Innovemos algo, ¡ya!
MARÍA EUGENIA GONZÁLEZ PEREYRA
Callados y guardados
Domingo 27 de Diciembre de 2020 12:16 pm
COMENZAR lo que sigue con entusiasmo siempre es agradable, los días previos al cierre de un ciclo suelen ser tiempos de recuentos, recuerdos y revisiones que nos llevan a concluir que cada día despertamos a una nueva oportunidad para hacer de la vida un nutritivo vivir; cada año cuenta como referente de experiencia o como un lapso de aprendizaje; lo importante es observar lo que nos ha dado y en qué nos ha fortalecido, ya que ser conscientes de nuestro estar es la clave para aprender y para elegir amar. Sin duda alguna y en un recuento generalizado, 2020 ha sido distinto a lo acostumbrado, tan distintito que se ha convertido en un parteaguas de muchas vidas; las redes sociales y los mensajes virtuales están llenos de quejas y reclamos; le cobran a un 2020 que ni maldad ni mala voluntad contiene por ser lo que simplemente es y lo que ya fue: un ciclo al que le tocó exponer fuertes experiencias de miedo, pérdidas y modificaciones en todos los ámbitos del ser. Un mover con cambios importantes. Los sistemas de creencias, económicos, políticos, sociales, familiares y las relaciones intrapersonales se han visto alcanzadas por la oportunidad en la adversidad. Sí, este 2020 puede mirarse como una oportunidad para mirar y reparar, año que con su difícil situación nos ha obligado a sacar del cajón del olvido, de ese rincón obscuro y olvidado, nuestros miedos, inseguridades y quebrantos, aquellos que debamos por escondidos y olvidados. Podríamos decir que tenemos la posibilidad de aprovechar esta cátedra que nos da la vida, podemos, si queremos, crecer, evolucionar y solucionar todos los fantasmas que estaban rezagados; ante nosotros está la posibilidad de componer cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros. Podemos hacer de la fe una acción consciente y adulta, confrontando la raquítica fe que habíamos permitido, podemos ahora mirar lo que sí es valioso y diferenciarlo; veníamos dándole más valor a lo adjunto y agradable que a lo vital y saludable; optábamos más por una comida chatarra que por una sana sólo por comodidad y sabor. ¡Nótalo!, las relaciones “free” y sin sustento no cubren los abrazos extrañados, más sí podríamos sentirnos abrazados por aquellas relaciones que se fundamentan en sólidos lazos de respeto y cuidado. Innovemos algo, ¡ya!, es un concepto que busca la introspección que nos lleve a optar por aquello que a nosotros nos es a bien, me refiero a que el bien del otro es mío y el mío es de él. Este año, a mi entender, es un maestro que nos ofrece la consciencia del hermano, del amigo y de la vida a dos; la bien acompañada, en donde si uno cae, el otro lo levanta. Si lo piensas, aceptarás que una vida “a mí única conveniencia” no siembra refugios y que sólo acercarse para tener refugio no es un techo. Estar a la disposición de servicio para el otro, gozar su gozo y querer abrazar sus penas, es lo que sí siembra amistades plenas; por geografía y por genética los primeros amigos son los hermanos y quienes nos acompañan en el camino, a veces son tan cercanos que se confunden con hermanos. Vivir es además de evolucionar, compartir lo que somos, tenemos y hacemos con ese alguien más; es invitar a los hermanos y amigos, a los padres y parientes al banquete de nuestra mesa confiando en que lo respetarán y resguardarán. Por eso, es tiempo de reaprender de la amistad y acercarnos en la adversidad como lo haríamos para celebrar y bailar. Cuidémonos unos de los otros, no bajemos la guardia y conectemos con la gratitud, incluso en la adversa e innegable pandemia. Retomar lo que sí es intimidad y cuidarnos ayudará a superar esta pandemia que un día pasará, hagamos, por favor, que este año haya valido la pena aun con nuestras perdidas y penas. Que sea este 2020 un feliz año viejo y que venga un mejor Año Nuevo. ¡Sí a la vida tal y como es! *Terapeuta psicoemocional innovemosalgoya@gmail.com
