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Malas compañías



MARIO ALBERTO SOLÍS ESPINOSA

La utopía de la fiscalización


Miércoles 21 de Julio de 2021 7:12 am


SIN órganos autónomos que garanticen la adecuada fiscalización de los recursos públicos ni un Poder Legislativo profesional y responsable, la rendición de cuentas en Colima es letra muerta, una mascarada que solamente se aplica en casos de venganza política o como moneda de cambio en la cúpula gubernamental.

En cambio, la impunidad de los malos funcionarios es norma en los casos de corrupción que se presentan en el estado, caso emblemático el del exgobernador Mario Anguiano Moreno, quien debe a las arcas públicas más de 500 millones de pesos y sin embargo parece intocable.

Más recientemente, el gobernador Ignacio Peralta Sánchez utilizó de manera indebida 200 millones del crédito de 410 millones de pesos contratado en 2018, según lo determinó el Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización (Osafig), al revisar la cuenta pública correspondiente a ese año.

Sin embargo, en ninguno de los dos casos existe una efectiva aplicación de la ley en materia de responsabilidades de los servidores públicos, aun cuando las dos últimas Legislaturas en el estado tuvieron una mayoría, en teoría, opositora al PRI, primero el PAN y luego Morena.

Actualmente, Ignacio Peralta ejerce un crédito de 740 millones de pesos sin ningún tipo de control ni supervisión por parte del Congreso del Estado; en esa dinámica indolente y cómplice, otra vez, por parte de los representantes populares, en unos meses podríamos estar hablando de un nuevo desfalco.

En ese círculo de impunidad el Osafig tiene un papel relevante, pues avanza con tal lentitud en la revisión de expedientes sobre posibles irregularidades, que en algunos casos ya fenecieron los plazos para la aplicación de juicios políticos o sanciones administrativas, un año en primer caso y tres en el segundo.

Son más de 3 mil 200 los expedientes de las cuentas públicas de 2017, 2018 y 2019 que siguen en investigación en el órgano fiscalizador, la instancia responsable de substanciar las anomalías en el uso de recursos públicos y presentar las denuncias correspondientes.

Incluso si resolviera un expediente al día, el órgano fiscalizador tardaría 8 años y 7 meses en abatir ese rezago que indirectamente torpedea la aplicación de la justicia, garantiza la impunidad de los malos funcionarios y perpetua el uso discrecional de los recursos públicos.

La cadena de omisiones no termina ahí; entre 2017 y 2019, el Osafig interpuso 45 denuncias ante la Fiscalía Especializada en el Combate a la Corrupción, por el probable uso ilegal de los presupuestos, sin embargo, nada se sabe sobre la actuación de esa dependencia procuradora de justicia.

No se conoce, desde su creación en 2018, una sentencia para castigar a algún funcionario que haya afectado la hacienda pública; tal parece que esa Fiscalía está de adorno y solamente es útil para acomodar personajes cercanos al grupo gobernante.

Así, en este páramo de opacidad y negligencia, todos se tapan con la misma cobija, la de la impunidad; los recursos públicos son utilizados a contentillo de quienes encabezan las instituciones y en esa dinámica de corrupción, pocas veces alcanza el dinero para atender las demandas sociales.

Lo deseable es que con la finalización del régimen priista, tras 90 años de dominar la política local, haya un cambio radical en la rendición de cuentas y la fiscalización de los recursos públicos, eso se espera de la gobernadora electa, Indira Vizcaíno Silva, así como de los próximos diputados locales, otra cosa sería un fracaso.


BREVE HISTORIA PARA CAMILA


La princesa está muy contenta con su cachorro; se ha mostrado responsable y dedicada en las tareas de limpieza y atención al can, llamado oficialmente Tiberius, a insistencia de su padre, pues ella quería ponerle Cedric, como un personaje de la célebre saga de magos. Los primeros días de la mascota han sido tranquilos, nos estamos adaptando, ya recibió sus primeras vacunas y el baño correspondiente, por cierto con aditamentos más caros que los que yo suelo utilizar, en fin, todo sea por la felicidad de la moconeta.