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Filosofía marismeña



RAMÓN LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI

Progresar


Sábado 29 de Diciembre de 2018 7:28 am


NUNCA se canse en buscar la ocasión de hacer de su vida un servicio para los demás, eso es lograr que su estancia en la Tierra valga la pena. Es importante no buscar ganancias en lo que se hace por los demás, ya que también ello nos produce satisfacciones propias, imposible de reemplazar. Es el anhelo de expresarse en lo propio, en un camino espiritual, y qué mejor que tener la oportunidad de hacer cosas positivas que siempre contribuirán para que haya un mundo mejor. El error es ir ciego por la vida, sin reparar en los daños que se van dejando, sólo basta abrir los ojos, la mente y prestar atención a nuestro entorno. En ciertas ocasiones solemos reflexionar que las horas de un día no son las suficientes para realizar las actividades y aspiraciones que deseamos, y por supuesto, terminamos por renunciar a unas para aprovechar otras.

Los días en que mayormente nos sentimos agobiados son en los que nos remiten a este tipo de reflexiones. Hay que reconocer que no es nada fácil el dejar de hacer lo que nos gusta, para ello se requiere voluntad o estar muy necesitado de dinero, no tener estabilidad laboral, entre otras cosas, y es por ello que en la mayoría de las ocasiones la decisión que se toma no es la adecuada. Valdría la pena cuestionarnos en silencio lo que suponemos queremos lograr y ver si somos capaces de llevarlo a cabo o si vale o no la pena realmente el mortificar el espíritu en ello.

La ansiedad hace presa a la persona cuando en la mente trae entre manos una actividad y no la realiza. Inicia rumiando que no se le da o no cuenta con tiempo para construir lo deseado, esa idea se va apoderando de su mente, bloqueando todo inicio de actividad en ese sentido, aunque la imaginación siga presente, demandando atenderla, y en eso brota la ansiedad, dañando su bienestar.

La importancia de ser lo que deseamos y ponerlo en acción a través de una voluntad férrea, llama a aprovechar de lo que estamos dotados, pues jamás se es demasiado viejo para iniciar o joven para desaprovechar el aprendizaje, y aunque la actividad no produzca dinero, por lo menos nos llena de satisfacción.

Aspirar es trabajar en ello, sin importar el tiempo que se demore en conseguirlo ni los límites impuestos; es ir a fondo, fabricando escalones. La vida sólo puede ser plena cuando se le encuentra su significado: cuando un ave emprende su vuelo, el solo hecho de observarla es una lección, ver y concebir cómo esas alas hacen que se sostenga en el aire, así sucede también cuando las palomas observan y bajan desde lo alto de un edificio cuando una persona les da de comer tirando granos sobre el pavimento, o también al observar una flor entre piedras secas en ese mundo difícil, u otras tanto por sentir la luz del sol sobre la piel o con el saludo de manos o abrazos, en la cual se percibe esa sensación plena que se produce al instante. Todo es alcanzable y nos sirve para tranquilizar el espíritu.

Lo malo obedece a la pereza mental para coordinar cerebro con lengua y creer que a través del humor negro o el sarcasmo se es simpático o brillante. Eso es desaseo, falta de cohesión empática. En los conflictos, la vida nos pone en el dilema para sacar la confianza con la que nos hemos fortalecido a través de la experiencia adquirida, pero a veces vamos tan dañados, que lo que nos importa es hacer sufrir a quien se encuentre cerca, por el vacío existencial que muchas veces tenemos y no sabemos por qué está ahí y nos conducimos de la peor manera con nuestros semejantes.

Para alcanzar un fin, hay que proponérselo y no esperar a que llegue mágicamente. Lo malo se va aprendiendo, sin comprender el daño que se hace y que lastima a quienes hacemos víctimas de nuestros desvaríos, al no ser capaces de tratarlos con estímulos alentadores que moldeen su voluntad en beneficio de quienes ellos aman.

El ser sincero debe convertirse en una devoción de paciencia, tolerancia, sin los extremos de atrevimiento o soltura de boca; es ir avanzando en la convivencia, sin desgastes de ningún tipo. Intentar siempre hacer algo que beneficie a los demás, es jamás ser un fracasado.