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La palabra del domingo



ÓSCAR LLAMAS SÁNCHEZ

Testigos de Jesús resucitado


Domingo 05 de Mayo de 2019 8:03 am


EN este tercer domingo de Pascua, la liturgia eucarística nos da a conocer los frutos admirables de los creyentes que a pesar de todo tipo de persecuciones, han sostenido su fe en la resurrección de Cristo Jesús, perseverando en la oración y en la propagación de la palabra.

La primera lectura narra el valor de los apóstoles, que no hicieron caso a los miembros del Sanedrín que les prohibieron predicar el Evangelio en Israel. “Pedro y los otros apóstoles replicaron al Sanedrín: Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres, el Dios de nuestros padres resucito a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz. La mano de Dios lo exaltó y lo ha hecho jefe y salvador para dar a Israel la gracia de la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que le obedecen.

“Los miembros del Sanedrín mandaron azotar a los apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron; ellos se retiraron felices de haber padecido aquellos ultrajes en nombre de Jesús”.

Posteriormente, en distintos tiempos y lugares, los apóstoles recibieron no sólo azotes y torturas, sino que sufrieron la muerte por predicar el Evangelio de Jesús. Igual suerte han padecido incontable número de cristianos por proclamar la resurrección de Cristo, una verdad que entonces, ahora y en todos los tiempos de la Iglesia, nos compromete a fondo.

La Iglesia Universal de Jesús ha de conservar la independencia y la libertad de espíritu a fin de poder denunciar proféticamente el pecado del mundo en todas sus formas.

El Evangelio no es una doctrina para un pequeño grupo de iniciados, es el mensaje de la vida nueva para todo el mundo. Es una postura ante el Poder Judicial, una denuncia clara de la necesidad de instaurar en el mundo un nuevo sistema de liberación y de justicia para toda la humanidad. Urgen las claras definiciones y las posturas valientes.

En varios lugares del mundo, los Obispos han reclamado a menudo, el derecho de hablar libremente en nombre del Evangelio, lo que se convierte en un signo inequívoco de la Iglesia de Jesucristo: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán”.

Amigo(a): Hablemos con Jesús en la eucaristía. Alegrémonos con Él de haber resucitado a una nueva vida, que no es sólo para nosotros, sino que tenemos que llevarla a los demás, con el testimonio de una vida limpia, una fe sin cobardías y una acción incansable.