ALGO MÁS QUE PALABRAS
VÍCTOR CÓRCOBA HERRERO*
Renazca la certeza; florezca el amor
Jueves 02 de Enero de 2025 2:06 pm
AL inicio de un nuevo año, resulta esperanzador poder
elevar la mirada con el propósito de reorientarnos hacia un horizonte en calma,
con pulsaciones líricas y pausas silenciosas. Necesitamos atravesar la puerta del alma para reconocernos
y vernos, despojados de contiendas y restituidos de sueños. Atrás queda un año
de intentos y extensos conflictos, empedrado por un aluvión de crisis
humanitarias y desplazamientos sin precedentes. Esto nos ha dejado sin respiración, y lo que es peor, sin
confianza en nosotros mismos para poder salir de esta situación desesperada. La
humanidad ha perdido la visión del esfuerzo, y cuando se pierde lo verídico
deja de cohabitarnos, tomando posiciones privilegiadas la apariencia y la
falsedad, que sólo ofrecen vacío y vicios. No olvidemos que todos estamos necesitados de cuidados y de
asistencia. Esto nos exige reanimar nuestro fondo, tender puentes y tener
compasión, para que vuelva a renacer el pulso de la genealogía como perspectiva
y custodia de lo frágil, lo que requiere atención, escucha y ternura mutua.
Tampoco estamos aquí para matarnos unos a otros, sino para darnos vida. No hay
otra que aquella que brota del afecto, porque es la única que cura las heridas. También hemos nacido para ser libres, no esclavos de
nuestras propias torpezas, lo que debe impulsarnos a buscar la justicia
liberadora de lo auténtico sobre la tierra. Asimismo, cada uno de nosotros
hemos de sentirnos llamados a ser la voz de los sin voz; me refiero a esas
gentes sumidas en la opresión o explotadas por sus mismos análogos. Sin duda, hemos de regar los caminos de amor para que
prospere el amar sin esperar nada a cambio. Esta inhumanidad que nos circunda
por todos los rincones del planeta debe cesar cuanto antes, cuestión que no se
debe únicamente a la corrupción de algunos, sino que se ha consolidado y se
sostiene en un complot deshumanizante extendido, hasta el extremo de cambiar
nuestro ser activo por la pasividad cuando todo nos afecta a todos. Nada somos
sin espíritu cooperante. Necesitamos hacer hogar, crear vínculos fraternos, eximir
penas y comprometernos en sembrar alegría, para recrearnos en lo sistémico. Que
sepamos que no coexistimos por sí mismos, precisamos sentirnos cercanos los
humanos, con el alma del verso en los labios y no con los lenguajes de la
maldad que nos trituran la mística amorosa. Estamos, por consiguiente, para
servir; jamás para dominar, y mucho menos para cortarle las líricas alas del
aire a ningún ser. Nuestras entretelas, cada cual, desde su misión, son
pulsaciones armónicas que no pueden fragmentarse, porque destruirían la celeste
estrofa. Vuelvan los órganos en guardia a latir, regresemos todos a cultivar el
ánimo con el abrazo sincero, antes de que un algoritmo nos sustraiga la poesía
que todos llevamos mar adentro, con el poder de don dinero, haciéndonos
deudores de nuestra propia existencia, la que hemos recibido como don.
Hoy más que nunca, hace falta un cambio cultural. No
podemos continuar ignorando nuestros propios lazos naturales, ya que no sólo
nos necesitamos, también nos debemos los unos a los otros. Pensemos, una vez
más, que el futuro es nuestro, de nadie más. Los errores del pasado ahí están
como testimonio. Rectificar es de sabios; ¡hagámoslo, entonces!
