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Ciencia, adaptación y legado genético



JUAN AUGUSTO HERNÁNDEZ RIVERA*


Jueves 30 de Octubre de 2025 1:32 pm


UNA muestra ejemplar del vínculo entre la ciencia, la naturaleza y la perseverancia humana, es la historia de los Ovinos Merino Isla Socorro (OMIS). Estos animales, descendientes de un antiguo linaje europeo, habitaron por más de un siglo la Isla Socorro, ubicada en el archipiélago de Revillagigedo, a unos cuantos kilómetros de las costas de Colima. Su origen y adaptación han despertado gran interés en la comunidad científica nacional e internacional.

En 1869, un grupo de colonos provenientes de Australia introdujo a la isla una población de ovinos Merino que, posteriormente, fue abandonada. A lo largo de los años, estos animales sobrevivieron en condiciones extremas, sin intervención humana, desarrollando rasgos de rusticidad y resistencia poco comunes. Sin embargo, en 2014 la población fue erradicada por motivos ecológicos, al considerarse una amenaza para la vegetación y la fauna endémica del lugar.

Gracias a una expedición científica encabezada por profesorado de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad de Colima, entre ellos el Dr. Carlos Enrique Izquierdo Espinal, se logró rescatar una pequeña población de cincuenta ejemplares puros. Actualmente sobreviven menos de cien individuos, entre OMIS puros y cruzados con ovinos de pelo, los cuales representan una valiosa reserva genética en riesgo de extinción.

El aislamiento geográfico durante más de ciento treinta y cinco años propició que estos animales desarrollaran adaptaciones únicas. Su capacidad de supervivencia en un ambiente tropical, con recursos limitados de agua dulce y alimento, revela una notable plasticidad fisiológica. En condiciones de calor y humedad elevadas, los OMIS han mostrado una frecuencia respiratoria menor y una temperatura corporal más estable que los ovinos de pelo, lo que indica una mayor tolerancia al estrés calórico.

Mediciones recientes registraron índices de temperatura-humedad (ITH) superiores a noventa unidades, valores que corresponden a un nivel de estrés calórico severo en los animales. Para entenderlo mejor, un ITH mayor a setenta unidades indica estrés calórico ligero; entre ochenta y dos y noventa y dos, moderado; y superior a noventa y dos, severo. Bajo estas condiciones extremas, los OMIS presentaron entre treinta y nueve y cuarenta y cinco respiraciones por minuto durante la mañana.

Otro hallazgo sobresaliente es su comportamiento reproductivo. Las ovejas OMIS presentan ciclos estrales continuos durante todo el año, con tasas de fertilidad superiores al 60 por ciento, a diferencia de los Merino tradicionales, que dependen de los cambios estacionales de luz. Convencionalmente, los ovinos de lana se reproducen durante el invierno, cuando las horas de luz son menores. Este rasgo podría aprovecharse en programas de mejoramiento genético y cruzamiento con razas de pelo, con el fin de obtener biotipos de mayor productividad.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha señalado que conservar las razas autóctonas es una prioridad mundial, ya que en ellas reside una parte esencial de la biodiversidad ganadera y de la seguridad alimentaria futura. Los OMIS, producto de un aislamiento prolongado y de una rigurosa selección natural, representan un recurso genético invaluable que merece protección, estudio y aprovechamiento responsable.

Más allá de su historia, estos ovinos simbolizan el equilibrio entre la ciencia y la conservación. Rescatar su legado no es solo una tarea académica, sino un acto de compromiso con la naturaleza, con la ganadería sustentable y con el conocimiento que da identidad al campo mexicano.

 

*Profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la U de C