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De ayer y de ahora



ROGELIO PORTILLO CEBALLOS

Tiempo familiar


Domingo 27 de Diciembre de 2020 1:12 pm


EL tiempo es un recurso escaso. No puede ser almacenado para después utilizarse. Tampoco puede intercambiarse ni reponerse. Cada quien tiene su propio tiempo. Como sea utilizado dependerá de cada persona. Cuando lo dejamos ir o lo desperdiciamos, jamás podremos recuperarlo. Una hora, un día o un año pueden pasar como un suspiro. A veces dejamos de ver a alguien un tiempo y cuando lo volvemos a ver resulta que han transcurrido años. ¡Pero si la última vez que lo vi era un niño y ahora mira qué grande es!, expresión referida al tiempo que transcurrió imperceptiblemente. Todo lo que realizamos en nuestra vida necesita de tiempo. Nacer, comer, platicar, jugar. Lo mismo para estudiar, trabajar, descansar.

El tiempo que le dedicas a algo o a alguien nos dice tus gustos, tus preferencias, tus prioridades. ¿A qué le dedicas la mayor parte de tu tiempo? ¿A trabajar?, ¿a divertirte?, ¿a ver televisión? ¿Cuánto tiempo le dedicas a tu esposa?, ¿a tu esposo?, ¿a tus hijos?, ¿a tu novio?, ¿a tus amigos?, ¿a tus padres? Las relaciones con los seres humanos que nos rodean requieren tiempo, momentos dedicados, atención y acompañamiento. Hoy quiero concentrarme en un tiempo que es hermoso, gratificante y que nos nutre afectivamente. Es el tiempo familiar.

Este tiempo es aquel que transcurre sin que nos demos cuenta cuando convivimos en familia. Es el tiempo del bebé cuando lo arrullan y lo bañan; es el de los niños pequeños cuando juegan, corren o hacen sus tareas; son aquellos momentos en que marido y mujer dialogan, se comunican, observan y conviven con sus hijos. Son todas aquellas horas o minutos en donde expresamos el afecto familiar de mil maneras: cuando colaboramos en los quehaceres hogareños o ayudamos en las tareas escolares; cuando dialogamos con hijos(as) adolescentes en los problemas que están viviendo; cuando enseñamos un nuevo juego a los nietos; cuando hojeamos conjuntamente un álbum fotográfico o de recuerdos y revivimos momentos inolvidables. También cuando asiste toda la familia a la graduación de uno de sus miembros o al cumpleaños o matrimonio de otro. Todas estas actividades demandan tiempo.

Para demostrar cariño y comprensión a alguien hay que dedicar tiempo a esa relación, y el tiempo compartido en familia es una forma concreta de demostrar amor. Lo que atenta contra esto es el estilo de vida actual, que implica largas jornadas laborales. Muchas veces mientras padre y madre trabajan, los niños y adolescentes se encuentran solos o mal acompañados; los hijos únicos experimentan lo mismo; también en ocasiones los hijos de madres solteras, de padres separados o divorciados.

El tiempo familiar es especialmente importante en situaciones críticas o difíciles, cuando hay problemas en casa o alguno de sus miembros está enfermo o discapacitado. En el mundo laboral actual imaginemos lo complicado que resulta para algunas personas obtener permisos para cuidar a un hijo enfermo. A todo esto se suma una sociedad marcada por el individualismo que muchas veces poco le importan las desventajas o sufrimientos de otros.

Es importante recordar que hay tiempos de convivencia familiar decisivos e indispensables que es necesario mantener. Esta convivencia podría ser la reunión familiar a la hora del desayuno, comida o cena. O estar con los hijos, cuando son pequeños, a la hora de dormir. Todos estos momentos o espacios sirven para estrechar los lazos familiares al demostrar en la práctica el amor a nuestros seres queridos.

Termino con una cita del libro El Emilio, de Juan Jacobo Rousseau: “El más eficaz antídoto contra las malas costumbres, es el atractivo de la vida doméstica, familiar; se torna grata la bulla de los niños que creen importuna, haciendo que el padre y la madre se necesiten más, se quieran más uno a otro, y estrechen entre ambos el lazo conyugal”.