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Escenario político



GABRIEL GONZÁLEZ CASTELLANOS

Precisión


Miércoles 09 de Enero de 2019 7:33 am


RESULTA difícil encontrar algún evento suscitado en nuestra sociedad que se encuentre al margen de las diferentes manifestaciones de la lucha de clases, en lo económico, en lo político y en lo ideológico. La lucha política es una lucha por el poder, es clasista, y en torno a la realidad concreta que vivimos, ocurren vicisitudes que la sociedad no puede soslayar, mucho menos quienes desde una trinchera partidaria se involucran en sus avatares.

En cuanto a la ubicación clasista de la actividad política, es condición necesaria para lograr entender objetivamente los acontecimientos que se suscitan en nuestra sociedad, sobre todo cuando hay de por medio momentos de exacerbación política, como en los que nos vemos inmersos. En ellos, la ciudadanía se ve involucrada, quiéralo o no, para participar y definir hacia dónde deben ir los rumbos de la Nación.

Debe recordarse que los procesos electorales son una de las expresiones de la lucha política y, en consecuencia, de la lucha por el poder político que se da entre las organizaciones partidarias que contienden en el marco de la legalidad respectiva, tal como se dio el pasado 1 de julio, en que hubo una clara definición política.

Ejercer el poder, para algunos actores políticos no es cuestión de compartirlo, sino que sencillamente es eso: ejercerlo. Lo hace el Poder Ejecutivo a través de su titular, el Presidente de la República; lo ejerce el Legislativo, con una clara mayoría que complementa, en el ámbito que le corresponde, los propósitos políticos del Ejecutivo; los realiza el Judicial, también con sus objetivos políticos y en el ámbito de su autonomía.

Y el ejercicio del poder requiere acompañarse de la capacidad y habilidad, para no soslayar las condiciones en que se va a ejercer. Esto es, ejercer el poder por ejercerlo, sin considerar que sus resultados puedan afectar a la sociedad, implica errores que pueden constituirse como elementos de descomposición social.

No significa, conforme a lo anterior, que el ejercicio del poder esté alejado de la condición de clase de quien lo ejerce, pues es la condición elemental para definir qué características políticas surgen de ese ejercicio. Conforme a este principio clasista, se precisan las definiciones políticas que en cualquier rubro de la administración pública le configuren quienes hacen uso del poder, sin que se dé lugar a insinuaciones cándidas o deliberados engaños. Un régimen de gobierno que ejerce el poder, le da su sello característico conforme a su posición clasista, y con ello clarifica a qué clase social quiere privilegiar con sus acciones de gobierno.

Hay un nuevo gobierno, que en el lapso de un mes de tiempo que lleva, ha mostrado con la toma de decisiones que ha hecho, a quiénes desea favorecer con sus acciones, la forma de tratar de resolver los grandes problemas del país, no obstante la desastrosa situación de la administración federal, acumulada través de los sexenios neoliberales.

En la lógica de la lucha política, claro está que hay inconformes con la actitud del nuevo gobierno, porque lastiman tanto sus intereses económicos como su condición de clase. Hay una casta empresarial y bancaria con sus grupos de presión, sumamente belicosa, empeñada en que se siga gobernando a su favor; partidos políticos con legisladores reacios a cambiar lo que los tecnócratas les ordenaron, siempre perjudicando a la mayoría de los mexicanos; dirigentes sindicales charros, angustiados por la creciente insurgencia sindical democrática que terminará con sus canonjías. Y hay agregados, grupitos de presión, cobijados con el membrete de organizaciones civiles.

Es dable la expresión de sus derechos en el marco de la democracia, pero no olvidemos que esto es lucha política y que nunca han estado del lado de los intereses populares. En consecuencia, que no haya ingenuidades para definir a los adversarios políticos del pueblo.