Apuntes para la presentación de Labio Sediento

Jesús Adín Valencia
Viernes 18 de Febrero de 2022 9:55 pm
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Hay un frágil anhelo indescifrable / en el vuelo impreciso
de mi vida; / es una sed extraña e insaciable, / que llevo en mis entrañas
escondida. / Busco algo que palpite con mi canto / y espero sin saber lo que
presiento; / hay un grave dolor en todo llanto / y una hoguera sin fuego en el
sediento… / Si tú me dieras el cántaro simbólico / que a mi labio endulzara su
agonía, /llorara en risas mi dolor neurótico / y riera en lágrimas toda mi
alegría.
Tres
estrofas, doce versos, Labio sediento,
de José G. Alcaraz, publicado en 1930 y 1933 en Ecos de la Costa, el último año, en ocasión de la muerte del poeta.
Buenas noches.
Imaginemos
por un momento, esta es una celebración juvenil, estamos en un baile en el
marco del día del estudiante. La Orquesta de Carlitos Naranjo interpreta –permítanme
esta licencia temporal– Strangers in the
night. Entra por esa puerta Ramón Alcaraz y nos dice, atónito, desencajado:
Acaban de matar a mi hermano en Comala.
La muerte ronda en Comala
y Evocación de José G. Alcaraz, son dos
crónicas del maestro Juan Macedo López que publicó en
Escribió
Juan Macedo, permítanme unos fragmentos:
No. El paisaje de esa noche no
lo imagino. Simplemente lo recuerdo con la precisión con que lo entrega el
dolor antiguo. La Escuela Normal con su gran patio de cemento gris y las luces
de los foquillos iluminando los corredores y a Orquesta de Carlitos Naranjo
disparando la música lánguida de los blues sobre las parejas. En la Plaza de la
Libertad, los árboles dejaban caer sus hojas con el viento de otoño. Era el 10
de octubre de 1933 (…)
Ramón Alcaraz nos abrazó
llorando y lo oímos murmurar, entre sollozos: “Mataron
a mi hermano en Comala”. Su cuerpo se
había hecho una cosa pequeña y lacia que gemía. Una racha negra, como tempestad
en la noche, nos sacudió por dentro. Algo se había roto, de pronto, en nuestra
conciencia (…)
Allí estaba el primer poeta de
nuestra generación, el bardo que encendía su crepúsculo interior en la aurora
boreal de sus veintitrés años (…)
Madrugada friolenta en el
hospital. José está inmóvil, desnudo en la plancha. Unos hombres lavan su
cuerpo “con agua de las auroras”, como en el romance lorquiano (…)
Dos imágenes vaticinó hasta nuestros días el
maestro Juan Macedo López:
Cito: El bardo que encendía su crepúsculo interior
en la aurora boreal de los 23 años; unos
hombres lavan su cuerpo con
La última
estrofa, de este Romance dice: Soledad:
lava tu cuerpo / con agua de las alondras, / y deja tu corazón / en paz,
Soledad Montoya.
Pretendo
expresar con ello, que el aparente error de evocación a Lorca en Macedo López, con
agua de las auroras en lugar de agua de las alondras, como es en
realidad, implica una pista premonitoria sobre quién vendría a rendir este
homenaje. Prefiero pensarlo así, como vaticinio del maestro Macedo, algo
bastante afortunado, ateniéndonos al poeta beat William S. Burroughs quien
afirmara: En el universo mágico no hay
coincidencias ni hay accidentes. No sucede nada a menos que haya alguien que
desee que suceda.
Se
presagiaba su persona, doctora Ada Aurora en dos metáforas claras y precisas. Las
investigaciones que realiza no serían posibles sin esa sensibilidad poética que
despliega; indaga ente documentos, hemerotecas, también con la familia de autores
sujetos de estudio, de tal forma que construye un álbum lleno de imágenes en la
relatoría del proceso. Por usted conocí a Agustín Santa Cruz.
Indaga,
devela con vocación poética y académico-docente, en la misma ponderación y
tesitura que José G. Alcaraz. Labio sediento, de la colección Biblioteca
Colima va llevándonos, desde el estudio preliminar y notas al pie de página, para
conocer a un poeta completo a pesar de su corta edad, que pudo haber sido mucho
más prolífico de habérsele permitido vida; la transición de su poesía es
evidente, se observa una evolución a lo largo de los 51 poemas recopilados,
suficientes para apreciarlo y dar cuenta de una llama interna propia de la edad,
y de la época; José G. Alcaraz demostró oficio para la expresión e influencias
sobre una juventud impetuosa, sedienta, de romanticismo pleno, bucólico y
enamorado, fiel a la lírica provenzal, modernista tardío que encuentra en el
acto de beber –o saciar la sed, el resabio de esa llama– enfocada en una parte por
el todo: apenas un labio puede ser el receptor concreto de lo abstracto, pensándose
vivo el poeta sin saber hasta cuándo.
Observo
la presencia de un amor blanco, ese amor
cortés del que habla Octavio Paz en su ensayo sobre amor y erotismo, La llama doble, cito: El término “amor cortés” refleja la distinción medieval entre corte y
villa. No el amor villano –copulación y procreación– sino un sentimiento
elevado, propio de las cortes señoriales. Los poetas no lo llamaron “amor
cortés”; usaron otra expresión:
fin’amors, es decir, amor purificado, refinado. Un amor que no tenía por fin ni
el mero placer carnal ni la reproducción
(p.79).
De
esos amores. Este “amor cortés” del que nos habla Octavio Paz abarca eros y
ágape, de manera progresiva, y también filial; José G. Alcaraz atavía versos para
una ofrenda floral a su madre, llamándola mamita,
mamita, retrata su belleza física y
del alma, como también, esas manos de mamá coligadas a las manos del artista,
su novia, su abuelita. Son las manos artífices de toda creación, toda alegría,
en palabras del poeta.
Hay
musicalidad en este libro, opulencia del verso, sensaciones contradictorias,
casi el oxímoron para acentuar lo romántico; tan solo Labio Sediento ofrece un juego de figuras retóricas; aparece, por
ejemplo, cierta aliteración en la
paridad extraña-entrañas; anhelo-vuelo; indescifrable-insaciable,
es la lengua que reitera lo fonético.
A
propósito de nuestro recinto, el Archivo Histórico de la Universidad de Colima,
el papel es un ser vivo, todo impreso tiene un ciclo vital y conforme avanzan
los años el tiempo es implacable, deteriora, borra; por esa razón elementos
como este libro son bocanadas de aire fresco que honran el acervo, la memoria
que resguarda una vida determinada, una obra, se perpetúa José G. Alcaraz por
su espíritu, más allá de nomenclaturas urbanas en Comala y Colima.
Mencionaba
una transición, hacia los últimos poemas. La poesía de José G. Alcaraz se torna
más descriptiva, paisajista, menos rimada, como una extensión de sí mismo; se
observa mayor atrevimiento en el poeta siempre contemplativo, sin desprenderse
de lo metafísico y sin importar el qué
dirán. Por ejemplo, de la prosa titulada Domingo, cito algunos versos reveladores: Cerca del pequeño jardincillo, la fuente pública alza su grueso brocal
de piedra sin labrar. Allí van las
aguadoras, saturadas de leyendas (…) una
púber morena, se inclina graciosamente y ve retratada su belleza triunfal,
delineada por el corpiño mojado que, atrevido, se pega a los senos vírgenes de
la hembra joven. Ella toma una parte del pasional corpiño y lo retira con un
mohín de gracia natural; (…) los
rancheros lucen su cotón y su clásico calzón de blanca manta. En la cintura, el
ceñidor pone su nota roja y allí, se disimula el arma inseparable. (…) En mi interior también es domingo y hay
fiesta, palabras del poeta, describiéndose en el entorno.
Para
cerrar con el paisaje inicial que Juan Macedo López que no imagina de esa noche, en reconocimiento a las labores de investigación
que realiza la poeta Ada Aurora Sánchez y también, para destacar la importancia
de nuestras plataformas de registro histórico, como lo ha sido el Ecos de la Costa, cuatro versos de Emily
Dickinson: No sabiendo cuándo vendrá (una) Aurora / Yo abro todas las puertas, O tiene
ella plumas, como un pájaro / U oleadas, como una costa. Muchas gracias.
*El autor fue comentarista en la presentación del libro Labio
sediento. Poesía de José G. Alcaraz, una
edición y estudio preliminar con notas de la escritora Ada Aurora Sánchez Peña,
el pasado jueves 17 de febrero en el auditorio del Archivo Histórico de la
Universidad de Colima.