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¿Precaución o confusión?



DAYRA YISCEL GÓMEZ DÁVILA*


Viernes 08 de Agosto de 2025 10:04 am


¿Precaución o confusión?

DAYRA YISCEL GÓMEZ DÁVILA*


EL aroma es fuerte, breve, y para muchos jugadores, necesario. Las sales aromáticas e

inhalantes de amoníaco han estado presentes en la rutina de cientos de atletas en la National Football League (NFL) desde hace años.

Para algunos, son como un café expreso directo a las neuronas; para otros, una herramienta para “despertar” en medio de la batalla. ¿Por qué entonces, de pronto, se convirtieron en una sustancia prohibida?

La NFL anunció que, a partir de la temporada 2025, se prohíbe a los equipos suministrar cualquier forma de amoníaco durante los partidos. La medida, según la Liga, responde a una advertencia de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) y a recomendaciones de su Comité de Cabeza, Cuello y Columna, quienes advirtieron que su uso podría ocultar síntomas de una conmoción cerebral.

La intención parece razonable: proteger la salud neurológica de los jugadores. Pero el problema no es el qué, sino el cómo. El comunicado de la NFL resultó ambiguo. Al día siguiente, la Asociación de Jugadores (NFLPA) emitió otro mensaje, aclarando que los jugadores sí pueden seguir usándolos, aunque los equipos no pueden proporcionarlos. 

Una diferencia clave, pero que dejó al aire una pregunta: ¿están realmente protegidos los deportistas o solo se redistribuye la responsabilidad?

Mientras tanto, los jugadores no tardaron en alzar la voz. George Kittle habló de “angustia” y bromeó con la idea de retirarse. Baker Mayfield cuestionó directamente la lógica de la decisión.

Lavonte David y Spencer Brown insistieron en los beneficios personales de estas sales, comparándolas con café o bebidas energéticas. El malestar fue generalizado. Aquí se entrelazan dos discursos: el de la seguridad médica y el del derecho del jugador a controlar su preparación física y mental.

La NFL argumenta que las sales podrían enmascarar síntomas peligrosos, pero los jugadores ven en ellas un aliado inofensivo, parte de una rutina que no consideran riesgosa.

La raíz de la controversia está menos en el amoníaco y más en la forma en que se toman decisiones que afectan directamente a quienes están en el campo. La NFLPA admitió que no fue notificada del cambio antes de su publicación. Eso abre otro frente: ¿puede una política de seguridad ser legítima si no incluye a quienes debe proteger?

En un deporte con historial complejo sobre lesiones cerebrales, la prevención no es opcional. Pero tampoco lo es la claridad. La prohibición, más que una medida estricta, parece una invitación a la confusión: los equipos no pueden ofrecerlo, los jugadores sí pueden usarlo, pero nadie termina de entender quién vigila qué. La salud no debe entrar en discusión.

Pero la manera en que se cuida, sí. Porque en la NFL, hasta una bocanada puede oler a desconfianza.


*Periodista deportiva