ALGO MÁS QUE PALABRAS
VÍCTOR CÓRCOBA HERRERO*
El futuro en juego
Jueves 27 de Noviembre de 2025 10:29 am
EL futuro
es algo que está por hacer, siempre lo ha estado; y así, en cada aurora, se nos
presenta abierto a nuestros propósitos. En consecuencia, la obligación de cada
ciudadano no es profetizar el mal ante el aluvión de preocupaciones que se nos
presentan en el camino a diario, sino más bien pelear por un mundo más humano y
mejor. Esta es la verdadera valentía, el valor de la lucha, que nos lleva a ir
más allá de una existencia tranquila, al menos para no dejar que la vida de los
pueblos se reduzca a un juego de los poderosos. Sin duda, hoy más que nunca
tiene que prevalecer el diálogo y la cooperación, el entendimiento entre sí,
comenzando por una alianza global que contribuya a mantener un nuevo orden
estético en el centro de la vida pública. En
efecto, los derechos humanos nos conciernen a todos y son para todos. Por
tanto, debemos asegurarnos de que guíen las decisiones determinantes de nuestro
porvenir. Sin duda, las decisiones deben recaer en nosotros, manteniendo el
control afable sobre el uso de la fuerza, creando marcos normativos globales
coherentes, protegiendo la identidad y la integridad del ser con el estar, así
como la información, cerrando la brecha de capacidad en materia de inteligencia
artificial entre los países ricos y los pobres. Todo debe quedar en manos de
los seres pensantes, no de las máquinas. Lógicamente,
el mañana es mucho más de los corazones que de las mentes. Nuestro gran
sustento pendiente de ser llevado a buen término es hacer realidad la sana
conjugación del amor de amar amor, que es lo que nos enternece y nos colma de
eternidad. Reitero, pues, mi esperanza: que los rápidos avances de la ciencia y
la tecnología no impidan el deplorable empleo de armas de todo tipo; justo en
este año, en el que se conmemora el centenario del Protocolo de Ginebra de
1925. Hace un siglo, tras ser testigo de las terribles y temibles consecuencias
de las armas químicas utilizadas durante la Primera Guerra Mundial, la
comunidad internacional se unió para prohibir que se emplearan como instrumento
de absurdas contiendas. Luego,
si hay individuos que quieren dividir y crear enfrentamientos, nosotros creemos
en la importancia de caminar unidos por la paz, unos con otros, pero jamás unos
contra otros. Sinceramente, nos necesitamos entre sí.
Sea como
fuere, lo venidero tiene que resplandecer en sanación; no podemos continuar
enfermos de dejadez y olvido, precisamos del acercamiento de latidos para
participar en el cultivo de sueños para lo que está por llegar, lo que nos
llama a una implicación distintiva y comunitaria. Activar ese calor de hogar va
a ser vital tanto para reencontrarnos como para conciliar la reconciliación,
estar a la altura de los vínculos y salir de las polarizaciones, que nos
deshumanizan por completo, impidiendo afrontar los desafíos. De lo contrario,
condenaríamos a la humanidad a un futuro sin anhelos, en el caso de que
quitáramos a alguien la capacidad de decidir por sí mismo y por sus vidas,
condenándola a depender de lo material. Pondríamos en entredicho la misma dignidad
humana.
