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Ella



MARÍA EUGENIA GONZÁLEZ PEREYRA


Viernes 21 de Noviembre de 2025 12:32 pm



PENSEMOS un poco en Ella. Esa mamá que hoy está criando a sus hijos prácticamente sola. Ella, que es parte de un sector social que pocas veces reconocemos y menos nos atrevemos a abrazar. Ese dolor callado, esa soledad recalcitrante que carga sobre su calma. A Ella solo se le permite respirar profundo y continuar, porque si no rema, la barca se hunde.

Ella no es solo la mujer sin pareja. También es la que vive con un hombre que no se hace cargo, ni en lo moral ni en lo emocional ni en lo económico. María Antonieta Barragán Lomelí, académica de la UNAM, documentó en su libro Hijos sí, maridos no, una verdad que duele: la crianza es en solitario, incluso cuando hay pareja.

Los números lo confirman. Tres de cada cuatro mujeres en México se encargan solas de las tareas del hogar y la crianza. Ellas hacen el triple de trabajo no remunerado que los hombres. Tres de cada diez hogares son encabezados por madres: 11.5 millones de familias donde Ella lo es todo. Sostén económico, sostén emocional, sostén de la vida misma.

Algunos hombres dicen ayudar pero lo hacen a regañadientes. Hay que rogarles, hay que pedirles, hay que buscarles el modo para que den migajas. Concibieron, sí, pero no acompañan la crianza. Y entonces Ella carga con todo: casa, aseo, comida, economía, educación, presencia, ternura, todo.

¿Por qué tenemos tanto estigma? "Mamá luchona", "mamá cuatro por cuatro". Entre bromas ofendemos, denigramos, como si estuviera bien que Ella sola tuviera que manejar absolutamente todo. Estar sola cala. En el trabajo le pagan menos porque saben que tiene necesidad. En la vida social hay quien se acerca con palabras bonitas, conoce ese silencio y lo usa. O se queda para esclavizarla, para hacerle el favor porque ya tenía hijos.

Yo hoy me pongo de pie y aplaudo a Ella. A la mujer que ha puesto cara a la vida, sonrisa al dolor, pecho a la adversidad y ternura al hablar. Esa soledad la va haciendo aparentemente dura, una cáscara gruesa pero llena de ternura por dentro. Sus hijos no deben sentirse culpables ni en deuda, sino orgullosos de todo ese amor convertido en trabajo, en transporte, en malabares para los pagos, y al final lograrlo.

Toda la sociedad es responsable de cuidar de Ella. Hemos de aprender a ampararla, dejar de juzgarla, de ofenderla, de usarla. Si tienes ombligo, has tenido madre. Y qué extraordinario sería que no lo hicieran tan solas, tan juzgadas, tan cargadas. La maternidad no debe ser una carga ni debe ser contada como tal. La maternidad es una bendición, una suerte, que debe ser celebrada y acompañada, no padecida en soledad.

Es fácil irse y venir cada dos semanas a decir "hola" y después hablar mal de mamá. Eso se tiene que acabar. Nos toca protegerla, reconocerla, sostenerla. Que Ella sepa que cuenta con una sociedad que a capa y espada la quiere rescatar de esa violencia social, emocional, psicológica y económica que la ha acompañado en silencio durante tanto tiempo.

Sigo de pie, sigo aplaudiendo. Gracias por no rendirte. Mi abrazo es para ti, que no te has rendido, y cuando tus hijos crecen está bien extrañarlos un poco, porque los has hecho grandes, fuertes, libres y autosuficientes. Ellos son el testimonio vivo de tu entrega, de tu amor inquebrantable, de esa fortaleza que construiste día a día, respiración a respiración. Innovemos algo ¡Ya!

 

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