EL CENTINELA DEL AUTISMO
VÍCTOR MANUEL VILLALOBOS CHÁVEZ
Columnas para incomodar
Viernes 31 de Octubre de 2025 1:33 pm
DESDE que empecé a escribir estas
columnas no busqué aplausos ni consensos fáciles. Mi intención ha sido otra:
mover la aguja, aunque duela; raspar la superficie del “todo bien” y señalar lo
que tantas veces preferimos no mirar. Quise (y quiero) cambiar la conversación
hacia una cultura de aceptación y respeto para las personas con autismo y
discapacidad. No adorno el tema: lo empujo. No lo suavizo: lo nombro. En estos textos he repetido una
idea incómoda: la empatía selectiva. Esa que se activa en campañas para la foto
y se apaga cuando hace falta presupuesto, tiempo o voluntad. La que dice “son
cinco minutos” mientras ocupa un cajón reservado. La que aplaude en un evento y
calla cuando el comité no sesiona, cuando un trámite se atora, cuando una
familia se queda sin terapia. También he discutido cómo medimos
mal el impacto: contamos “a cuántos” y esquivamos el “cómo”. La profundidad
importa más que el volumen. Una vida transformada no es una anécdota: es un
indicador. Pero eso incomoda, porque exige continuidad, no campañas; exige
constancia, no discursos. He propuesto otra palabra para
avanzar: compatía. No es solo sentir (empatía) ni solo conmoverse (compasión).
Es convertir ese sentir en estructura: diagnósticos oportunos, aulas
accesibles, transporte digno, empleo con apoyos, rutas claras para las familias.
La compatía no sube historias: sostiene historias. Sé que estas líneas, a veces,
molestan. Está bien. La incomodidad es un aviso: aquí hay algo que cambiar. Por
eso escribo afirmaciones cortas, punzantes, que me repito para no aflojar: La accesibilidad no es un favor: es
un derecho. Las listas de espera son una forma
elegante de abandono. Inclusión sin presupuesto es
propaganda. Si no hay diagnóstico temprano, no
hay proyecto de vida: hay sobrevivencia. Cuando el ego decide, los derechos
pagan la factura. He hablado de familias que recorren
kilómetros por una palabra nueva, de jóvenes que tocan puertas que no deberían
estar cerradas, de maestras y terapeutas que hacen milagros con lo mínimo.
También he señalado que las organizaciones no existimos para dar lástima ni
para suplir permanentemente al Estado; existimos para recordar que la dignidad
no se negocia y para insistir hasta que lo obvio suceda. Si estas columnas te incomodaron
alguna vez, funcionaron. Si te hicieron pensar antes de estacionarte “dos
minutos”, funcionaron. Si te empujaron a preguntar en tu empresa qué sí podemos
hacer (hoy, no mañana), funcionaron. Seguiré escribiendo con esta
brújula: menos aplauso, más cambio. Menos foto, más ruta. Menos discurso, más
trabajo real. Porque la aceptación y el respeto no se declaran: se construyen
todos los días, con decisiones pequeñas y coherentes. Esto lo hago por los que ya no
están, por los que están y por los que vendrán. Por la memoria que nos empuja,
por la presencia que nos sostiene y por el futuro que merece mejores decisiones
que nuestras excusas. Y si un día esto deja de incomodar,
será porque por fin nos movimos.
*Director
ejecutivo de Fundación Mexicana de Autismo TATO
