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Malas compañías



MARIO ALBERTO SOLÍS ESPINOZA

Un nuevo proyecto educativo


Miércoles 15 de Mayo de 2019 7:46 am


ESTA semana concluyó la larga noche de la reforma educativa impulsada por Enrique Peña Nieto. Un periodo oscuro, complicado para el magisterio nacional y por completo carente de resultados para los millones de niños y jóvenes que reciben instrucción pública en nuestro país.

Hace 6 años parecía imposible la derogación de una reforma que tenía como exclusivos destinatarios a los maestros, señalándolos como únicos responsables del fracaso de un sistema educativo que está soportado en la desigualdad social y la perpetuación de la ignorancia.

Luego de un sexenio en el que miles de maestros vieron canceladas sus posibilidades de superación profesional, la reforma educativa de Enrique Peña Nieto fue derogada, para dar paso al proyecto educativo que emprenderá el nuevo régimen.

La abrogación de las modificaciones constitucionales que fueron aprobadas en 2013 es sólo un primer paso hacia el diseño de una nueva política en materia educativa. Se salda una cuenta pendiente con los maestros, pero hay mucho camino que deberá recorrerse en los próximos meses.

Con las nuevas reformas, los maestros tienen un panorama más promisorio y por lo tanto, deberán convertirse en partícipes de la transformación del sistema educativo, necesario para darle a los niños y jóvenes verdaderas bases para su futuro.

Si en el pasado, la legislación en materia educativa provocó un enorme distanciamiento entre el magisterio y las autoridades del sector, es tiempo de zanjar esas diferencias y, en unidad, construir un proyecto de fondo, que verdaderamente impacte en la calidad de la educación.

El Gobierno Federal no puede cometer, otra vez, el error de otorgar un papel marginal a los docentes en el diseño de planes y programas de estudio; es una omisión que contribuyó al fracaso de Peña Nieto con las consecuencias que hoy padecemos: 6 años perdidos en el terreno de la educación.

Por eso, resulta indispensable que más allá del rejuego político que implicó la aprobación de una nueva reforma educativa, el Gobierno Federal inicie un proceso más científico, académico y profesional, con el objetivo de estructurar, primero, y luego ejecutar las modificaciones de raíz a la enseñanza pública en México.

Los cambios en la educación no vendrán por decreto o con la promesa de que el magisterio recibirá un mejor trato; es necesario un trabajo intenso que deberá emprenderse a partir de ya, con la participación de gobernantes, autoridades, maestros, padres de familia y estudiantes.

Nuestro país demanda un proyecto educativo sólido y consecuente con los vientos de transformación que corren en nuestros tiempos. No habrá cambios trascendentes si la instrucción pública es inútil para resolver los grandes retos colectivos y superar sus problemas de pobreza, violencia e ignorancia.

Ahí es donde los maestros, mediante la participación activa en el diseño de un nuevo proyecto educativo nacional, tendrán que demostrar que la marginación a que fueron sometidos durante 6 años fue uno de los peores errores en la historia reciente de México.


BREVE HISTORIA PARA CAMILA


Soy maestro desde hace casi 18 años. Pertenezco al magisterio por consejo de mi padre, quien además fue mi maestro. Una de mis hermanas también es docente, así que la profesión está arraigada en mi familia; somos profesores que ingresaron al servicio por esfuerzo propio y en la profesión encontramos un modo honesto de vivir, en las aulas un sentido al deseo de mejorar nuestro entorno, para nuestros hijos y las personas que queremos. Por todo ello, felicidades a mi padre, a mi hermana y a todos los maestros que en la adversidad de un país casi en ruinas, acuden todos los días al salón de clase buscando inculcar en los alumnos la esperanza de un mejor futuro, basado en la honestidad y el conocimiento… El fin de la semana, la princesa acudió por primera vez a una tardeada, hasta en eso me ganó, en mi secundaria no acudí a ninguna. Cuando le pregunté si el evento había cumplido con sus expectativas, me respondió que sí, fue suficiente para mí.