PUNTO CENIT
MAYRA EDITH MARTÍNEZ
Una semilla puede hacerlo
Viernes 28 de Noviembre de 2025 12:15 pm
EL
mundo se viste de naranja cada 25 de noviembre. Las calles, las instituciones,
las redes sociales: todo se ilumina con un color que simboliza esperanza, pero
también una herida que no termina de cerrar. Ese día, como cada año, alzamos la
voz para recordar a quienes ya no están y para acompañar a quienes siguen
luchando contra la violencia. Pero,
mientras observo ese mar naranja, no puedo evitar preguntarme algo que quizá
incomoda: ¿de qué sirve repetir un ritual si olvidamos sembrar el cambio desde
la raíz? En
México, los datos golpean como un portazo: según la ENDIREH del Inegi, siete de
cada diez mujeres ha vivido algún tipo de violencia. Y, mientras escribo esto,
pienso en rostros, no en cifras. En amigas, en vecinas, en historias truncadas.
El Secretariado Ejecutivo registra, en promedio, diez feminicidios al día. Diez
familias que, cada veinticuatro horas, tienen que aprender a vivir con un
silencio que duele. A
veces, creemos que la violencia empieza en su expresión más brutal, pero no es
así. La violencia comienza mucho antes: en el chiste “inofensivo”, en el
comentario que controla, en los celos disfrazados de amor. Son pequeñas grietas
que, si no se atienden, terminan por convertirse en fracturas profundas. Por
eso, la verdadera transformación no se fragua en los juzgados, sino en lo
cotidiano: en esas conversaciones en la mesa, en los patios de las escuelas, en
la manera en que educamos a nuestras hijas e hijos, en la prevención. Y
la prevención, lo he aprendido con los años, no es un concepto abstracto; son
acciones pequeñas que, juntas, construyen un muro poderoso contra la violencia. Recuerdo
a una maestra de primaria que me marcó profundamente. Era una mujer firme, pero
con cierta dulzura, de esas que nacen de la convicción. Un día, un niño se
burló del llanto de una compañera. Ella detuvo la clase y dijo con voz suave
pero firme: “Aquí nadie ridiculiza la emoción de nadie. Quien aprende a
respetar los sentimientos, aprende a respetar la vida”. Yo
era muy pequeña, pero esa frase se me quedó grabada. Y hoy, tantos años
después, entiendo que eso era Cultura de Paz en su forma más pura: educar para
la igualdad, para la empatía, para la convivencia. Esa
educación con igualdad entre hombres y mujeres donde nadie es más ni menos en
sus derechos. Esa comunicación asertiva que enseña a hablar sin herir y a
escuchar sin juzgar. Esa crianza respetuosa que evita que la violencia se
herede, rompiendo con ese ciclo generacional que la perpetúa. Sé
que el problema es enorme, pero también sé que prevenir no es una tarea ajena e
institucional. La prevención es profundamente personal. Es el padre que le
enseña a su hijo que las niñas no son menos. Es la amiga que acompaña sin
culpar. Es el maestro que abre espacios para hablar de igualdad. Es el
empleador que no tolera el acoso. Es la comunidad que se vuelve refugio. En
el marco del 25 de noviembre quiero invitarte a una reflexión: ¿qué estás
haciendo tú, hoy, para sembrar paz? Porque tener un México libre de violencia
no será posible solo por leyes o decretos; se construye en el accionar, en la
cotidianidad, con cada palabra que edifica en lugar de destruir, con cada acto
que evita que otra mujer se convierta en estadística. Las semillas ya las
tenemos. Nos toca sembrarlas. Actuemos hoy antes de que otra vida se apague. Desde
Punto Cenit, abrazo a todas las mujeres que resisten y a todas las personas que
están construyendo, desde su trinchera, un país más justo. Recuerda que la paz
empieza con nosotros mismos y crece con cada semilla que sembramos.
*Directora del Instituto Municipal para la Paz
Intrafamiliar
