EL CENTINELA DEL AUTISMO
VÍCTOR MANUEL VILLALOBOS CHÁVEZ
¿Y sí para algunos, siempre es agosto?
Viernes 08 de Agosto de 2025 10:07 am
EL CENTINELA DEL AUTISMO ¿Y sí para algunos, siempre es agosto? VÍCTOR MANUEL VILLALOBOS CHÁVEZ* DICEN que agosto es el mes más melancólico del año. No tiene la efusividad de diciembre ni la renovación de enero ni la ligereza de abril. Agosto huele a tareas sin hacer, a ropa guardada, a rutinas que regresan. Es el recordatorio de que el verano acaba, pero el cambio nunca llegó, y que lo que parecía promesa se quedó en pausa, en paréntesis, en espera. En países como Japón o Reino Unido, se habla del august blues: ese estado anímico en el que la tristeza se arrastra con el calor, donde el tiempo se estira pero la motivación encoge. Es una nostalgia sin motivo aparente, pero con peso real, es una tristeza suave, casi imperceptible, que se cuela entre la cotidianidad. Pero lo más inquietante es que, para muchos, agosto no es un mes. Es una condición, un estado de vida. Para quienes viven con discapacidad (o acompañan a alguien que la vive) no hay verano que despeje la incertidumbre ni otoño que traiga orden. No hay estación que prometa tregua. La rutina, lejos de ser estructura, a veces es jaula. Las metas cotidianas, esas que para otros son simples, se vuelven maratones. Y la falta de apoyo, de accesibilidad, de respeto, agota más que cualquier clima. Para algunos no hay regreso a clases emocionante, sino el temor de un entorno que no los comprende. No hay veranos que marcaron la infancia, sino calendarios que repiten exclusión. No hay descansos, porque la lucha es constante. Y no hay nostalgia por lo que fue, sino por lo que aún no ha sido posible. La nostalgia que acompaña al august blues se vuelve, en este caso, estructural. Es la nostalgia por una vida que debería ser más justa. Más digna. Más empática. Más viva. Hay quienes viven en agosto permanente, en esa pausa larga, donde el cambio no llega, en donde la inclusión aún se platica en congresos, pero no se ejecuta en las calles, en donde se sigue confundiendo accesibilidad con caridad, y derechos con favores, también en donde cada logro parece heroísmo, porque la norma nunca estuvo diseñada para incluir. Quizá por eso, agosto duele; porque, sin darnos cuenta, se parece demasiado a la vida de quienes viven esperando: un poco más de justicia, un poco más de empatía, un poco más de humanidad. Es ese mes, y es ese estado, donde la espera se normaliza y la indiferencia se vuelve paisaje. Y lo más triste no es que existan agostos eternos. Lo más triste es que muchos ni siquiera se dan cuenta. *Director ejecutivo de Fundación Mexicana de Autismo TATO
