por Sara Pérez Romero, su esposa y su ayudante, Roque Estrada, arribó por tren el 27 de diciembre de 1909, proveniente de Guadalajara para hospedarse en el entonces Hotel Cosmopolita, propiedad de Ezequiel Campuzano y Concha Guerra. Venía promoviendo su libro La Sucesión Presidencial, aunque, como se colige, andaba en campaña por todo el país.
A otro día, el 28 de diciembre, luego de haberse entrevistado con Juan Ahumada, Luis G. Gaitán, Arcadio y Sixto de la Vega, Manuel F. Ochoa y Rufino Jiménez, al que nombró su representante estatal, el 28, realizó un improvisado mitin en el entonces barrio “El Rastrillo”, en la actual esquina de 5 de Mayo con Nigromante. Al llamado “mártir de la democracia” y a sus seguidores el gobierno estatal cuyo gobernador, Enrique O. de la Madrid, no pasaba por su mejor momento, dados los acontecimientos del 14 de marzo pasado (El crimen de Los Tepames), les había negado tres espacios: El Teatro Hidalgo, el Jardín Núñez y el Jardín de la Libertad.
Fue otro Ricardo, Guzmán Nava, quien, con Rafael Tortajada, José Oscar Guedea y este servidor como testigos, allá por 1999, quien refirió que el mitin maderista en Colima se vio frustrado. A su decir, por versiones de su padre, Severiano Guzmán Moya, testigo presencial de aquel evento realizado en un ambiente de tensión y que al paso congregó a unas 150 personas, sufrió el acoso de la policía montada y de a pie. Por eso, cuando Madero, trepado en una mesa empieza su arenga, de súbito suspende y salta del improvisado estrado tras escucharse tres golpes secos a su espalda, sin reparar que provenían del ruidoso anuncio de un birriero que, a golpe del lomo de cuchillo, vendía en su cajón de madera.
Así, a otro día, el 29 de diciembre de 1909, el “Apóstol de la democracia” nuevamente tomaba el tren, ahora a Manzanillo, de donde partiría el 31 siguiente con destino a Mazatlán, donde arribó el primer día de enero para cumplir con su destino.

NOÉ GUERRA PIMENTEL



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