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La historia siempre toma nota



VIRIDIANA VALENCIA*


Lunes 24 de Noviembre de 2025 1:10 pm


 

 

DURANTE 90 años, Colima vivió de cerca lo que significa la corrupción institucionalizada. Y no sólo porque gobernará el Partido Revolucionario Institucional, sino porque durante nueve décadas gobernadores pasaron, gobernadores se enriquecieron, gobernadores se burlaron del juicio popular y del voto colimense.

La historia reciente lo acredita. Desde 1997 a 2021, el gobierno se convirtió en una plataforma de enriquecimiento personal. Hoy vale la pena volver a mirar ese pasado reciente para entender por qué en el presente las cosas no pueden (ni deben) volver a ser como antes.

El caso del exgobernador Mario Anguiano no es una anécdota aislada; es el símbolo del modus operandi de los gobiernos priistas que durante décadas administraron al Estado como si fuera una caja sin fondo para su uso personal.

En 2018, el Congreso de Colima lo multó por más de 515 millones de pesos e inhabilitó para cargos públicos por catorce años. Hacia 2020, los tribunales confirmaron que hubo desvío de recursos públicos y dejaron firmes las sanciones.

Por más que lo diga, por más entrevistas a modo en los medios que son voceros del pasado, Mario Anguiano tiene claro que el embargo ejecutado por el Gobierno de la 4T no fue persecución política. Es un castigo por los actos que se niega a reconocer y por los que culpa a subalternos y al gobierno posterior de su propio partido.

Hoy, finalmente, el Gobierno del Estado ha iniciado la recuperación de parte de esos recursos mediante el embargo de un bien inmueble en Tinajas. Un primer paso, legal, moral y necesario para recordarnos que la política no es ni debería servir para el enriquecimiento de quienes servimos al pueblo.

Desde ahora, castigar a los corruptos debe convertirse en regla.

En esa coyuntura, sigue revisar el legado de José Ignacio Peralta, otro gobierno priista marcado por la opacidad, el endeudamiento y la simulación. Un gobierno que, mientras endeudaba a Colima, mantenía un discurso público de éxito administrativo y estabilidad económica. Mucho se presumió de logros nacionales y poco se habló de la realidad que reflejaban las cuentas públicas, el crecimiento de la pobreza y la desigualdad.

En su administración, se consolidó el patrón que había iniciado con Mario Anguiano: decisiones públicas orientadas a intereses privados, contratos para los amigos, padrón de proveedores lleno de compadres, nóminas abiertas como pistas de aviación y un dispendio que acabó con una deuda que hoy parece olvidada, pero que también reclama el ejercicio de la justicia.

Pero entre todo eso, los gobiernos del PRI sembraron una semilla en la que lo más grave no fue únicamente el daño económico, sino el daño moral. Ese deterioro ético dejó cicatrices profundas en la vida democrática de Colima.

Hoy, con otra forma de hacer gobierno, se ha decidido romper con esa inercia. Recuperar la confianza ciudadana implica demostrar, con hechos, que el poder público puede ejercerse con honestidad.

Esto no es sólo un tema del pasado: también es una advertencia y un recordatorio. En Colima aún hay actores políticos y mediáticos que siguen intentando minimizar, relativizar o incluso justificar aquellas prácticas priistas.

Los vemos hoy atacar, criticar, desinformar y tratar de recuperar su influencia. Su narrativa es simple: “no exageren”, “fue hace mucho”, “todos son iguales”. Pero no, no todas y todos somos iguales.

En los gobiernos transformadores tenemos un horizonte distinto: atender a quienes nunca fueron prioridad para aquellos gobiernos, invertir en bienestar social en lugar de inflar nóminas doradas, destinar recursos a la comunidad y no a los bolsillos de unos cuantos. La historia siempre toma nota.

 

*Secretaria de Bienestar, Inclusión Social y Mujeres del Gobierno del Estado de Colima