Juicios y perjuicios
CARLOS ALBERTO PÉREZ AGUILAR
Martes 07 de Enero de 2025 1:56 pm
TENGO muy arraigada la ley de la manada desde la infancia
al crecer con la ley scout, practicar futbol en el peor equipo de la liga
infantil, estudiar en la primaria y secundaria naval y después hacer equipo en
las selecciones de baloncesto. Toda mi vida he hecho equipo con muchas y muchas personas
tanto en empleos, formación educativa, deportiva, musical y, con modestia, me
reconozco como un ser sociable, por lo que estoy sumamente agradecido de que a
muchas de esas personas que Dios ha puesto en mi camino les pueda reconocer
como amigos y a muchos como familia. De todas las aventuras he podido distinguir a personas que
brillan por luz propia, que sobresalen y compiten por ir al frente; otras
personas que van detrás de una fila, en un espacio seguro, sin correr riesgos,
pero avanzando hasta llegar a las metas sin muchos líos; pero también observo
algunos más que a veces van atrás distraídos, otras al frente retando las
reglas y provocando cambios en los sistemas, generando evoluciones o
revoluciones. Siento que piso los tres peldaños o, más bien, puedo
correlacionarme libremente con los tres grupos porque he aprendido, a lo largo
del tiempo, que lo peor que puedo hacer es juzgar, procurando eliminar de toda
vinculación cualquier juicio que pueda provocar perjuicios en la percepción
sobre las otras personas. Generalmente las batallas más complejas entre personas
tienen que ver con no tratar de ver a las personas como objeto de juicio,
dejando de lado estereotipos que pudiera crear por mis experiencias pero que
nada tiene que ver con la realidad de otras personas. Eso, estoy seguro, es lo
que me ha abierto muchas puertas de la confianza. Dentro de los entornos laborales, estudiantiles,
profesionales debemos comenzar a ver a las personas como los seres humanos que
son, con una concepción única de su realidad, con experiencias, crecencias que
les hacen tomar decisiones que no pueden ser objeto de juicios o críticas, sólo
por percepciones superficiales que proyectan nuestros propios miedos en los
demás.
¿Usted tiene claro por qué su compañero o compañera de
trabajo no le cae bien?, ¿Se trata de un conflicto real o sólo una sugestión?,
¿Qué tanto estoy dispuesto estoy en aceptar a los demás sin un juicio sobre su
forma de pensar, sentir o ser? Estoy seguro que si antes de juzgar sólo
escucháramos, tendríamos entornos más armónicos y mejores resultados.
