Calor, ciencia y fertilidad porcina
JUAN AUGUSTO HERNÁNDEZ RIVERA*
Jueves 27 de Noviembre de 2025 10:34 am
LA
porcicultura es una actividad esencial para la alimentación nacional, pero hoy
enfrenta nuevos retos derivados del aumento de las temperaturas. En regiones tropicales como Colima, el calor intenso del
verano plantea una pregunta necesaria: ¿cómo responden las cerdas reproductoras
a un ambiente cada vez más caluroso y qué implicaciones tiene esto para su
productividad? La respuesta no solo depende de la alimentación o la
genética, sino también de la capacidad del animal para regular su temperatura
cuando el clima supera sus límites fisiológicos. A
diferencia de otras especies domésticas, los cerdos no cuentan con glándulas
sudoríparas funcionales, y su capacidad de disipar calor depende, en gran
medida, del jadeo y del intercambio térmico a través de la piel. Cuando el
ambiente es muy caluroso, estos mecanismos se vuelven insuficientes y aparecen
señales de estrés calórico que afectan directamente el bienestar y la
eficiencia reproductiva. En este contexto, la temperatura de la piel se
convierte en un indicador útil para entender la forma en que las cerdas se
adaptan al calor estacional. Con
ese propósito, analizamos a cerdas F1 (York × Landrace) durante el verano e
invierno en condiciones tropicales, registrando la temperatura cutánea con
termómetros infrarrojos digitales en zonas clave como lomo, cuello, flanco y
grupa. Esta herramienta sencilla permitió observar variaciones importantes
entre las dos estaciones del año y entender cómo el calor modifica la
fisiología del animal. Durante
el verano, se detectó un incremento generalizado en la temperatura de la piel,
sobre todo en áreas donde el flujo sanguíneo superficial es mayor. Este aumento
es una respuesta natural para liberar el calor corporal hacia el exterior; sin
embargo, cuando las temperaturas ambientales rebasan cierto umbral, el
mecanismo se satura y se establece el estrés calórico. En estas condiciones,
las cerdas tienden a reducir su consumo de alimento, disminuyendo la energía
disponible para los procesos reproductivos. También pueden presentarse
alteraciones hormonales que afectan la ovulación, la implantación embrionaria y
la viabilidad de la camada, generando tasas de parición más bajas en los meses
más calurosos. En
contraste, durante el invierno, las temperaturas cutáneas fueron más bajas y
estables, reflejando un ambiente más favorable para el desempeño reproductivo.
Esta diferencia entre estaciones subraya la importancia de vigilar parámetros
térmicos e implementar medidas de manejo que reduzcan el impacto del calor
sobre los animales en producción. Los
resultados obtenidos permiten reflexionar sobre la necesidad de fortalecer las
prácticas de manejo ambiental en las granjas ubicadas en climas cálidos. La
ventilación, el uso de sombras, los sistemas de enfriamiento y la programación
adecuada de la alimentación e inseminación pueden mejorar significativamente el
bienestar y la eficiencia reproductiva de las hembras. Frente
a un clima cada vez más variable, la medición de la temperatura de la piel
ofrece información precisa para tomar decisiones oportunas dentro de los
sistemas de producción porcina. Comprender cómo responden las cerdas al calor
no solo ayuda a mejorar su bienestar, sino que contribuye a sostener la
productividad y la sostenibilidad de una actividad que es parte fundamental de
la vida rural y del abastecimiento alimentario del país.
*Profesor
de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la U de C
