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Fragmentación del contrato social



JOSÉ LUIS NEGRETE ÁVALOS


Jueves 06 de Noviembre de 2025 1:36 pm


LA construcción de ideales tiene como esencia la constancia del esfuerzo y la lucha. Son esos ideales los que conducen hacia una meta específica y, a la vez, orientan las acciones necesarias para alcanzarla, siempre en función del contexto y de las circunstancias que se presentan.

Constituyen la base sobre la cual los grupos sociales buscan conducirse para justificar y concretar, en la realidad, un objetivo común. Son ideales que surgen ante una necesidad particular, pero que, con el tiempo, se integran en un propósito colectivo mucho más amplio.

Un ejemplo claro es el ideal de democracia, presente a lo largo de la historia en diversas sociedades del mundo. Este ideal se refleja en la acción mediante la cual las decisiones de la mayoría definen el rumbo de una comunidad. Desde el origen mismo del término, la democracia expresa que el poder reside en la voluntad popular.

En ese ejercicio, los instrumentos de elección se utilizan con la intención de alcanzar consenso, lo cual remite directamente a la idea de Jean-Jacques Rousseau en su Contrato Social. En dicha obra, el autor plantea que los individuos entregan parte de su libertad al Estado, con el compromiso de que este garantice, mediante el Estado de Derecho, la protección y el bienestar de los ciudadanos. En otras palabras, quienes asumen el poder como representantes de la mayoría quedan obligados a salvaguardar de manera plena la libertad de las personas.

Sin embargo, surge inevitablemente una pregunta: ¿Qué sucede cuando las bases del contrato social parecen fragmentarse en los hechos, afectando la vida cotidiana del ciudadano que confía su libertad al Estado?

La respuesta exige observar el peso que tienen las normas y el entramado jurídico que los países construyen, tanto a nivel nacional como internacional, para proteger la libertad ciudadana, que describe precisamente, la idea de Estado de Derecho.

Así, el contrato social se fragmenta. En la vida diaria no logra concretarse el propósito de ese ideal, y su construcción se reemplaza por discursos que se repiten una y otra vez: argumentos, promesas y explicaciones que oscurecen la realidad. El acuerdo entre sociedad y representantes pierde su fuerza, y con ello se diluyen las intenciones originales de la voluntad popular.

La entrega de la libertad individual se reduce entonces a un concepto teórico, limitado en su aplicación y con escasa capacidad para operar dentro del Estado de Derecho. Las decisiones de los entes públicos, en muchos casos, se alejan de los principios que deberían guiarlas. De este modo, cuando el contrato social se fragmenta, surgen el rezago, la desconfianza y una creciente vulnerabilidad en la protección efectiva de la libertad ciudadana.