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Felipe Sevilla del Río



Domingo 26 de Febrero de 2023 7:33 am

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RECORDAR a Felipe Sevilla del Río en el marco conmemorativo de los 500 años de la fundación de Colima resulta más que obligado, una deuda moral y un compromiso ineludible para quienes nos decimos colimenses, dada la trascendencia de su indiscutible legado. 
Lo hago con respeto y profunda admiración, reconociendo su activismo como periodista, escritor e investigador y, desde mi perspectiva, como uno de los más exquisitos poetas colimenses del S. XX. Como preclaro intelectual, Felipe Sevilla publicó varios libros, los hizo de poesía, cuentos, crónicas y narraciones, empero, sin duda, su especialidad fue la de historiador.
Es gracias a esa silenciosa tarea que prácticamente le llevó la mitad de su vida y parte de su salud, en la que con esmero y cuidado nos heredó, después de leer e interpretarlos, el conocimiento de documentos desconocidos y hasta entonces a la mano como parte de los acervos de los únicos archivos accesibles, el del Estado y el del municipio de Colima que, por supuesto, ya existía.
Felipe nació en esta ciudad de Colima, según lo asienta Gabriela Margarita Suárez Dávila (Personajes de Colima. Pp. 149-151. 1997. INEA), el 12 de febrero de 1910 y, como el resto de sus hermanos, fue profesor normalista, pero no solo eso, por sus aportes a las letras y la cultura de nuestra entidad a todos ellos se les identifica como una familia de humanistas. Hijo de José Refugio Sevilla Padilla y Mercedes del Río Fuentes, Felipe fue el sexto de sus ocho hijos.
Durante su infancia, como la mayoría de los niños de su tiempo, seguramente tuvo contacto con la naturaleza de aquel Colima de aves canoras, afluentes, arroyos y un río, de palmeras y mangos, de naranjos y flores de azahar, y la espectacular vista de los volcanes gemelos, en algunas épocas uno humeante, en otras, ambos blanqueados, por lo que desde joven su sensibilidad fue tocada para escribir aquellas primigenias letras, como La Satireza, El Pastor y El Fauno, y sus poemas dedicados a esta tierra: La Feria, La Ciudad de las Palmas y La Ola Verde y Cuyutlán, entre otros. 
Felipe, un hombre al que sus contemporáneos recuerdan como hombre de pocas palabras, reservado, reflexivo y taciturno, pero, en contraparte, ávido lector de los modernistas cuya lectura cultivaba en la biblioteca familiar guiado por sus familiares y mentores amigos, como Miguel Galindo Velasco, Aniceto Castellanos Urrutia y Jesús Amaya Topete. Fue a la edad de 38 años cuando sentó cabeza y lo hizo con la joven Rosa Ofelia Pineda, con quien procreó a dos hijas y cuatro hijos. Ya maduro y sin dejar la docencia, tradujo, con empírica pero correcta paleografía, documentos fundamentales de los cuatro siglos postreros, desconocidos hasta hace 50 años y que vinieron a revolucionar la historiografía local que se debatía en hipótesis y mucha imaginación. 
Producto de esa delicada tarea y mucho publicado de su propio peculio, se conoce la Provanza de la Villa de Colima, que es la defensa jurídica hecha por los de Colima ante un Mandamiento de la Real Audiencia de México, que condenaba la tala total de los palmares colimenses, año 1612, publicada en 1973; Prosas Literarias e Históricas, una cuidadosa recopilación de más de 40 narraciones que describen los usos y costumbres de Colima entre los siglos XVI y XIX, divulgada por él en 1974; la Relación breve y sumaria de la visita que hizo en Nueva España el licenciado Lorenzo Lebrón de Quiñones a doscientos pueblos, fecha en Taximaroa (Ciudad Hidalgo, estado de Michoacán) a 10 de septiembre de 1554, pública en 1977; y, en 1986, post mortem, su Breve estudio sobre la conquista y fundación de Colima. 
Felipe Sevilla del Río, el profesor, el poeta, el traductor, el investigador, el historiador colimense, con diversas afectaciones físicas, entre ellas la ceguera degenerativa y asma crónica que derivó en angina de pecho, falleció a la edad de 71 años víctima de una complicación respiratoria el 28 de noviembre de 1981; en su honor, una importante avenida al norte de la Ciudad de Colima lleva su nombre y hoy, frente al cada vez más común olvido institucional, con modestia pero con orgullo por su obra, lo recuerdo aquí.

Noé Guerra Pimentel



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