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La Revolución en Colima y Lorenzo Tovar



Foto Cortesía

Domingo 28 de Mayo de 2023 10:51 am

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LAS nuevas autoridades designadas por los jefes maderistas, entre las que se encontraba Ignacio Gamiochipi como comandante general y Eugenio Aviña como jefe militar de la plaza, quienes empezaron a dictar disposiciones tendientes a que no se desbordaran las pasiones motivadas por el triunfo del levantamiento armado contra el presidente Porfirio Díaz. Pese a dichas medidas, hubo dos incidentes que trastocaron la tranquilidad pactada en aquel Colima de 1911. Uno de ellos fue provocado por Lorenzo Tovar, que se encontraba preso y sentenciado a 20 años de reclusión. 

A la entrada de los revolucionarios criollos como fuerzas triunfantes y siguiéndose la costumbre de liberar a los presos, asumiendo que habría algunos presos políticos, los maderistas locales, de acuerdo con el Plan de San Luis, hicieron lo propio, resultando favorecido Lorenzo Tovar, quien de inmediato se fue rumbo a Coquimatlán, acompañado por otros dos.

Una vez allá se enfiestó para, horas después, completamente ebrio y al grito de ¡Viva Madero!, sacar armas de quién sabe dónde, lo mismo que caballos y monturas, con lo que los tres envalentonados hicieron camino de regreso a la Ciudad, para meterse a uno de los burdeles ubicado en el barrio del Agua Fría, una especie de zona roja entonces, donde, borrachos, empezaron a amedrentar a los parroquianos y a las mujeres, disparando a discreción y provocando tremendo borlote y gritería que llegó hasta el Cuartel Colorado, esquina de Independencia con Gildardo Gómez. 


Alguien fue a dar cuenta al comandante Eugenio Aviña, artífice del movimiento en Colima, quien, para evitar mayores consecuencias, ordenó al subteniente Ildefonso Nuño Hernández, que fuera a poner orden y arrestara a los rijosos. Pero antes de llegar al lugar, Nuño mandó a dos de sus hombres que se situaran en la salida a Lo de Villa, a la altura de la actual glorieta del Charro, mientras él, con los otros, buscó hablar con Tovar. Él, al verlos entrar, soltó fuego con las pistolas en ambas manos, que repelieron Nuño y sus lugartenientes. Ahí quedó muerto uno de los que venían con Tovar, mientras que éste y su otro acompañante se daban a la fuga brincando los corrales. 

En la refriega, el subteniente Nuño resultó herido en el antebrazo izquierdo y a un costado de la cintura al lado derecho, junto al cinto, lo que no le impidió seguirlos a balazos. Los fugitivos, ya en la calle, tomaron el camino que se encontraba cubierto, dándose ahí un enfrentamiento que concluyó con la muerte de Lorenzo Tovar, que así sellaba su destino. El otro, del que se desconocen sus generales, logró escapar con rumbo desconocido al amparo del anonimato y la oscuridad de la noche. 

Muchas personas cuyas casas se encontraban cercanas al lugar del escándalo, al oír los disparos salieron a ver qué sucedía, lo que propició que una de las balas perdidas quitara la vida a una mujer mientras asomaba la cabeza por la sobrepuerta. 

Otro incidente fue provocado por el capitán maderista Merced Partida, quien esa misma noche increpaba al comandante Aviña sobre los 30 mil pesos que presuntamente habían recibido por parte de los comerciantes a cambio del respeto de vidas y honras de los vecinos. En respuesta salieron a relucir las pistolas, lo que provocó que Partida corriera a resguardarse en el entonces Teatro Santa Cruz (hoy Teatro Hidalgo), hasta donde lo siguió Aviña con un grupo armado que desde las azoteas abrió fuego contra el rebelde.

Momentos críticos en que Nuño regresaba herido al cuartel, y al darse cuenta de la situación atemperó los ánimos del comandante. El insubordinado, tras rendirse, fue llevado al cuartel, se le hizo saber el delito cometido y, después de una larga plática, fue llevado ante el comandante Aviña, quien impidió proceso y lo perdonó.


Noé Guerra Pimentel



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