INNOVEMOS ALGO YA
MARÍA EUGENIA GONZÁLEZ PEREYRA
El mejor bien
Viernes 31 de Octubre de 2025 1:33 pm
MARTIN Luther King lo dijo con
claridad: “No me duelen los actos de la gente mala. Me duele la indiferencia de
la gente buena.” Hay algo profundamente perturbador en esa verdad. Cuando
señalamos al villano nos sentimos seguros. Pero cuando el espejo se voltea
hacia nosotros, hacia los que vimos y callamos, la herida se vuelve nuestra. No siempre se necesita levantar el
puño para quebrar un alma. A veces basta con mirar hacia el otro lado mientras
alguien se ahoga. La omisión es un fantasma que no deja huellas visibles pero
que destroza tanto como cualquier golpe. Es el abrazo que nunca dimos, la
palabra que nos tragamos cuando teníamos el poder de cambiar el rumbo de una
historia, es la denuncia que nunca hicimos. Nos gusta construir nuestra
identidad sobre lo que no hacemos; en esa lista de ausencias creemos encontrar
la bondad. Pero la vida no se mide por los males que evitamos, sino por el bien
que sembramos. La justicia no brota de la pasividad. El amor no se expresa en
el vacío de nuestros silencios. Y sin embargo, ahí seguimos cómodos, como si el
mundo no estuviera ardiendo. Porque lo que a otro daña sí es nuestro asunto,
aceptemos que no somos entes aislados y que entre el respeto por la libertad y
la colaboración del silencio cómodo hay distancias por considerar. Piensa en la mamá que protege el
delito de su hijo confundiendo amor con complicidad, envenenando el alma de
quien más ama. Piensa en todos nosotros encubriendo injusticias porque el
agresor sabe intimidar y hemos aprendido a mejor ni opinar. Por ejemplo, el racismo no se
sostuvo solo por los que odiaban, sino también por todos aquellos que ante la
injusticia cerraron sus cortinas. La opresión necesita espectadores. Gente
buena que elija su tranquilidad sobre la dignidad ajena. A menudo somos
nosotros, los que nos creemos decentes, quienes más daño causamos al elegir la
cobardía. Solemos asumir que estamos limpios porque nuestras manos no empuñaron
el arma; así la indiferencia baila con la violencia en una danza de egoísmos y
conveniencias donde el bien común es olvidado. Innovemos algo ¡Ya! No se trata de convertirnos en
salvadores. Se trata de atrevernos a ser humanos completos. De ofrecer ayuda
sin calcular qué ganamos, porque la bondad no es transacción. De activarnos,
aunque nos señalen. De hablar con una verdad firme y compasiva, que confronte
sin destruir, que ilumine sin quemar. Una verdad envuelta en esa trinidad
sagrada: amable en su forma, amorosa en su intención y efectiva en su
resultado. Recuerda dónde has sido espectador.
Llama a quien está luchando en silencio. Defiende a quien está siendo
aplastado. Denuncia porque es además un valor cívico cuidarnos entre nosotros.
Toma fuerza, respira profundo, y resiste para vencer el mal con el bien. Quizá la vida nos preguntará qué
hicimos cuando pudimos sumar bien a la vida ajena y ahí solo tendremos dos
respuestas: haber sido parte del problema con nuestro silencio, o parte de la
solución con nuestra valentía. Nos gusta construir nuestra
identidad sobre lo que no hacemos; en esa lista de ausencias creemos encontrar
la bondad. Pero la vida no se mide por los males que evitamos, sino por el bien
que sembramos. La justicia no brota de la pasividad. El amor no se expresa en
el vacío de nuestros silencios. Y sin embargo, ahí seguimos cómodos, como si el
mundo no estuviera ardiendo. Porque lo que a otro daña sí es nuestro asunto,
aceptemos que no somos entes aislados y que entre el respeto por la libertad y
la colaboración del silencio cómodo hay distancias por considerar.
innovemosalgoya@gmail.com
