Cargando



De ayer y de ahora



JAIME ROGELIO PORTILLO CEBALLOS

Tratar bien a los demás


Domingo 10 de Febrero de 2019 7:44 am


DE niño y de joven tuve en mis manos miles de cuentos, revistas, periódicos, libros y otra clase de publicaciones, como cuadernillos o fascículos de enciclopedias. Tenía acceso a todo ese material porque mis padres tuvieron, en las últimas décadas del siglo pasado, un negocio donde se vendían esos artículos. Estaba ubicado en el portal con más flujo de personas en el centro de la ciudad, precisamente donde hoy es la entrada del Hotel Ceballos. Múltiples revistas como Proceso, Jueves de Excélsior, La familia, Contenido, Selecciones, Siempre… Las leía u hojeaba y me detenía en lo que me interesaba; había otras de corte amarillista, de nota roja o de contenido erótico o provocativo como Alarma, Caballero, que, aquí entre nos, también leía u hojeaba y en más de una hoja me detenía. Ah, pero recuerden que los “atrevimientos” de antes no eran más que pálidas luces de los de ahora.

También había unas revistas de corte sentimental con narraciones amorosas, relatos de desamor, de ilusiones truncadas u obstaculizadas o con final feliz que atrapaban a los lectores, sobre todo a mujeres como Corín Tellado, La familia, Vanidades y Confidencias. En ésta última, había una sección llamada “Buzón Sentimental”, donde las personas que deseaban encontrar pareja enviaban sus datos, mismos que se publicaban en una pequeña ficha con un número de identificación. Así aparecía, por ejemplo, un texto que decía: “Hombre de 45 años, soltero, moreno, 1.70 de estatura, veracruzano, estable económicamente, desea conocer señorita entre 20 y 28 años. Objetivos serios y formales. Confidencias tiene mis datos”. Conocí a una mujer de aquí de Colima que envío sus datos y terminó casándose con un tabasqueño de aquella época.

Pasando a otras cosas, aunque relacionadas, quiero aprovechar para decirles que en el negocio de mis padres leí muchos libros como el de Dale Carnegie, Cómo ganar amigos, del que extraje las siguientes ideas de cómo tratar a las personas.

Las diré sintéticamente. Busca en la otra persona algo que se pueda admirar honradamente. Y exprésaselo. Trata siempre que la otra persona se sienta importante. Haz al prójimo lo que quieras que el prójimo te haga a ti. Usa frases de cortesía y buena educación: “Sería tan amable de…”; “Tendría usted la bondad de…”; “Podría hacer el favor de…”; “Gracias, es usted muy amable”; “Encantado de conocerle”; “Estoy para servirle”; “Como siempre, estamos a sus órdenes”; “Por favor”; “Si no hay inconveniente, le pediría…”. Hábleles a las personas de ellas mismas y lo escucharán por horas.

Sobre las discusiones hace observaciones interesantísimas, como: Hay que evitar siempre el lado agudo en una conversación o en un intercambio de ideas. Si discute usted y pelea y contradice, puede lograr a veces un triunfo, pero será un triunfo vacío, porque jamás obtendrá la buena voluntad del contrincante. Un malentendido no termina nunca gracias a una discusión, sino gracias al tacto, la diplomacia, la conciliación y un sincero deseo de apreciar el punto de vista de los demás. Mejor es dar paso a un perro, que ser mordido por él, al disputarle ese derecho. No debe perder tiempo en discusiones personales; la persona que está resuelta a ser, lo será lo más que pueda. Muchas veces conviene más cerrar la boca. Da mejor resultado. La única forma de salir ganando en una discusión es evitándola.

Para evitar conquistar enemigos, nos dice: Hay algo mágico, positivamente mágico en frases como: “Quizá me equivoque”; “Me equivoco a veces…”. Pocas personas son lógicas. Casi todos tenemos prejuicios e ideas preconcebidas. La mayoría no quiere cambiar de ideas. No digas al otro que se equivoca. Cuando expones en forma más modesta o sencilla tus opiniones, logras una recepción más pronta y con menos contradicción. Demuestra respeto por las opiniones ajenas.