La discapacidad que no se ve, pero se siente
MARÍA GRACIELA TORRES MARTÍNEZ*
Viernes 13 de Junio de 2025 9:44 am
La discapacidad que no se ve, pero se siente MARÍA GRACIELA TORRES MARTÍNEZ EN Colima, como en muchas partes de México, cuando hablamos de discapacidad, casi siempre pensamos en lo físico: alguien en silla de ruedas, con baja visión o sin movilidad. Sin embargo, pocas veces reconocemos otras realidades que también afectan profundamente. En nuestra comunidad, aún se desconoce lo que significa vivir con una discapacidad psicosocial. Personas con depresión, ansiedad severa, trastorno bipolar o esquizofrenia enfrentan obstáculos cada día, no solo por su condición, sino porque muchos ni siquiera reconocen que esto también es una forma de discapacidad. Cuando algo no se comprende o no se nombra, es más fácil juzgarlo o ignorarlo. La definición legal en México establece que es la “limitación de las personas que presentan disfunciones temporales o permanentes de la mente para realizar una o más actividades cotidianas”. A esto debe añadirse que también enfrentan situaciones injustas, como discriminación, barreras emocionales y falta de apoyo. La OMS señala que una de cada cuatro personas enfrentará algún problema de salud mental a lo largo de su vida. Por ejemplo, la ansiedad puede afectar las actividades diarias, y la fobia social puede hacer que alguien evite lugares públicos, limitando su independencia. En las escuelas, es común que estudiantes con ansiedad o trastornos emocionales sean señalados como desinteresados cuando hay algo más profundo que afecta el aprendizaje y necesita ser apoyado. Por eso es importante que maestros y compañeros aprendan a ver más allá́ del comportamiento, con empatía y un ambiente seguro donde los estudiantes puedan expresarse y recibir apoyo. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de informarnos para poder empatizar, apoyar y actuar. No basta con reconocer el diagnóstico; se necesita colaboración para lograr que todas las personas puedan participar plenamente en la vida social. Esto es esencial para construir una comunidad más justa y humana. Cuando quienes viven con discapacidad psicosocial se integran a la vida diaria en la escuela, trabajo, o cualquier espacio, se reducen prejuicios y se promueve el respeto. Para lograrlo esto, se deberían realizar talleres, campañas y brindar herramientas, así́ como contar con hospitales o clínicas con personal capacitado y especializado que ofrezca atención integral y acompañamiento sin estigmas. La discapacidad psicosocial no es algo lejano; puede tocar a cualquiera. Si cada persona aporta, podemos hacer de nuestros espacios lugares más abiertos, donde hablar de salud mental sea natural y respetuoso. El cambio empieza con cada uno, al reconocer y valorar la diversidad humana.
