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Capacidad de indignación



JULIA LICET JIMÉNEZ ANGULO


Lunes 24 de Noviembre de 2025 1:09 pm



LA capacidad de indignación nos impide normalizar la inseguridad, la violencia, la corrupción y la ineficacia del gobierno; sin ella, una sociedad deja de defenderse y empieza a resignarse.

Las marchas en todo el país del pasado 15 de noviembre, convocadas por la “Generación Z” y a las que se sumaron muchas organizaciones civiles y ciudadanos libres, dejaron claro que en México la capacidad de indignación sigue latente. Cuando miles de personas salen a las calles de manera pacífica para exigir paz, seguridad y un gobierno que escuche y actúe, no están “alterando el orden”: nos recuerdan que la democracia se sostiene en la participación ciudadana, no en la apatía.

Lo ocurrido en esas marchas (y la reacción oficial que intentó minimizarlas) confirma que nuestro país vive un momento de profunda indignación social y que nuestra responsabilidad como representantes populares, y sobre todo la del gobierno, es atender ese mensaje con seriedad, apertura y compromiso real con las causas que hoy resuenan en las plazas de todo el país. En lugar de descalificarlas con mentiras y manipulación ideológica o tratar de reventarlas con la irrupción de un “bloque negro” violento que generó descontrol y miedo (y que sirvió de pretexto para la intervención policial), las autoridades debieron proteger a los manifestantes. Esa intervención terminó golpeando a ciudadanos y periodistas totalmente ajenos a ese grupo de choque, además de provocar detenciones ilegales.

Aunque lo nieguen, hay videos que documentan el uso excesivo de la fuerza: policías golpeando con sus escudos, pateando a jóvenes ya sometidos, jalando a mujeres del cabello, lanzando piedras y tubos, y gaseando a manifestantes.

Por otra parte, fue evidente que en la marcha de la Ciudad de México hubo un operativo diseñado para inhibir la llegada de la ciudadanía al Zócalo. Ante el humo, los estruendos y las agresiones, muchos manifestantes decidieron regresar.

Protestar no es un delito. Mi admiración a las y los jóvenes valientes que están alzando la voz porque quieren vivir sin miedo, con seguridad y oportunidades. Lo que ocurrió el 15 de noviembre no se puede normalizar. Por ello, el día de mañana presentaremos una iniciativa de Ley de Protección a la Protesta Pacífica.

En estos tiempos de descalificaciones y trampas políticas, es indispensable que la ciudadanía organizada y los partidos de oposición no caigamos en la división que el gobierno busca sembrar. La fuerza de las marchas radicó precisamente en demostrar que el descontento social y la exigencia de un México más seguro, justo y democrático no tienen dueño, pero sí un rumbo común.

Si permitimos que nos fracturen, perderemos los canales de expresión y participación que aún sostienen nuestra vida pública. Por eso, hoy más que nunca, debemos caminar en sintonía (cada quien desde su trinchera, pero con un mismo propósito) para fortalecer el puente entre sociedad y oposición, y con ello recuperar el rumbo que el país merece.