EL CENTILENA DEL AUTISMO
VÍCTOR MANUEL VILLALOBOS CHÁVEZ
¿Y la inclusión, dónde estaba sentada?
Viernes 28 de Noviembre de 2025 12:21 pm
ESTUVIMOS presentes, como
Fundación TATO, en el Cuarto Informe de Gobierno de la gobernadora Indira
Vizcaíno. Entre el público, reconocí algunas caras conocidas: la Junta de
Asistencia Privada, Banco de Alimentos, Asociación Manzanillense de Apoyo a
Sordos, Inclusión un Mundo Posible, La Casa de Socorrito, AMANC y unas cuantas
organizaciones más. Y subrayo: unas cuantas.
Muy pocas en comparación con todas las asociaciones civiles que existimos en
Colima y que, todos los días, atendemos a personas con discapacidad, adultos
mayores, niñas, niños, jóvenes en vulnerabilidad, familias rotas, adicciones,
salud mental y un largo etcétera que el discurso oficial rara vez dimensiona
completo. Lo entiendo: ir a un
informe puede parecer monótono, aburrido, predecible. Muchas personas piensan:
“Van a decir lo mismo de siempre”, “yo mejor sigo trabajando en lo mío”, “¿Para
qué voy, si de todos modos no nos toman en cuenta?”. Pero aquí es donde quiero
ser muy claro, aunque incomode: no podemos hablar de inclusión desde afuera de
los espacios donde se toman decisiones. Si decimos que queremos
ser escuchados, pero no estamos presentes; si exigimos ser tomados en cuenta,
pero dejamos vacías las sillas; si reclamamos que no se menciona a las
asociaciones, pero no acudimos cuando se rinden cuentas, entonces algo no está
cuadrando. ¿Por qué somos tan pocos
cuando hay que estar presentes? Si decimos que “somos muchos”, ¿por qué casi
nunca se nota en estos espacios? Luego nos sorprende (e incluso nos indigna)
que la discapacidad y las causas sociales no aparezcan como prioridad, pero
irónicamente damos el mensaje perfecto para que nos minimicen: si casi no nos
ven, asumen que no urgimos; y casi les dejamos servido el argumento: “si no
vienen, es que todo está bien; si no reclaman, será que no hay problema”. Esta columna no es para
aplaudir a un partido ni para golpear a otro. Ser apartidista, para quienes
trabajamos causas sociales, significa algo mucho más serio: nuestras luchas no
se visten de color partidista, porque la dignidad no se pinta del color de una
campaña. Las personas con autismo
no distinguen entre siglas ni colores políticos. Las personas con discapacidad
no votan pensando en quién les tomará la mejor foto el 3 de diciembre o el 2 de
abril. Viven en un Estado que, sin importar quién gobierne, tiene la obligación
de garantizar sus derechos. Por eso, cuando hay un
informe de gobierno, no solo se trata de ver un evento político. Se trata de: 1. Escuchar qué se está diciendo (y
qué no se está diciendo) sobre los sectores que atendemos. 2. Tomar nota de las promesas y de
las omisiones. 3. Aprovechar los encuentros, los
pasillos, los saludos, para recordar que existimos y que tenemos propuestas y
resultados. Si las OSC no estamos
ahí, el mensaje que se lee es sencillo: “no vinieron, no insisten, no
presionan; por lo tanto, no urge”. Y eso es peligrosísimo para las causas que
decimos defender. Yo no defiendo un gobierno ni una oposición. Defiendo algo
más sencillo y, a la vez, más profundo: la coherencia. No podemos pedir
inclusión desde la ausencia. No podemos exigir participación sin participar. Y
de nada sirve polarizar, dividirnos por ideologías o banderas, si al final del
día seguimos sin garantizar lo básico: respeto, acceso, inclusión y vida digna. Tenemos la
responsabilidad de ocupar los espacios donde se informa, se debate y se define
el rumbo. Quizá la próxima vez que
haya un informe (municipal, estatal o federal) valga la pena hacernos una pregunta
incómoda, pero necesaria: ¿Desde dónde quiero transformar la realidad: desde el
reclamo a distancia o desde la presencia que incomoda, observa y exige de
frente?
*Director Ejecutivo de Fundación Mexicana de
Autismo TATO
