LETRAS Y NÚMEROS
JOSÉ ÁNGEL BRAMBILA LEAL
Noroña: Descubriendo y paladeando el poder
Lunes 31 de Marzo de 2025 2:59 pm
EL presidente Zedillo firmó un acuerdo con los deudores de
la banca el 23 de julio de 1996, mientras Gerardo Fernández Noroña, rodeado de
10 mujeres hacía un sentón en la puerta de Palacio Nacional, por donde saldría
el presidente, con el propósito de que se detuviese y hablara con ellos. Cuando
la camioneta del presidente empezó a rodar, Noroña se tiró al piso, gritando
que quería hablar con él. De pronto, sintió una mano sobre su hombro y gritó
“no me toques”; “soy Zedillo”, le contestó el presidente, con la mano
extendida, levantándolo para hablar sobre el asunto. Zedillo le dio una cita,
pero nunca lo recibió. Ahí empezó la notoriedad de Noroña. Después de ese día,
volvió a tirarse a los pies del presidente, buscando que se detuviera y hablara
con él, por lo que Muñoz Ledo lo bautizó como “El señor de los suelos”. Noroña
encabezó protestas de los deudores de la banca, enfrentándose al propio
Zedillo, lo que le valió pasar unos días en la cárcel. Discutió fuertemente con
Pablo Gómez, quien no pudo con la capacidad expresiva de Noroña y, sobre todo,
con su agresividad. Discutió con Porfirio Muñoz Ledo, aunque con él tuvo que
reconocerle su jerarquía política. Y qué decir de aquel enfrentamiento con
Locho Morán en la Cámara de Diputados y los múltiples enfrentamientos que ha
tenido en las salas de los aeropuertos, etcétera. Hablar de Fernández Noroña es reconocer su tenacidad para
ocupar los cargos (entre muchos otros) de diputado federal y estar donde está
ahora, siendo el presidente de la mesa directiva del Senado de la República,
nada más y nada menos. Pero el Noroña despiadado, capaz de gritarle al
presidente del Congreso, a los secretarios y al propio presidente de la
República, hoy se encuentra maniatado, ocupando un cargo de muy alta jerarquía
y se ve obligado a rendir cuentas y a justificar su actuar, extrañando aquella
independencia individual, cuando no tenía que darle explicaciones a nadie. El cargo de presidente del Senado dura un año, concluyendo
el 1 de septiembre próximo, aunque podría ser reelecto. El asunto es que tal
vez prefiera recobrar su libertad y seguir, como senador, levantando la voz y
señalando con el dedo a los cretinos, canallas, cara dura, “paniaguados”,
falsos e hipócritas senadores que pretendan elevar la más mínima crítica contra
la compañera presidenta. El otro asunto es que hay voces que dicen que la presidenta
Sheinbaum preferiría verlo como embajador en la República de Mali o quizá en
las islas griegas, en sólo 5 meses más. Bien decía John F. Kennedy: “en el
pasado, aquellos que locamente buscaron el poder, cabalgando a lomo de un
tigre, acabaron dentro de él”. ¿Gusta opinar? Lo
espero en Las Mentadas.
