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Reflexiones a 500 años



Domingo 07 de Agosto de 2022 8:30 am

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LA leyenda negra sobre la Conquista reduce el hecho a una especie de asalto contra una gran civilización. La realidad socio-cultural protagonizada por la diversidad de tribus que habitaban esta región y que se encontraron a aquellos aventureros invasores es bien distinta y recupera el valor del viaje de exploración que, como sabemos, devino de la original exploración de tierras desconocidas a la conquista del territorio y la posterior creación de la Nueva España. 
La conmemoración, que no festejo, del medio milenio de la original exploración y posterior conquista de esta región hasta entonces indómita, es complicada. Lo es, porque en mucho se ha reducido la aventura del grupo de peninsulares europeos encabezados por Cortés a una suerte de atraco, de que irrumpieron acá sabiéndose con ventaja y valiéndose de sus armas y superioridad tecnológica para robar y darse a la fuga hasta terminar la noche llorando bajo aquel ahuehuete del mito.
Incomoda reconocerlo, pero lo que se nos ha contado no responde a las principales dudas sobre qué ocurrió hace medio milenio en esta región del mundo ¿Se impusieron los españoles por la superioridad de su tecnología? Lo cierto es que traían pocas armas de fuego, arcabuces y alguna pieza de artillería ligera; ¿los caballos asustaron a los indígenas? sí, hasta que supieron que no eran más que animales de carga; ¿el acero era ventaja sobre las armas de los nativos? sí, pero no tanto como para justificar una victoria de escaso medio millar de aventureros contra un conglomerado de millones de guerreros, los más temibles de la época.
¿Fue entonces una cuestión de superioridad táctica? Desde luego, debió ser de impacto para los locales encarar de golpe los retos que supone la guerra moderna, entre otras cosas, porque sus armas y estrategias no eran para matar al adversario, sino para inmovilizarlo y, en la mayoría de los casos, sacrificarlo después en sus rituales. ¿Y las enfermedades frente a las cuales los indígenas no estaban inmunizados? Sí, buena parte de lo que se califica como genocidio, fue la llegada de ignotas enfermedades que diezmaron brutalmente a la población continental.
Si Hernán Cortés lo hizo, fue porque observó, entendió y supo adaptarse a la realidad política local y entenderse con los sometidos por la alianza Texcoco, Tlacopan y Tenochtitlan, quienes dominaban desde el altiplano hasta las costas. La cultura Mejica era totalitarista que se valía de tribus sometidas para realizar sacrificios humanos a su costo. En cifras conservadoras, investigaciones recientes nos hablan de un promedio de 30 mil individuos ejecutados anualmente, entre guerreros, doncellas e infantes, para cebar estas ceremonias. Imaginemos.
Atrapado entre los mejicas y los hombres de Velázquez, Cortés no tenía otra más que continuar. Logró el apoyo de los oprimidos a la par de imponerse militarmente a otros pueblos con lo que sumó a miles de guerreros. No es que Cortés hubiera engañando a los caciques solo con espejitos, él operó algo más, les ofreció lo que querían y que no tenían, la libertad. Así, el invasor, puede verse como su defensor y en la oportunidad de sacudirse el yugo opresor. El mérito de Cortés, entre otros, fue el de percibir las debilidades locales, lo que estimuló y de lo que sacó ventaja.
Hernán no olvidó a sus aliados en el nuevo orden social que él había gestado. Tras su victoria, tanto acá como en la sede monárquica, donde se aseguró el favor del emperador, el soldado regresó a América para consolidar el mestizaje como una nueva forma social vertebrada por una administración moderna e integradora aprovechando las estructuras preexistentes. La nueva sociedad se sustentó en la “conservación y perpetuación de los naturales”. 
Como resultado de este espíritu, Nueva España, germen de lo que hoy es México, hasta hace 200 años aún mantenía el 50 por ciento de la población indígena sobre el 20 por ciento de la mestiza. Cifra que, no obstante, las presuntas políticas pro indigenistas del estado, no ha dejado de disminuir desde entonces. A saber, solo el 23 por ciento de los mexicanos actuales se considera indígena o descendiente, según la encuesta interracial del INEGI de 2015.

NOÉ GUERRA PIMENTEL



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