La Ciudad que se oscurece
VIRIDIANA VALENCIA*
Lunes 01 de Diciembre de 2025 9:33 am
EN el estado de Colima hay
ciudades que se iluminan y otras que se apagan. La capital parece ir en la
segunda dirección. Y no por falta de brillo de su gente (ese lo sigue teniendo),
sino por una extraña habilidad del Ayuntamiento de Riult Rivera para convertir
el presupuesto público en sombra, en calles en penumbras, en parques
abandonados, en vialidades llenas de baches… y ahora en un gobierno quebrado. Tres créditos en un año… uno
por treinta y cinco millones, otro por cincuenta y cinco y uno más por 32.5 para
adelantar recursos de obra pública, y uno podría preguntarse: ¿en dónde está
ese dinero? Si las calles están peor, si no hay más obra pública ni mejoran las
avenidas, si no hay apoyos a la gente que más lo necesita, si no hay impulso
real a la inversión o apoyos a las y los pequeños emprendedores. Cuando un gobierno usa el
endeudamiento como un mecanismo para sostener su gasto rutinario, algo profundo
está fallando: se gasta de más en lo que menos se debe. Y eso siempre tiene
solo un responsable. Aunque seamos todas y todos los ciudadanos los que terminemos
pagando las cuentas del desorden. Y eso que aquí, en la
capital, el alcalde y sus corifeos dicen siempre que “todo está en orden”, como
si pronunciando y repitiendo la frase con suficiente frecuencia y espontaneidad
pudiera convertirse en verdad. Pero los gobiernos de la
4T nos han enseñado algo distinto: que el dinero público es sagrado, que la
austeridad no es un adorno ni recurso retórico, sino un principio moral: el
dinero del Pueblo es sagrado. Aquí, en Colima capital,
ocurre lo contrario: donde debería haber inversión hay una nómina inflada, con
amigas y amigos del alcalde, de esos que pululan en las pistas de aviación;
donde debería haber calles pavimentadas, hay anuncios de obras que nunca suceden;
donde debería haber obra pública, hay asesores que ganan más de ochenta mil
pesos al mes. Mientras tanto, en la Otra
Colima que el alcalde no ve, hay parques que envejecen, luminarias que se
apagan, colonias que esperan y esperan a que el gobierno municipal regrese al
territorio que abandonó para habitar la comodidad de sus propias oficinas. En la misma sesión de
Cabildo en la que se autorizó el nuevo crédito de cincuenta y cinco millones de
pesos al alcalde, la Síndico reconoció los malos manejos de la administración
municipal: el exceso de gastos accesorios, el aumento indiscriminado en la
nómina del Ayuntamiento, el despilfarro en fiestas, pachangas y actividades
sociales, como si ese fuera el vocacionamiento del Municipio. Ese jueves negro se
reconoció lo que todos sabemos ya en Colima: el Ayuntamiento de Riult tiene
“insuficiencia de liquidez”, según sus propias palabras… lo que significa que
está en quiebra, que no han sabido administrar y que, como hacen siempre los
gobiernos del PRIAN, han llevado al límite de la irresponsabilidad el uso del
dinero público. “No nos alcanza para los
de abajo porque arriba somos demasiados”, así podríamos resumir el hecho de que
la nómina municipal de confianza haya crecido más de 150 por ciento. En la ciudad de Colima
vivimos la antítesis de la transformación: este gobierno municipal multiplica
los privilegios de sus altos funcionarios, esconde el destino del gasto público
y posterga las responsabilidades de su administración con la clase trabajadora. Lo más irónico es que
Colima no exige milagros: pide servicios básicos, coherencia y respeto. Pide
que, si se endeuda, sea para construir algo, no para mantener una estructura
administrativa que se expande como hiedra sobre el dinero de la gente. Pide que
se administre con cabeza y corazón, no con chequera a costa del pueblo. El tiempo pondrá a cada
quien frente a sus obras… o frente a sus omisiones.
*Secretaria de Bienestar,
Inclusión Social y Mujeres del Gobierno del Estado de Colima
