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El Colorado Naranjo, una historia



PETRONILO VÁZQUEZ VUELVAS


Viernes 22 de Mayo de 2020 7:38 am


LAS delicadas notas de la melodía Castillos de hielo se deslizan, perfectamente ejecutadas, sobre la pista de baile de la Mega Carpa Casino en las fiestas de la Villa. Al momento recordamos la historia de aquella patinadora que después de lograr una brillante exhibición, al finalizar sus evoluciones, un violento traspié en la pista de hielo hizo notar al público que ella era completamente ciega.

La melodía surge de la fina trompeta, traída hace más de 40 años desde Cleveland, Ohio, por medio de la Casa Veerkam de México, magistralmente ejecutada por un hombre de porte elegante y sobrio, Horacio Naranjo Garibay, orgullo de colimenses y villalvarenses porque en la tierra del generalísimo se convirtió en elemento esencial de su tradición.

Horacio llegó a la Villa desde que tenía 14 años, acompañando a su padre, don Carlos Naranjo Villalobos, que tocaba en los recibimientos que entonces se hacían en la Presidencia Municipal, la orquesta se instalaba en el Salón Verde y los comensales en la cancha techada con palapas verdes que traían de Cuyutlán.

Desde entonces existe el precedente musical de dichos artistas, motivo por el cual cuando fue presidente municipal el bien recordado Gabriel León Polanco, se solicitó y se aprobó que el casino de los festejos que se instalaba donde hoy es la Casa de la Cultura, llevara el nombre del maestro Horacio. Me tocó ver la placa, pero a raíz de que fuese desmantelado la retiraron, esperando que en cuanto se construya el siguiente casino se instale de inmediato.

Hace algunos años, Horacio fue intervenido quirúrgicamente a corazón abierto, realmente una operación muy delicada de la que afortunadamente salió muy bien, con la condición médica de que no volviera a tocar la trompeta por el esfuerzo que representa, no lo hizo algunos meses, pero al siguiente año el maestro apareció con su elegante smoking al frente de sus profesores, interpretando los pasos dobles que tanto enaltecen a las fiestas charrotaurinas.

La afamada Orquesta se ha convertido en un emblema y orgullo para los colimenses, muchos deben saber que la Orquesta viaja por todo el centro y occidente del país para amenizar bailes públicos o privados de quienes reconocen la calidad de una agrupación única, remembranza de la época de las grandes orquestas del siglo pasado. De mi parte permítaseme agradecerle la atención que tuvo al arreglar en 3 días la canción de El Camaleón hace más de una década, y la icónica Me olvidé de vivir, de todos los años.

Son cientos de presentaciones de la Orquesta sobre todo en Jalisco y Michoacán, me ha tocado ver en Zamora y otros puntos cómo la gente se emociona cuando sabe que se van a presentar. Qué bueno que el Congreso del Estado le hiciera el reconocimiento hace unos meses, porque de verdad vale la pena reconocer al talentoso colimense y sobre todo en vida, porque seguramente es un recuerdo que el maestro se llevará hasta el cielo.

Me atrevo a proponer a la autoridad villalvarense que de momento la placa se coloque en un lugar público, en el Salón Verde que lo vio desde niño y en cuanto pase esta pandemia y termine el confinamiento, se le haga un homenaje póstumo para reconocer su trayectoria y su estrecha vinculación con nuestra población. Porque Horacio era un vecino honorable del barrio de La Salud, pero era nuestro Horacio y nuestra Orquesta, porque es elemento de nuestra tradición y tuvimos el cuidado de nunca más dejarlo ir. Horacio por tanto es villalvarense.

Su magia y talento permanecerán entre nosotros, el pueblo lo recordará siempre con ese impecable smoking, curveada la espalda, el pelo anaranjado y con su delicada trompeta traída desde Ohio cerrar su presentación con la pieza musical de siempre al sur de la frontera. Descanse en paz El Colorado.